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tantes de Santiago por el bando pregonado a consecuencia de la real órden precedente debió ser grande, porque en aquella época eran mui pocos los que sabian frances; de manera que una obra escrita en esta lengua estaba prohibida por si sola. Alej ados los colonos de todo trato con estranjeros, i no pudiendo casi leer otros libros que los de devocion que les enviaba el monasterio del Escorial, la posesion de otro idioma que el paterno les era inútil. Así en Chile eran sumamente contados los que medio entendian uno distinto del castellano, hasta el estremo que el gobierno tuvo que valerse en ocasiones de un desertor de buque para ponerse al habla con las naves estranjeras que arribaban al‘país, i cuya procedencia e intenciones era necesario conocer. De esto resultaba que los libros censurados debian parecer a los chilenos la abominacion de las abominaciones por la doble í poderosa razon de que no comprendian ni sus títulos, i de que se les condenaba con tanto estrépito.

X.

El mismo rigor con que se perseguía a ciertos libros, uno por uno, puede decirse, se empleaba, como era lójico, contra las pinturas o emblemas alusivos a doctrinas o proyectos que se reputaban peligrosos o funestos para el réjimen existente.

He hablado en otro capítulo de la espulsion de los jesuitas. Como esta órden habia sido mui poderosa, i dejado, tanto en el nuevo, como en el antiguo continente, todo jénero de relaciones en los lugares donde habia estado establecida, algunos de sus adeptos, no perdiendo la esperanza de verla restaurada, se empeñaban por encender en el pueblo el odio contra sus perseguidores por medio de la dístribucion de estampas alusivas, destinadas para producir efecto en las imajinaciones.

Con este propósito esparcieron, entre otras, “en la ciudad de Barcelona, crecido número de ejemplares de._una estampa satírica bajo el título de San Ignacio de Loyola (es el rei quien habla) con varias inscripciones acercade la espulsion de los regulares que se llamaron de la Compañía, diríjidas todas a aumentar el fanatismo i a fascinar los pueblos, abusando de los testos de la escritura santa, ofendiendo las justas resoluciones de los soberanos, titulando odio ipersecucion a lo que ha sido justa i necesaria iprovidencia.”

A consecuencia de este incidente, el rei espidió en San Ildefonso el 3 de octubre de 1769, una cé: dula que hizo estensiva mas particularmente a la América por otra de 20 de diciembre de aquel año.

En ellas ordenaba a todas las autoridades que “celasen con el mayor desvelo sobre las estampas que se vendiesen; i que hicieran saber a todos los impresores, libreros í tenderos no imprimiesen, vendiesen, pidiesen de fuera, ni tuviesen en su poder estampa alguna alusiva a la espulsion o regreso de los regulares de la Compañía, pena de muerte i confiscacion de bienes; i que diesen aviso a las j usticias de si otros las tenían o vendian, o se las habian vendido, en la intelijenoia de que si lo ocultaran, serían igualmente castigados.”

“Ordeno i mando, continuaba diciendo el rei, que esta providencia se estienda a mis dominios de Indias, donde es mas precisa por ser mas fácil la íntroduccion de dichas estampas, rejístrándose con el mayor esmero en los puertos si entre los jéneros i libros que vayan a aquellos dominios, o vengan a éstos, se hallan algunas estampas alusi

vas a lo referido, para evitar se esparzan o estiendan con tanto riesgo de la tranquilidad”.

A pesar de mandato tan conminatorio, lograron introducir en Chile una de las estampas jesuíticas; pero si los amigos de la estinguida Compañía eran tenaces en sus maquinaciones, el gobierno peninsular las observaba i procuraba desbaratarlas con una vijilancia infatigable, de todos los dias, que jamas se adormecia.

XJÏ.

Ei hecho documentado que paso a referir agre— gará a las ya mencionadas, una nueva prueba de ‘la inspeccion constante i minuciosa que la metró— poli ejercia sobre sus colonias.

“Se ha vendido públicamente iesparcido en Roma una estampa del Juicio Universal de cerca de vara i media de alto, i una de ancho, con un rótulo en la parte superior, i otro, en la inferior, en lengua latinai castellana, que dicen: el superior, El Juicio Uuiocrsai; i el inferior, Considera, o pecador, los tormentos de los malos en el diu del Juicio Uwi‘ecr‘sal. Em paraje mui injurioso a el Rei i a la N acion, está colocado el escudo de España, i debajo de él, el augusto nombre de Su Majestad don Cárlos III, rei católico de España, siendo de notar que en toda la estampa noehai mas escudo, ni nom—bre de otro soberano.—Segun noticias, se intentaenviar a esos dominios porcion de las‘ estampas referidas; i es mui factible que se hayan remitido a otros puertos de América con el‘ perverso i maldito fin de estender tan sacrilega sátira; en cuya intelijencia prevengo a Vuestra Señoría, de órden del Reí, tenga el mayor cuidado en hacer rcjistrar exactamente cuántos fardos i paquetes de estam—. pas lleguen a ese reino; i que haga Vuestra Señoria las mas esquisitas dilijencias para averiguar si se ha introducido alguna en esos dominios, en cuyo caso dispondrá Vuestra Señoría se quemen to— das inmediatamente, tomando noticias de las personas que las dirijen, i a quiénes, i avisará lo que ocurra con la mayor puntualidadi reserva. Dios guarde a Vuestra Señoría muchos años—Aranjuez, 14 de mayo de 17 72.—El baili0 frei don Julian de Arriaga—Señor Presidente de Chile.”

El gobernador de este país, que era a la sazon don Francisco Javier de Moráles, apénas recibió esta real órden en octubre de aquel año, cuando intimó por bando solemne, publicado en Santiago i las otras ciudades, que todo individuo que tuviese algun ejemplar de tan infame estampa se la entregara sin la menor dilacion, i que el que supiera que álguien la tenia se apresurase a denunciar el hecho,” reservándose el gobernador en conclusion espedir las demasprovidencias convenientes a reparar tan horrendo e inaudito sacrilejio para que no se propagase la injuria al Rei i a la Nacion en estos dominios.”

Inmediatamente despucs de la publicacion de este bando, el comerciante don Domingo Bilbao se presentó al gobernador para poner en su noticia que hacía dos añosi medio, mas o ménos, habia comprado a don J oaquin Bustamante una factura de mapas i estampas, en la cual venían treintai nueve ejemplares del Juicio Universal, que habia estado vendiendo a diversas personas, no quedándole ya mas que diez i seis, que entregó en el acto. Bilbao nombró a algunos de los compradores, i declaró no recordar quiénes habian sido los otros. ‘

Don J oaquin Bustamante confesó que efectiva

mente en un cargamento de Cádiz habia recibido cuarenta i ocho ejemplares del Juicio Universal

comprados al comerciante gaditano don Luis Bon

‘nandel, de los cuales habia vendido treinta i nueve a Bilbao,i los restantes a diversos sujetos, cuidando de protestar que “no habia reflexionado ni reparado en la indecorosa situacion que en aquellas estampas se hacía al escudo de España i al augusto nombre de su rei i señor natural, que solo

. entónces habia advertido con motivo de la publica

cion del bando.”

‘ Algunos de los compradores de la estampa espresaron que no se habian fijado en que pudiera ser agraviante para la real persona.

Uno de ellos, don José Antonio de Cáñas, dijo que: “aunque habia reparado en el escudo de España i nombre de su augusto monarca, no se persuadió que fuese sátira contra Su Majestad, sino que creyó que el autor lo habia puesto por dar mas vaflor a la estampa; pero que, sm embargo, pare:ciéndole que no estaba bien puesto, ïi que era indecoroso a la nacion i a la monarquía que estuviesen colocados ese escudo i nombre en lugar inferior, borró los rótulos i letras, sustituyéndolos por versículos del evanjelio.”

Por medio de estas dilijencias, se recojieron veinte i ocho ejemplares de la estampa.

Los veinte restantes no se encontraron.

El documento que paso a insertar manifestará

cuál fué la suerte que corrieron esos veinte i ocho ejemplares.

“En la ciudad de Santiago de Chile, en veinte i siete días del mes de febrero de mil setecientos setenta i tres años, en cumplimiento de lo mandado por el decreto dela vuelta, proveido por este Superior Gobierno, el señor correjidor de esta ciudad

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