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don Luis Manuel de Zañartu, puesto en la plaza mayor de dicha ciudad con la tropa arreglada de dragones, i hecho prevenir en ella una hoguera de fuego, en la que por mano del verdugo hizo que— mar las veinte i ocho estampas del Juicio Univer— sal que se espresan en dicho decreto, manteniéndose en el acto hasta que se consumieron en ceniza. A todo lo cual fuimos presentes los escribanos que abajo firmamos con Su Merced, de que damos fe.

—I¡uis Manuel de Zañartu.—Ante nos, Luis Im— .

que Moreno, escribano público i real—José Anto— ni0 Gómez de Silva, escribano púbhco.”

XII.

O

En el siglo XVIII comenzó a venir un vientecillo de los Estados Unidos i dela Francia, que los recelosos pilotos de la monarquía española te— mian ver convertirse en huracan, a pesar de que apénas alcanzaba a percibirse un soplo en las tranquilas olas del Pacífico. Aquel aire leve no habría podido arrebatar la. arena de nuestras playas, arrancar las hojas secas de nuestrasflorestas, ajitar las luces de nuestros hogares; pero era el mensajero alado de dos grandes tempestades que podían llegar hasta nuestro suelo. .

“Noticioso el Bei de que entre los jéneroscomerciales de mercería fina se han introducido en

‘algunos puertos de Indias, particularmente en el

reino del Perú, relojes de faltriquera, cajas para tabaco de polvo i algunas monedas en que se advierte grabada una mujer vestida de blanco con una bandera en la mano, i al rededor una inscrip— cion que dice: Libertad‘ Americana, se han espedi— do las reales órdenes conducentes para evitar que por los puertos habilitados de España se estraigan

i einbarquen dichos efectos i cualesquiera otros en que se figuren o representen tales objetos, cuya propagacion pudiera ocasionar mucho perjuicio a la tranquilidad pública. Por lo mismo, es la voluntad de Su Majestad que V. S. estreche sus providencias a los puertos del distrito de su mando a fin de que se cele con la mayor vijilancia el que no se introduzcan los espresados efectos, ni ninguna especie que tenga alusion a la libertad de las colonias anglo—americanas, haciendo recojer con prudencia, i sin dar a entender el motivo, las que se hallaren esparcidas, si las hubiere. Dios guarde a V. S. muchos años—Aranjuez, 18 de mayo de 17 91.—Lewma.—Señor Presidente de Chile.”

Don Ambrosio O’Higgins de Vallenar, que gobernaba a la sazon el país, proveyó al pié de este importante despacho:

“Santiago, 19 de octubre de 1791.—Cúmplase este real órden, estándose mui a la mira de indagar por todos los‘medios precautivos posibles si se introducen las especies alusivas a la libertad ame: ricana que se indican, para recojerlas; i al mismo tiempo, dense las órdenes oportunas con reserva a las aduanasi gobernadores de puertos habilitados, ofreciéndose así en la contestacion; i archívese en la secretaría.——O’Hígflns.”

Don Ambrosio O’Higgins, a quien de seguro no podia entónces pasársele por las mientes que un hijo suyo habia, no solo de dejar entrar en el país los emblemas de la libertad americana vergonzantemente en las tapas de los relojes o cajas de polvillo, sino tambien de consumar la absoluta independencia de Chile, contestó al ministro español:

“Excelentísimo señor. Con la mayor escrupulosidad i prudente precavida (lilijencia, haré que en

los puertos de esta dominacion se embarace la in

ternacion, o se recojan‘las medallas, relojes i tabaqueras con la figura representativa de la libertad americana, i demas efectos de esta o semejante escandalosa alusion, como V. E. me previene en real órden de 18 de marzo próximo pasado. Santiago de Chile, 14 de noviembre de 1791.——Ambr0

. sia O’Higgins Vallenar.—Excelentísimo Señor Con

de de Lerena.” Sin embargo, O’H1ggms, por mas que buscó, nada encontro.

XIII.

Dos años mas tarde, el mismo O’Higgins recibia la nota siguiente:

“El Reí, con noticia de que en el puerto i ciudad de Guayaquil se ha introducido i cojido un reloj con una inscripcion i pintura alusiva a la depravada libertad de la Francia, ha resuelto prevenga a V. S., como lo ejecuto, que encargue a los gobernadores del distrito de su mando,i personas a quienes competa, el que celen la introduccion de toda alhaja, ropas o estampas quetengan semejantes pinturas o inscripciones. Dios guarde a V. S. muchos años—Madrid 20 de julio de 1793. —Garol0qui.—Señor Presidente de Chile.”

O’Higgins proveyó i contestó en esta forma:

“Santiago, 6 de diciembre de 17 93.——Cúmplase este real órden; comuníquese a los gobernadores que previene, i al administrador jeneral de adua— na, para que por medio de ellos se encargue estrechamente a sus subalternos i resguardos, que si en los rejistros i reconocimientos de efectos que se introducen por el comercio, encuentran algunas piezas de las que se prohiben, las retengan i den cuenta, celándose lo mismo por los demas justicias. Hágase saber al señor fiscal; i acusado el recibo, arehivese. 0’H2‘ggins.”

“Excelentísimo Señor. Inmediatamente al reeibo del real órden de 20 de julio próximo pasado, he trasladado su contenido a los gobernadores i resguardos de puertos i administraciones de aduana de este reino, encargándoles celen eficazmente la introduccion de alhajas, ropas o estampas con pinturas e inscripciones alusívas a la libertad de la Francia u otras semejantes, como en él se me previene; i quedo en vijilar por mi mismo i por los demas medios eficaces para atajar el depravado uso de tales piezas, como es justo. Dios guarde a V. E. muchos años—Santiago de Chile, 8 de diciembre de 17 93.—Ambrosio 0’Híggíns Vallenar. —Excelentísimo Señor Don Diego de Gardoquí.”

XIV .

He insertado íntegros estos documentos para que se vea el triste estado a que habia llegado la metrópoli con su política restrictiva i tiránica. La señora de dos mundos estaba ocupada de un reloj que se habia introducido en Guayaquil, i enviaba un despacho al traves del océano para que sus leales servidores se empleasen en descubrir los otros que hubiera de la misma clase. Su dominacion en

‘ la América contaba siglos de existencia; i sin em

bargo, temblaba, no ya ante un libro, sino ante una inseripcion. La España tenia miedo a un reloj, una tabaquera, una cinta, un alfiler.

Los libros eran misioneros cuya voz nunca se fatigaba, i a los cuales no se acobardaba con el martirio. Por eso, como si fueran animales dañinos, se les perseguía sin descanso, en el mar, en la tierra, en la tienda del mercader, en la casa del particu

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lar. La autoridad eclesiástica se aunaba con la autoridad civil para la proscrípcion, no solo de los escritos condenados por motivos relijiosos, sino tambien de los condenados por motivos políticos.

La lejíslacion de Indias no era una letra muerta para Chile, sino que tenía aquí su debido cumplimiento, siendo pocas las obras que lograban escaparse de esa doble censura.

“Reservada.— Ilustrisimo Señor Obispo Don Francisco de Maran.

“llustrísimo Señor. Siendo 11oi mas necesario que nunca reducir a la mas estrecha observancia las leyes del título 24, libro 19 de la Recopilacion de estos dominios en. la parte que tratan de precaver en ellos la introduccion i conocimiento de libros escandalosos i perjudiciales a la relijion i al estado, he creido oportuno ocurrir a V. S. I. para que espidiendo por su parte las órdenes convenientes a los vícarios de los puertos de Valparaíso í Coquimbo, a fin de que concurran con sus gobernadores a la ínvestigacion i exámen de cuántos libros í papeles se intente importar por ellos, me den cuenta incontinentí de cualquiera ocurrencia en esta línea, remitiendo a mis manos los que se aprehendan, con razon de los sujetos a quienes pertenezcan para que, reconocidos por V. S. 1., se

les dé el destino que corresponda. Espero que.

V. S. I. tendrá la bondad de fiarme dichas órdenes para diríjirlas yo en derechura con la brevedad que exije esta importancia. Dios guarde a V. S. I. muchos años—Santiago, 9 de abril de 1795.—Ambrosio 0’Híggins Vallenar.”

Es claro que el obispo i el presidente impartieron ‘las órdenes del caso a sus ajentes respectivos.

Pero el celo del activo presidente O’Higgíns no se limitaba a estimular el del obispo Maran para

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