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ran las velas de la Candelaria, no solo a los miembros del ayuntamiento que asistieran, sino tambien alos que estuvieran ausentes (1).

El precedente acuerdo del cabildo de Santiago manifiesta que en 1764 se habia innovado una práctica a la cual ya en su época habia puesto reparo el obispo Villarroel.

“Como he de dar asentado las velasa los oidores (el dia de la Purificacion), dice, i ellos la re— ciben de rodillas, besando la mano, siempre acos— tumbro ponerme allí mitra i capa, i‘quítome para la procesion la capa ila mitra, porque es razon que aquella reverencia se haga a la dignidad. Repartidas las candelas a toda la clerecía, incluyendo ahí aun los de primera tonsura, comienzan los señores de la real audiencia; van saliendo por sus antigüedades; i al ir, ia1 volver, los acompañan dos canónigos. Besan la candela i la mano; i hácese este repartimiento a la real audiencia, aun sin costas, porque previenen las velas. I no sé cómo se ha introducido que dándolas al cabildo i a personas particulares, no se den a los señores oidores” (2).

Mientras tanto, la esposicion que el cabildo hacía en 19 de febrero de 1764 hace ver que ya. entónces estaba establecida la práctica de que en vez de costear sus velas los individuos de la audiencia, se daban, no solo a los que personalmente iban a la funcion de la Candelaria, sino tambien a los que no asistían, i aun a los ministros subalternos del supremo tribunal.

I precisamente aquello era uno de los antece—

(1) Libro de actas del cabildo de Santiago, sesion de l.° febrero de 1764.

(2) Villarroel, Gobierno Eclcoíástíco Pacíjïco, parte 2, jcuestion 13, artículo 4, números 14 i 15.

dentes de la reclamacion del cabildo, que siempre se esforzó, i mucho, por hacer que se le guardaran las mismas consideraciones i los mismos respetos que a la audiencia.

Por ejemplo, habia en la catedral de Santiago la costumbre de rociar con el agua bendita primero a los oidores, despues a los prebendados, i en seguida a los capitulares.

Estos sostenían con el mayor calor que debian ser preferidos a los prebendados.

Cuando el obispo Villarroel tomó posesion de la diócesis en 1638, hallando que el ayuntamiento no alegaba buenas razones, decidió en vista de cierta real cédula que se dejara el negocio como se hallaba, sin hacer innovacion.

¿Sabeis lo que ideó el cabildo para no dar lugar a una preferencia que, a lo que creia, redundaba en desdoro suyo?

Segun lo refiere el señor Villarroel, “tomó por espediente aguardar a la puerta de la iglesia hastaque pasase el agua bendita, como si fuese ave— nida”

¿I luego se acusaba al cabildo de no mostrarse celoso por el bien e ínteres del vecindario?

¿Era acaso poco el atender con la mayor dilíjen— cía a todos los asuntos que dejo mencionados; i a que se le tributase el acatamiento debido?

XII .

Todas estas competencias de vanidad no se Iim1taban siempre a cambios de palabras i de notas, 1 a elevacion de consultas a la corte, i a resolucio

(1) Villarroel, Gobierno Eclesiástico Pacifico, parte 2, cuestion ll, artículo 3, numero 78.

nes de esta, previo el dictámen del fiscal i consejo de Indias, pues en mas de una ocasion solían ser discutidas por las vías de hecho.

N o quiero citar en comprobacion, por ser demasiado conocidos, los capítulos de frailes, que con frecuencia se convertían en verdaderas ríñas, en las que se apelaba a las armas, siendo a veces causa de combates entre los interesados, i aun de asaltos a los claustros.

Me parece preferible mencionar un caso ahora completamente ignorado, pero que en su época puso en profunda í jeneral conmocion a Santiago.

I para esto, el que tomará la palabra será el monarca mismo.

“El Rei. Presidente i oidores de mi real audiencia de la ciudad de Santiago del reino de Chile. En carta de 28 de junio de 1768, dió cuenta con autos don Antonio Guill, presidente que fué de ese tribunal, de lo ocurrido en la eleccion de rector de esa real universidad, espresando que habiéndose juntado el claustro para el mencionado fin‘el dia 26 de enero de aquel año, sacó treinta i tres votos el doctor don Gregorio _Tapia, maestrescuela de esa iglesia catedral, i treinta i dos el canónigo doctor don Juan José de los Rios i Teran; que en el propio acto de la eleccion se hizo contradiccion a la nominacion del primero por los defectos que se oponian a muchos de sus votos, insistiéndose esforza— damente en la nulidad de uno que habia salido viciado, i llegando la contestacion a términos tan escandalosos, que le fué preciso al rector absuelto hacer comparecer en la sala capitular parte de la tropa que el mismo presidente habia destinado para contener cualquier desórden; pero que sin embargo creció el empeñoi se redujo a parcialidades toda

la ciudad, interesándose en el vencimiento los mas

respetables cuerpos, el cabildo eclesiástico, las'co«

‘ munidades relijiosas, las familias mas ilustres, i

aun el vulgo, en cuya vista, dice, preparaba los

. medios conducentes al sosiego de la república, es

perando que la razon i la justicia calmarian los; efectos; que los recursos se multiplicaban, segun les parecia conveniente a las partes, í sintiéndose agraviada la del doctor Tapia de que no se le amparase en la posesion del rectorado por el mayor número de votos, segun lo que está mandado respecto de las elecciones de los prelados relijiosos, interpuso apelacion para esa audiencia, donde se renovaban mayores discusiones, porque habiendo concurrido personalmente a la eleccion de . rector dos ministros patricios que descubiertamente protejian al doctor Tapia, los acreditaba de contrarios‘ el doctor Teran, i preparaba su recusacion si no se abstenian de votar en la causa; que en tales circunstancias, í en las de que su prudente disimulo tocaba ya en perjuicio, aumentándose los odios, las discordias i los escándalos, i recelando alguna inquietud en la república, proveyó auto, consultado con los mas prudentes í. desinteresados, para que juntándose de nuevo todo el claustro de la universidad se sortease la eleccion, i que sin admitir recurso alguno, quedase de rector aquel en quien recayese la suerte favorable; que así se ejecutó, i quedando de rector el doctor Tapia, sin la menor contradiccion de su competidor, tomó posesion enla forma regular, con lo que pareció aquietada la ciudad; pero que no tranquilizado el espíritu de parcialidad, ocurrieron de nuevo a esa audiencia los protejídos de los dos oidores, i se admitieron en ella sus respectivos pedimentos, en cuyo estado, por carta de 4 de mayo, os ordenó que habiendo disimulado las repetidas instancias que habian hecho en ese tribunal las partes (sin embargo de no compétirle su conocimiento), i con refleXion a que no quedasen indefensas, i a que tenían alegados sus derechos, se pusiese perpetuo silencio en la materia, i le remitieseis los autos orijínales, dejando testimonio en el tribunal, silo tuvicseis por conveniente, como tambien a los interesados que lo pidiesen; i que aunque no le remitisteis los orijinales, le pareció no darse por entendido por mantener la buena ar— monía que encargan las leyes;i acompañando el testimonio que le pasasteis, pidió que aprobándose sus providencias, me dignase prevenírle si la real cédula dirijida a que en las elecciones de prelados Telíjiosos se mantenga en la posesion al que sacase mayor número de votos sin embargo de cualquiera nulidad o recurso que interpongan los vo— cales a quienes se reserva su derecho a salvo, deba practicarse en las de rector, o de otro cualquier cuerpo, de que deba conocer ese gobierno; sí los ministros de esa audiencia graduados en la uni— versidad podrán concurrir personalmente a las elecciones de rectores í oposiciones a cátedras; o sí gozarán la exencion de que sean recibidos sus votos por el secretario en la forma que lo practican los doctores enfermos, o justamente impedidos; í si permitido su concurso, podrán ser jueces en los recursos que inter usieren las partes a ese tribu— nal en aquellas identicas causas en que se interesaron con sus votos; cuyas declaraciones pidió pa— ra que sirviendo de regla, se eviten en lo sucesivo las diferencias que ocurrieron en la referida eleccion. I habiéndose visto en mi consejo de las Indias, con lo que dijo mi fiscal, i consultádome sobre ello, he resuelto aprobar lo practicado por el presidente don Antonio Guill; i desaprobándoos haber

admitido los recursos, que lo ordenado en la citada

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