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/nios términos del estrecho, han tomado las armas, poniendo sitio a los fuertes de Purén, Tucapel, Arauco i‘ Nacimiento, sin que se pueda saber.el estado presente de estas plazas, así por las lluvias continuas del invierno, i que en distancia de treinta i cuarenta leguas no puede pasar tercio alguno del ejército por los rios, ciénegas i pantanos, como porque el dicho real ejército se halla tan desmantelado de jente, que ha sido preciso al excelentísi— mo señor presidente, valerse de las milicias para las regulares guardias i centínelas de-la ciudad de la Concepcion, oríjinado todo de la falta de socorros i situados”.

“Es digno de ponerse en consideracion de Vuestra Alteza, agregaban por último Mandiola i Bascuñan, la opresion í miseria en que se halla la ciudad de Concepcion, sus plazas i fuertes por falta de socorros, i por no haberse reclutado, ni podido reclutar los dos mil hombres de su situacion; íque se halla espuesto a perderse todo ‘el reino, no solo aquella ciudad, sino esta de Santiago, porque ensoberbecidos los indios en ver‘el mal estado de nuestras armas, i teniendo algunos buenos suce=' sos en las fronteras del ejército, podrán pasar sin dificultad al estrago de esta ciudad, como lo han intentado en otras ocasiones‘por los mismos sucesos. I en el valle de Lora, están todavía patentes los vestijios del fuerte que levantaron cuando pretendian acometer a esta ciudad. I en otros tiemposbajó un numeroso ejército ala boca del Cachapoal, veinte leguas de esta ciudad, con la mis? ¡ha destínacion, que a no haber sido prontos i anticipados los socorros de estareal audiencia, se hubiera asolado esta ciudad por la ínvasí0n del enemigo; i aquellas ejecuciones que en los referi— dos tiempos dieron en qué pensar a todo el reino, se deben hoi recelar, precautelando su anticipado remedio en la raíz del ejército”.

‘ En una vista que el doctor don Martín Gregorio de Jáuregui Tollo, fiscal de la audiencia, eva‘cuó sobre el asunto precedente, a 3 de octubre de 1723, se encuentra el pasaje que sigue, en el cual pueden leerse algunos nuevos datos relativos a la materia:

“Es indudable que esta ciudad (Santiago) i sus individuos, conociendo la estrechez í trabajos en que se esponia esta tierra, si no se contenían las insolencias de los indios, ha hecho una contribucion de caballos considerable, socorre con la remision que hace de los mulatos libres, i cada encomendero dar su escudero, habiendo ántes esforzado a todos los correjidores de los partidos esta real audiencia para que con la mayor brevedad se condujesen a la frontera los estranjeros, los que se socorrieron como a los dichos mulatos. Pues si con esta puntualidad i desvelo, se socorre el ejército, quedándose esta ciudad sin jente i sin armas, viéndose amenazada igualmente de los indios, pues es constante que las mas de las encomiendas están, si no sublevadas i rebeladas, mui poco ménos, ¿por qué motivo ha sido, o a qué efecto esta diputacion, i su instancia en el socorro, i cuando ha sido tan pronto i liberal, que se han quedado los partidos circunvecinos todos cuasi indefensos, i esta ciudad en la mesma constitucion?”

Como lo manifestaba el fiscal Jáureguí, Santiago habia quedado desguarnecida.

Cano de Aponte habia hecho formar en la capital del reino una compañía de cien mulatos, i otra de todos los estranjeros que residian en ella.

Las dos habian marchado a la frontera.

Ademas, el presidente habia determinado que saliesen a la guerra de Arauco las milicias de ca— ballería de los partidos de Quillota, Rancagua, Colchagua i Maule.

Parece que los indios domésticos de Santiago pensaron en aprovecharse de lo indefensa que quedaba la capital.

Del libro de cabildo aparece que en la sesion de 2 de octubre de 1723, el maestre de campo don Juan de la Cerda, correjidor i justicia mayor de Santiago, hizo la declaracion que sigue:

“La rebelion i alzamiento es de los indios de todo el reino, en que han conspirado los indios encomenderos, no solo de los partidos de Melipilla hasta la frontera, sino tambien los que se hallan en los valles de Quillota i la Ligua hasta Copiapó, constando i declarádose de los mismos indios complícados que se hallan presos en la cárcel de esta ciudad, que la víspera del Señor San Francisco, al tiempo de los fuegos, tenían determinado dar de improviso en la ciudad, matando a los españoles, que sin duda estarían divertidos con el regocijo de los fuegos”

Todo esto era conocido de los vecinos de la ciu— dad, i tema de las conversaciones i comentarios.

La inquietud era grande, porque si los promoto— res de la conspiracion estaban bien asegurados en la cárcel, el alzamiento triunfante de los araucanos era un estímulo constante a la rebelion de los tira— nizados indios de encomienda.

¿Quién podia garantír que muchos de ellos, visto le difícil que la situacion era para los españoles, no estuvieran preparando en el silencio medios de libertad i de venganza?

17(1) Liln‘o de acta: del C’aln2do de Santiago, sesion de 2 de octubre de 23.

El 3 de octubre, víspera. de:la fiesta de San Francisco, se celebraba una procesionr‘nui‘concu— rrida, en la cual la imájen de este santo era lleva— da hasta la plaza, donde recibia i hacía una cortesia a la. de Santo Domingo; i en seguida, las dos eran conducidas juntas hasta la iglesia del primero.

Estaba atestada de jente toda la carrera de la procesion, cuando se esparció la voz de que habia. incendio en la Cañadilla.

Efectivamente, por casualidad se habia pegado fuego a un rancho en aquel barrio. ‘ ‘

Todo fué anunciarse aquello, i supone‘rse que eran los indios que daban principio a su proyecta.— da sublevacion para saquear im‘atar. :-. l .‘:.

Fácil es de imajinarse el tumulto que semejante rumor ocasionaria, hallándose, como estaba, el wo— cindario mui alarmado conlos sucesos de Arauco, con la venida de la diputacion de Concepcion;e:n solicitud de socorros, con la indefension dela ciudad, con la prision de varios indíj enasqueïhabïi&ll confesado sus planes de suble‘vacion. . ‘ ‘.

A los pocos momentos, ya nose hablósolo ‘d rancho que se estaba incendiando, lo que era cierto, i de los indios que habian comenzado el saqueo en la Cañadilla, lo que era inventado; sino que se corrió que se sabía de un modo positivo que en la Punta i en Renca habia cuerpos‘de indios alzados, prontos a precipitarse sobre la mal defendida ,sall'a tiago. . ‘ ‘;‘ . Z .:\í :

“Hubo entónces en la ciudad, refiere un cronista, la mas horrible confusion. N i los eclesiásticos se eximieron de tomarlas armas; i se pusieron sal.vaguardias en los monasterios de relijiosas para que no las incomodasen. Se envió una partida de jente armada de los vecinos i mercaderes a‘re.co

. rrer los contornos; i todo era confusion”.

Al fin de muchas esploraciones, i de muchas. carreras, se vino a averiguar que todo habia sido susto infundado (1).

Pero lo que fué conseguir que los araucanos volvieran a la obediencia, costó todavía grandes esfuerzos i muchos sacrificios.

VII.

l

3 La representacion del cabildo de Santiago, fecha‘1¿2 de octubre de 1708, sirvió de antecedente paraqu‘e el rei, por cédula de 8 de setiembre de

1710, mandase crear en Chile una junta compues— ‘

ta del presidente, de los oidores, del protector de indíjenas, de los misioneros i prelados de las relijiones para que arbitrasen los medios de reducir los indios a sociedad.

Esta fué la primera de las varias juntas llama

das de poblaciones que se organizaron durante el curso del siglo XVIII; pues ha de saberse que durante todoese tiempo, el pensamiento dominante del gobierno central i del particular de esta comarca fué el agrupamiento de los esparcidos habi— tantes de Chile. .< De tantas deliberaciones sobre la materia, resultaron diversos planes, de los cuales tengo a la vista dos,que se presentaron al monarca en nombre de todo el reino, i que contienen datos mui in.teresantes i desconocidos acerca de la antigua condicion social de nuestro país.

Creo que se me agradecerá el que reproduzca algunos de ellos.

‘ (1) Carvallo, Desm‘pcion Histótica—jeográfica del reino de 0hile, parte 1.‘, libro 5, capítulo 31_—.—Pérez Garcia, Historia Natural, Militar, C‘ivil ‘¿Sagrada del reino de 0hüe, libro 7, capítulo 1.° Este historiador dice equivocadamente que esta alarma sucedió en agosto.

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