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i Guasco, puse el pié en aquel de‘stino. Con este objeto oí por mi mismo las quejas i recursos de los miserables indios oprimidos, me instruí de los memoriales que me dirijió su protector partidario, i escuché sobre todo con atencion los informes i relaciones que me hacía el doctor don Ramon de Rózas, mi ‘asesor jeneral i de esta visita, a quien habia encargado desde luego el reconocimiento de una u otra de estas encomiendas. I de todo esto el resultado fué siempre que lo que se llamaba enco— miendas en estas partes, no eran unos pueblos cuyos tributos habia cedido Vuestra Majestad a aquellos vecinos en recompensa de los servicios de sus mayores, sino un número de infelices que ascritos por lo regular a la circunferencia de las casas i oficinas que forman las haciendas de los encomenderos, trabajaban todo el año sin intermision en las minas, en los obrajes, en la labranza de los campos i en todo cuanto era de la comodidad i ventaja de éstos, que llamaban sus amos para que nada faltase a la esclavitud a que estaba reducida esta grande porcion de vasallos de Vuestra Majestad contra el espreso tenor de las leyes que prohibian el servicio personal, i a que sin embargo se les obligaba, i estos infelices prestaban como una obligacion de que el sustraerse por medio de la. fuga costaba prisiones, golpes, azotes i cuanto podia inventar la tiranía i el abuso mas abomi

‘ nable.

“Un agregado de hechos tan terribles, como los que pasaron a mi noticia por aquellos caminos, me hizo vacilar por mucho tiempo sobre si tomaría el partido de procesar a estos encomenderos i declararles por perdidas sus encomiendas en conformidad de las leyes; o si sería mas del servicio de Vuestra Majestad que olvidando todo lo pasado, i

evitando quejas, recursos i autos que acerca de esto se formarian, i siempre habrían desfigurado la verdad, no sería mejor i mas acertado limitarme a consultar los medios de restituir a los indios a su libertad, i arrancándoles de los obr.ajes i minas en que indebidamente se les detenia, reponerlos en las tierras de sus primitivas asignaciones i repartimientos. Poco tiempo tuve que permanecer en esta duda, pues luego me resolví a espedir el edicto de que por todo documento incluyo por ahora copia a Vuestra Majestad, asegurando que entre todas cuantas providencias ha proporcionado esta visita para el bien de este reino, ninguna ha sido tan justa, ni interesado tanto la felicidad de estos vasallos í el consiguiente servicio de Vuestra Majestad, porque, como podrá reconocerse en el citado edicto, a los malos tratamientos que quedan referidos se agregaba la calidad de hacerse este perpetuo e involuntario servicio sin otro salario ni recompensa, que la de cuarenta varas de bayeta del Perú, que aquí llaman de la tierra, con que el miserable indio escasamente llegaba a cubrir en el año su familia, quedando sujeto en cuanto al alimento a la corta porcion de media arroba de charqui de cabra i un almud de cebada que se ministraba para medio mes a cada familia, supuesto que la necesidad de servir todo el año sin reserva al encomendero les impedia hacer dilíjencia alguna útil para si mismos en esta línea. Mucho mas, cuando a esto se seguía la absoluta privacion de tierras en que éstos se encontraban, o por habérselas ocupado i usar de ellas los mismos encomenderos para su provecho, o porque, abandonadas aquellas por la emigracion a las haciendas a que éstos les habian obligado, se hallaban ocupadas de otros terceros, i apénas quedaba en sus dueños una escasa memoria de su naturaleza i oríjen. El esta— tado de abatimiento e inercia que esto producia en aquella numerosa porcion de hombres privados de los beneficios de sus trabajos i de los mas lejítimos i autorizados derechos, anunciaba la proximidad de su entera destruccion, si no se les hubiera socorrido en estas circunstancias arrancándolos de la esclavitud i de este precario modo de vivir por el arbitrio de trasladar a sus antiguas tierras a los que las conocian, i asignar a los que carecian de esta ventaja en los confines de las haciendas en que se les encontraba toda la porcion de cuadras que parecian necesarias para su subsistencia, colocándolos de manera, i a tanta distancia, que en cuanto pudiera ser, quedase precavido suficientemente el peligro de recaer de nuevo en la servidumbre.

“Es verdad que ni esto, ni lo demas referido, ha sido j eneral en todos los encomenderos de Coquimbo; i es preciso confesar en obsequio de la justicia

‘ que entre éstos habia uno u otro que conciliaba

con la esclavitud su compasion, i hacía aquella tolerable por su humanidad ibuen trato. Principalmente en estos partidos inmediatos a la capital, he encontrado encomenderos que se habian manejado con bastante racionalidad en este punto; pero en todas partes era comun el servicio personal e involuntario, la dependencia, la falta de propiedad en las tierras i una completa servidumbre en los indios.

“Unos hechos tan manifiestamente opuestos a la razon i a la justicia no pudieron desconocerse por tales, aun de aquellos mismos que eran interesados en la continuacion del desórden. Penetrados de la fuerza de la verdad por medio de los continuados discursos que les dirijí sobre este asunto, se han ajustado a mis determinaciones en esta línea de una manera la mas propia a hacerme comprender que abrazaban con sinceridad los sentimientos de humanidad de que hasta aquí se habian olvidado; i he logrado por este medio hacer un grande bien sin los ruidos i contestaciones que en otros tiempos produjo el solo designio de esta empresa.

‘ “Quince ‘pueblos o encomiendas restituidos de un golpe a su libertad por la sola autoridad de Vuestra Majestad no pueden ménos que hacer grabar en la imajinacion la idea de grandes ventajas a la agricultura i al . comercio. Tantos miles de brazos empleados de nuevo en adelante en la labranza de sus propios terrenos i en todos los des— tinos a que puedan ser aplicados por la industria, deben causar una feliz revolucion en estos ramos, i es principalmente de esperar alguna ventajosa novedad en las minas, ya porque se repartirá esta porcion de operarios en beneficio de los mineros, ya porque tengo muchos motivos de creer que estos mismos indios, hechos hoi libres e instruidos de los derechos que por gracia de Vuestra Majestad les compcten, han de trabajar i manifestar muchas minas que hasta aquí ocultaban por no pasar por el dolor de dcsenterrar riquezas a costa de su sudor para sus mismos opresorcs, los enco—. menderos.

“Pero entre todas las ventajas que me lisonjeo haber logrado con esta providencia, hai otra que para mi es superior a todas las espresadas hasta aquí, i que, hablando con propiedad, fué su consideracion el impulso mas eficaz que tuve para determinarme a la publicacion del edicto, esta es, la idea que el largo trato con los indios de la fronte— ra de este reino, en cuyo mando i servicio estuve

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empleado por Vuestra Majestad por mas de diez i ocho años, me hizo esperar que, quitado el escándalo de las encomiendas con que siempre han cubierto su resistencia para reducirse, podría talvez producir que instruidos de mis providencias para esterminar la esclavitud en ellas, depusiesen de alguna manera los perjudiciales errores contra la subordinacion que han subsistido siempre entre ellos por esta causa señalada, i sobre que he en

contrado monumentos mui seguros en las leyes de

estos reinos, tratando de los indios rebeldes de Chile, a quienes se ofreció no hacerles jamas enco— mendables, i mantenerlos para siempre en la corona i patrimonio por las justas i urjentes causas que alh se mencionan, i que conservándolas fielmente en su memoria, me las han repetido muchas veces en los parlamentos jenerales que he celebrado con aquellas naciones.

“Pero, como sin embargo de todo esto, la esperiencia me haga conocer que el interes i la codicia trastornan las mejores ideas i las resoluciones mas acordadas, i temiendo por esto fundadamente de que con el tiempo podrán la sagacidad u otros principios alterar el feliz presente estado a que quedan reducidas las cosas, no obstante mi desvelo por todo lo que puede mantenerlo, ide que en prueba incluyo copia de mi últimai reciente providencia sobre este asunto, si no se va hasta la raíz del mal, cortando de una vez para siempre el oríjen de los daños, he creido que era obligado a no retardar ni un momento el paso de esponer francamente a Vuestra Majestad la necesidad de reproducir en todas sus partes la cédula del año de 1721, de que hice mencion al principio, bajo del pié i fijo concepto de que no haí, ni jamas ha habido motivo alguno de verdadera conveqiencia

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