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del Peñon de la Gomera, la sujecion de los moriscos de Granada, el casamiento de Felipe II con Ana de Austria.

Ercilla no olvida uno solo de los hechos que pueden contribuir a la grandeza de su amada España, de su respetado soberano, de su venerada relijion.

Para cada uno de ellos, hai en su poema a lo ménos alguna palabra, alguna referencia.

Ercilla tributa una especie de culto al poder i a la gloria de su nacion.

¡Destino por cierto estraño el de la Arauccma!

Fué escrita para ensalzar el poderio de España, para sostener las pretensiones de su monarca a la dominacion universal, i viene a servir al fin de algunos siglos para estimular la insurreccion de Chile contra la metrópoli.

Indudablemente, el poeta—conquistador fué sin preverlo uno de los precursores de la independencia.

El poema que compuso para cantar la sobera— nía de España sobre dos mundos animó a los patriotas chilenos para dar a esa soberanía un golpe recio.

Un efecto semejante es curioso, pero mui fácil de esplicar.

Contra los propósitos de Ercilla, la impresion jeneral que produce la lectura de la Araucana es mui adversa a los españoles, mui favorable a los indijenas.

Es esta una observacion que todos los críticos españoles i estranj eros han hecho.

“Por parte de los españoles no aparecen en todo el poema, dice Martínez de la Rosa, sino dos cualidades loables, el valor en los combates i la constancia en los trabajos; pero deslustradas ambas prendas, tan propias del carácter de la nacion, con la avaricia i la crueldad, pintadas por el poeta con el color mas negro. Por el contrario, todo lo noble, todo lo heroico i estraordinario está de parte de los araucanos: así es que naturalmente resulta un efecto contrario al que debia procurar el autor, i el interes del público acompaña al partido vencido. A fuerza de querer Ercilla ensalzarle para que se muestre mas difícil el triunfo, ha oscurecido de tal suerte a los españoles, que solo aparecen como una sombra empleada para que resalten las figuras de sus enemigos: éstos están retratados de mano maestra; los vencedores apénas bosquejados” (1).

“Causa no poder fijar la atencion con agrado e interes en otros personajes que en los araucanos, dice don José Luis Munarriz, el traductor de la obra de Blair, hablando del poema de Ercilla; pues los españoles, si son valientes, no tienen matices que los distingan, ni prendas que los hagan recomendables, í pongan alguna gradacion entre ellos; miéntras que entre los araucanos nos ocupan desde el principio al fin Colocolo, Caupolican, Lautaro, Tucapel, Rengo í otros, i nos interesan sus consejos, sus emulaciones, sus ardides,i aun su causa. Defienden unos terrenos se‘cos í campos íncultos i pedregosos; pero defieden con ellos sus vídas i su libertad: las defienden en campo abierto, contra enemigos superiores en las armas, que con la rapidez de sus conquistas, tenían consternados a sus vecinos, i las defienden resueltos a morir i a abrasarlo todo ántes que rendirse” (2).

(1) Martínez de la Rosa, Arte Poética, Apéndiec sobre la poesía épica. (2) Munarriz, Lecciones sobre la retórica i las bellas letras por Hugo Blair, leccion 42.

Se comprende que una obra de esta especie, tan interesante por su‘asunto para los chilenos, tan leida por ellos, fuese disponiéndolos en favor de los araucanos, í sobre todo de su simpática causa; i se comprende igualmente que cuando los criollos, por motivos que esplicaré con la debida oportunidad, emprendieron el alzamiento contra la metrópolí, tomaran por modelos a los intrépidos i heroicos indíjenas que tanto habian sufrido por la independencia i la libertad, i en cuyas bocas el poeta habia puesto repetidas veces, no en vano, el grito que muchos años mas tarde debia inmortalizar en Waterloo a la gran guardia de N apoleon> primero muertos que rendidos (1).

¿Quién habría adivínado jamas que, andando los años, la sombra de Ercilla habia de ser el Tirteo que habia de alentar a los patriotas contra la soberanía del señor de las Españas i de las Indias?

El autor de ‘la Araucana principió su carrera sirviendo de paje al príncipe que despues fué Felipe II, i se distinguió siempre por una profunda í sincera veneracion al rei.

Ese respeto llegaba hasta la mas sumisa idolatría.

Don Alonso de Ercilla habia vuelto de América a España, famoso por sus hazañas í por su aplaudido poema; i sin embargo, carecia de brios para hablar a Felipe II.

Un antiguo escrito español, citado por don Manuel José Quintana, Avisos para palacio, refiere la siguiente anécdota, que pinta al hombre.

“Hablando algunas veces a Felipe II don Alonso de Ercilla i Zúñiga, siendo mui discreto

(1) Ercilla. Araucana, canto 15.

hidalgo, que compuso el poema la Araucana, se perdió siempre, sin acertar con lo que quería decir, hasta que conociendo el rei, por la noticia que tenia de él, que su turbacion nacia del respeto con que Éponía los ojos en la majestad, le dijo: Don Alonso, habladme por escrito. Así lo ejecutó,i el rei le despachó e hizo merced.”

Si álguien hubiera dicho a Ercilla que al fin de tres siglos sus versos habian de estimular a la rebelion contra uno de los sucesores de su real amo, habría recibido este pronóstico como la mas feroz de las injurias; í espada en mano, habría procurado castigar al provocador con tanto arrebato, como el que en la Imperial, al tiempo de la jura de Felipe II, desplegó contra don Juan de Pineda.

I sin embargo, aquello habia de suceder así.

III.

Esta influencia.de la Araucana fué fortificada por casi todas las obras nacionales que se escribieron en Chile, durante la época de la colonia, casi todas relativas a sucesos históricos, las cuales presentan siempre a los araucanos ia sus caudillos bajo un aspecto brillante.

Hubo entre ellas una mui popular, que tuvo el honor de ser impresa en Madrid el año de 1795, el Compendio de la Historia Civil del reino de C%ile, escrito en italiano por el jesuita chileno, don Juan Ignacio Molina, i traducido al castellano por otro chileno, don N icolas de la Cruz í Bahamonde.

Molina enaltecia a los araucanos como todos los que desde Ercilla habian escrito sobre historia de Chile.

“Este pueblo (el araucano), constantemente adic

to a la independencia, decia en una parte, ama con gusto ser llamado aucá, esto es, franco o libre. Aquellos españoles que de las guerras de los Países Bajos pasaban a militar a Chile dieron a esta comarca por analojía el nombre de Flándes Arauccma, o el de Estado Indómito; i tuvieron consecutivamente la jenerosidad de celebrar con cinco o seis poemas, en una de sus colonias, las alabanzas de un pueblo que por conservar la antigua libertad, ha esparcido con intrépido valor tanta sangre de sus compatriotas” (1).

“Se ve que la posesion de este país (Chile), añadia en otra parte, ha costado a los españoles mas sangre í mas dinero, que la del resto de la América. Elaraucano, restrinjído en su pequeño canton, ha sabido en él con armas débiles, no solo contrabalancear sus fuerzas, reputadas hasta entónces invencibles, pero aun ponerlos en peligro de perder las adquisiciones mas sólidamente establecidas. Sus oficiales fueron allí por la mayor parte desde la escuela de la guerra, esto es, desde los Países Bajos, i sus soldados tenían la reputacion bien merecida de ser los mejores de la tierra. Ellos estaban armados de aquellos rayos destruidores con que habian hecho temblar los mas vastos imperios de aquel continente.

“Esto parecerá mas maravilloso si se reflexiona la decidida superioridad que la disciplina europea ha tenido en todas las partes de la tierra. Los españoles mismos hicieron asombrar el mundo con la rapidez de sus conquístas..... .... ...... ........ ...... Pero, a pesar de la

fuerza i el arte, los araucanos permanecen siem

(l) Molina, Oompemïio de la Historia Civil del reino de Uhüe, libro 2, capítulo 1.°

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