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izquierda, esta banda i el cofrecito, seencaminaron a la plaza en órden de guerra.

La‘ cruz i los relijiosos revestidos se‘ quedaron en la puerta dela iglesia,

Los oidores Talaverano i Cajal llevaron del diestro el caballo overo en que iba el sello real‘, cada uno a su lado, asidos de una banda de tafe‘cam carm‘esí guarnecida de plata.

En pos del caballo overo,. del gobernador i del oidor Merlo, seguían el estandarte de la ciudadí las autoridades civiles, militares i eclesiásticas, i toda la jente que habia podido salir de sus casas.

Ccrraban la procesion dos compañías de infantería i tres de caballería, tocando cajas, trompetas i pífanos‘, i disparando mucha arcabucería.

La calle del Reí, ahora del Estado, por donde marchó la comitiva, i la plaza a donde fué a parar, estaban mui bien aderezadas..

La procesion dió una vuelta por la plaza..

La tropa tomó posicion, colocándose la caballería en las cuatro esquinas de la plaza, i formando la infantería una ancha calle por la cual la comitiva se dirijié a las casas reales, donde se habia preparado el salou de despacho para la audien01a.

Debajo del dosel del alto tribunal, se habia arreglado una armazon semejante a la que habia habido en San Francisca

El gobernador i el oidor Merlo‘ pusieron sobre ella la cajita del real sello.

El oidor Merlo abrió la cajita con la llave que llevaba al cuello, i sacando el sello con la mayor reverencia, lo puso sobre los. cojines de terciopelo que estaban encima de la mesa.

El gobernador, los oidores i el obispo, como en la pieza de San Francisco, fueron sucesivamente

besando el sello, i poniéndololo sobre sus cabezas.

El escribano mayor leyó el título por el cual el rei nombraba al gobernador don Alonso García Ramon presidente de la audiencia de Chile.

El gobernador i los oidores, unos en pos de otros, de rodillas, i con la mano derecha sobre el sello, prestaron el juramento del caso.

Los oidores se abrazaron. .

El gobernador, que se habia sentado bajo el do.— sel, teniendo al obispo a su derecha, dió gracias a Dios por lo que habia sucedido.

Despues ordenó que el real sello se llevara a su cuarto, hasta que se determinase el lugar conveniente en que habia de depositarse.

Todos los presentes acompañaron el real sello hasta el cuarto del gobernador.

La fiesta concluyó con varias escaramuzas que las tropas ejecutaron en la plaza (1).

Las curiosas ceremonias a que dió oríjen el real sello no terminaron en lo referido, segun aparece de la siguiente dilíjencia que copio íntegra, para que por medio de t.al documento puedan conocerse directamente, por decirlo así, las ideas i sentimientos de una época de que nos separa, mas que los años, una variacion radical en las opiniones.

“En la ciudad de Santiago del reino de Chile, en diez dias del mes de setiembre de mili seis— cientosi nueve años, estando en acuerdo de justicia los señores presidente i oidores de la real au— diencia i chancillería de esta dicha ciudad, es a saber: la señoría del señor presidente Alonso García Ramon, doctor don Luis Merlo de la Fuente, licenciados Fernando Talaverano Gallégos, Juan

(l) Instrumento estondido en Santiago con fecha 9 de setiembre de 1609 por el escribano Melchor Fernández de la Serna.

Cajal, doctor 9.Gabriel de Zelada, fué llamado a él

Alonso del Pozo i Silva, persona a quien el dicho.

‘señor presidente, en virtud de una real cédula de Su Majestad, habia nombrado por chanciller i re¿jistrador de la dicha real audiencia; i estando encima del bufete del real acuerdo el sello real de ‘Su Majestad de esta dicha real audiencia, cubier— sto con un tafetan, el señor doctor Luis Merlo de la Fuente, oidor mas antiguo de la dicha real au— diencia,‘con la llave que tenia en su poder del cm frecito dorado de fierro donde estaba el dicho real sello, abrió el dicho cofrecito, í con la reverencia debidasacó eldiáho real sello, i lo desenvolvió de

‘ ‘otro tafetan encarnado con que estaba envuelto;i

.el dicho señor presidente, en presencia de los dí‘chos señores, dijo al dicho Alonso del Pozo le entregaba, i entregó fiel dicho real sello, para que lo tuviese en su poder i guardase con la veneracion i tecato, fiel custodia i guardia que a cosa de tanta veneracion i estima se debia; i el dicho Alonso del Pozo dijo que lo recibia, í recibió, i haría con entera puntualidad todo lo quese le mandaba por el dicho señor presidente; i el dicho señor doctor Merlo tornó a envolver el dicho real sello en el tafetan, í lo metió en el dicho cofrecito, i lo cerró, icubrió con otro tafetan, ílo puso en las manos del señor presidente, estando ambos descubiertos i con la veneracion que debian; i el dicho señor presidente lo entregó, i puso en sus manos del dicho Alonso del Pozo i Silva, i él lo recibió como dicho es; de todo lo cual, yo el presente escribano doi fe‘ que fué i pasó así todo lo arriba referido, i lo firmaron los dichos señores, i el dicho Alonso del Pozo i Silva—Alonso García Ramon.—I)oczfior Luis Merlo de la Fucnte.— Licenciado Fernando Talaveraae.—Licenciad0 Juan Cajal—Doctor Ga—

briel de Zelada.—Alonso del Pozo z‘ Silva.—Ante mí, Melchor Fernández de la Serna.”

Este sello real, cuyo culto se halla determinado .

por el titulo 21‘‘ del‘ libro‘2. de las leyes de Indias, debia imprimirse sobre cera lacre bien aderezada en todas las cartas i provisiones de las audien— c1as.

Cuando sea por el‘ advenimientod‘e un‘ sobera;‘no, sea por otro motivo, se enviaba un nuevosello, debia fundirse el antiguo, i entregarse pesada la. plata que produjera a los oficiales de las cajas reales “para que con la demas hacienda. nuestra nos la envíen, mandaba el rei enla lei 9,‘ título 21, li—

bro 2 de la Recopilacion‘ de Indias, i. de haberlo

hecho así, nos den aviso.l’

Este mismo relijioso acatamiento de que era objeto el sello real se ‘tributaba naturalmente delï mismo modo a.todo loque provenia‘del.monarca..

Así, verbigracia, todos los majistrados o funcionarios que recibian una real cédula, ántes de leer—

la, se ponian.de pié, la tomaban.en. las manos, se‘

la colocaban en la cabeza, i. luego la besahan; i‘

despues de leerla, decian que la obedecian como. mandato de su reí i señor natural, a quien Dios.

guardase muchos años segun lo habia menester la cristiandad, i esto lo decian, 1 consignaban en una dilijencia, aun cuando el cumplimiento de lo orde

nado ofreciese dificultades i. diese lugar. areparos..

HI..

Todos los acontecimientos domésticos de la familia real eran motivos de fiestas i ceremonias mas o ménos pomposas segun los casos, por las cuales los vasallos‘le daban, a.conocer su.profunda veneracion. '

El rei tenia la bondad de mantener a sus pueblos al corriente de los nacimientos, matrimonios i muertes de todos sus parientes.

Consideraba los matrimonios í los nacimientos reales como sucesos “de singular consuelo” para sus súbditos, i se los anunciaba para que le ayudasen a dar las gracias al cielo por la misericordia ibenigna proteccion que concedia a la monarquía.

En cuanto a los fallecimientos de los individuos de la familia real, los reputaba causa de afliccion universal.

I a la verdad, solían ser tan costosas las demostraciones esteriores de dolor que en tales circunstancias hacian los vasallos de las Indias, que el rei, por cédula dada en Madrid a 22 de marzo de 1693, 1 mandada considerar como si estuviera incorporada en la Recopilacion, tuvo a bien ordenar “que

or muertes de personas reales, los hombres hu— liiesen de poder traer solo capas largas i faldas caídas hasta los piés, i hubiesen de durar en esta forma hasta el dia de las honras; i las mujeres hubiesen de traer monjiles de bayeta, si fuere en invierno, i en verano, de lanilla con tocasi mantos delgados, que no fuesen de seda, lo cual tambien habia de durar hasta el dia de las honras, i despues se habian de poner el alivio de luto correspondiente.”

La misma lei prohibió que “a las familias de los vasallos, de cualquier estado, grado o condi

1 cion que fuesen, sus amos se los diesen, o permi

tiesen traer lutos por muertes de personas reales, pues bastantemente se manifestaba el dolor i tristeza de tan universal pérdida con los lutos de los dueños.”

Pero entre todos aquellos sucesos reales, alegres o tristes, los que, despues del reconocimiento i ju

o

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