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eran motivos que hacian a muchos mirar con de: sa ado la conservacion del servicio personal. :r a trájica muerte del gobernador don García Oñez de Loyola acaecida en noviembre de 1598, i los desastroscs sucesos que fueron su consecuencia vinieron a robustecer esta opínion. . Muchos sostuvieron que si se quería evitar una ruina completa e irremediable, era menester apresurarse a abolir el servicio personal, oríjen prim cipal en su concepto de tantas i funestas desgra01as. . ~ . Era preciso variar de sistema. Ya no había fuerzas para tantos sufrimientos; ya no habia ‘ni dinero que gastar, ni sangre que derramar. ‘. .¿ ¡

II.

/

Estos discursos fueron a resonar en la corte d Lima, cuyo virrei tenia la díreccion superior de los negocios de Chile. ‘.¡

En 1604, don Luis de Velasco, marques de Sa¿ linas, entregó aquel alto cargo a don Gaspar de Zúñiga i Acevedo, conde de Monte Rei. ‘ . y

Al dar cuenta el Virrei saliente a su sucesor del estado de los asuntos de Chile, le llamó mui pair.s ticularmente la atencion sobre la guerra de Arauco i el servicio personal. ‘ .

El marques de Salinas espuso por lo largo al conde de Monte Bei cuántos eran los agravios que los encomenderos chilenos inferian a los indíjenas, i cuánto influia aquello para alentar a los arauca— nos en su obstínada resistencia

Le agregó que lo sabía por un testigo presencial i‘ mui fidedigno, el jesuita Luis de Valdivia, el cual habia ido en 1593 con el padre Baltazar Piñas i otros a fundar una .casa de su órden en Santiago de Chile, habia residído diez.años ‘en a&uelp&ís, i a la sazon era lector de teolojía "en :el‘ íefi0‘:de

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Lima. ‘ . . ¡.

. Aquella relacion causó profunda impresion enïil}

ánimo del nuevo virrei. . . Precisamente la guerra de Arauco era el negocio mas grave que por entónces tenía a su caí’ o, i uno de los que mas molestaban a la corte de ‘ s‘—í paña. ‘ '. Í Q . Así no desperdició oportunidad de ‘recojerÏ in.a‘ formes sobre el particular. ‘w “ Entre otros habló ‘con‘.:don Luis*de‘‘la Torre, protector de los indios de Chile, que había hecho viaje ex—profeso a Lima paras‘eclaïnarcontra lel

servicio personal, impuesto en contravencion de los .

reales mandatos, a los indíjenas, a quienes se hacía soportar toda especie de malos tratamientos, se les impulsaba de} este ¿ modo ia perseverarwenlla guerra' con gran p‘erj u‘icio íd‘el ‘ real. erario, wide‘ la‘ prosperidad pública. 7 ..f¿ . )‘ ‘>

Conferencióc también, cohnd‘efia nl¡tura‘l,[coii el padre Valdivia, ‘que le pintó ‘con1os mas vivos colores i toda especie de pormehores {laí miseria‘. condicion a‘ que estabanï reducidos los indios de Chílel‘ . ~./V ‘ I w

Por órden del virreí, el padre Valdivia redactó por escrito su relacion, llegando ecomo‘teólogb a la conclusion de ser caso gravísimo Íde‘ eoncienciá la conservacion del servicio personal. í_ï' ’~ ‘ ‘

El virrei consultó sobre la exactitud de loshe4 chos consignados en aquella relacion a don Alon—‘ so García Ramon, jefe mui esperto en los asuntos de Chile, donde habia militado con distincion muchos años, í cuyo gobierno . interino habia desempeñado por algunos meses, el cual se éncontraba entónces en Lima, no sé por qué motivo. ‘

García Ramon contestó que todo loespuesto por el padre Valdivia‘era verdadero.

El virreí, prescindiendo de estos informes, tenia asu vista, en Lima misma, una prueba viva, una prueba en carne i hueso, del tratamiento que se daba en Chile a los indíjenas: trescientos que se decian tomados en la guerra, a los cuales se habia marcado í llevado allá para venderlos como esclavos.

Establecidos los hechos, el virrei pidió su dictá— men sobre el punto de derecho a los teólogos mas insignesi a los jesuitas mas afamados del Perú.

Todos ellos estuvieron de acuerdo en que “atento que el servicio personal manifiestamente era injusto contra la libertad natural, los indios de guerra se exí‘mian de él justamente, i se defendían con título justo, pues viéndolo en los de paz, discreta‘niente entendian que sucedería lo mismo en ellos; i que habiendo cédulas de Su Majestad en quei lo habia mandado quitar donde quiera que habia quedado en Indias, reduciéndose a tributo i mitas, almodo del Perú, habia obligacion precisa a quitarle en Chile, no solo por.la injusticia que en sí tenía, sino porque los indios de guerra se desengañasen de pensar que ‘Su Majestad les hacía guerra con el fin de oprimirlos al dicho servicio personal”. ‘

. El conde de Monte Rei se encontraba tanto mejor dispuesto a aceptar este dictámen, cuanto poco tiempo antes desu llegada, se habia recibido una real cédula, fecha en Valladolid a 24 de noviembre de 1601, en la que el monarca ordenaba, quizá por la décima vez, que no se convirtieran en servicios personales los tributos que debian pagar las encomiendas.

Precisamente, hacia este tiempo, el gobernador €16¡Chile,don Alonso de Rivera, que se había. can sado sin licencia real con una dama chilena, fué en, qastigofle: su falta trasladado al gobierno de

Tucuman; i todavía habría ‘sido peor tratado, si no hubifilïan.sido los eminentes servicios. que habia prestado. . ~ . ‘ .

. d461 I’erú.ee aprovechó de la ocasion paraa:aonfiarivelnmando superior de Chile a don Alonso García Ramon, que, acomodándose al :fientmque ,soplaabm: ostentaba‘ sur reprobacior.l.del ¿sistema‘quei se.:sgguia en este país con ‘los 1ndí JfiMS.‘¿w‘> ?;\Ílíiífi ‘ . .' . ". í‘ .;‘ ‘ . .. ‘Antes.1_gie que el ‘nuevo gobernador partiera para Sidi deíitmo,mel 001}de ,piasó en; consulta el. grave aaurtm delitmtammntode los¿índims:de Ch1.le 1 de lfi.í¿gnem‘a, de ;A{6mq 9..m..xa junta deta«ltns persa— naaes,xaqcularesíl:eclefiuástms,l entre; los ‘.cuales; se encontraban‘ el‘ mismo García' . Bamon 1 el padre V3:MÁVÍ&L .‘: ‘ ..! ‘ :‘É‘ í.

r‘ ; Todos ellas decidieron que desde Í luego debía. declararse ab01ádo‘ el _‘servi;cio ‘ personal; pero‘ que 00m0; noí‘Sexiaï‘pzgudente‘ dej ar‘ repentinamente a. Ilm)m1msiti¿(a::(3hfle ehl. brazos para las industrias a.qne;ae‘ dedicaban, o para las operaciones domés— ilieas,-sei les concedíesen dos años a fin de que se 1‘>rocmafi&ïb trabajadores ‘ voluntarios;

Miéntras tanto, podría hacerse una .visita jeneral de1país‘para basar equitativamente los tribu— 130& q11edebian pagar los indios. ‘

. ‘ E1Mimreiordw.ó que se cumpliesen todos estos aouerdos.,i . ‘ ‘

‘‘‘ . III.

‘E1.goberhad0r García Ramon los recibió con

aplauso, diciendo que eran tan convenientes, como practicables.

Con esta disposicion de ánimo, se dirijió a su gobie no, en compañía del padre Valdivia.

l jesuita iba encargado de hacer llegar al conocimiento de los araucanos una carta en que el vírrei los perdonaba a nombre del soberano, asegurándolcs “que ya no se les tomarian sus mujeres para el servicio de las casas de españoles, i que pagar‘ian sus tributos de lo que cojiesen en sus tierras sin la ocupacion de sacar oro, i que a los que víniesen de mita, se les pagarian sus jornales”.

Pero aquellos dos personajes, que habian salido tan acordes de Lima, no tardaron en encontrarse de opiniones opuestas sobre el punto que tanto han bian ‘estudiado í debatido j untos.

García Ramon, cambiando de ideas por agradar a. los militares i encomenderos, se manifestó alta— mente favorable al servicio personal i al sistema de rigor contra los indios.

El padre Luis de Valdivia, miéntras tanto, recorría solo el territorio de Arauco anunciando a los indíjenas que el rei los perdonaba, i que en adelante, sus trabajos, cuando fuesen‘ necesarios, serian debidamente recompensados.

Mas los hechos desmentian sus palabras..

Muchos araucanos consíntieron en ir a la mita con la esperanza de recibir sus jornales; pero fueron indignamente defi‘audados. ‘ ‘

———Padre, decian con este motivo los indios a Valdivia, si los españoles dan de comer a lps; perros que ladran en sus casas en premio de su viji— lancia, ¿por qué no hacen igual cosa con los indíje— nas que salen a la mita? ‘ . 9

El jesuita no hallaba qué responderles.

Perdiendo la esperanza de hacer algo del'fprove

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