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a lo mucho que importa amparar i favorecer a los indios, i tambien mirar por la conservacion de esta provincia i españoles que con tantos trabajos la han sustentado i sustentan, que por una i otra par+ te están tan llenos de dificultades, como se colije de los dichos pareceres; i porque en todo cuanto les fuere posible, desean que los indios naturales de este reino entiendan el favor i merced que el Rei Nuestro Señor con gusto les desea hacer, considerando la variedad de estados de indios que hai en este reino, i que para con todos no conviene proveer una mesma cosa, porque unos son naturales de los términos i ciudades de Santiago i de otras de paz, í otros son guarpes de la provincia de Cuyo, i hai otros que se han desmembrado de sus repartimientos, i otros tomados en la guerra en tiempo del señor gobernador Rodrigo de Quiroga, a los cuales Su Majestad por una su real cédula mandó que como indios mitimáes sirviesen por diez años, i otros que en tiempo del señor goberna— dor Alonso de Rivera se tomaron en la guerra a los ‘que los dió por esclavos por pregon público; hai otros tomados en la guerra en tiempo del señor gobernador presente, a los cuales por una real cédula de Su Majestad se dan por esclavos; hai asimismo indios belíches en grande cantidad que se han bajado de las ciudades asoladas de arriba; hai asimismo otros indios que se han bajado de la ciudad de Chiloé a esta de Santiago que goza de mayor paz; en razon de todo esto, los señores presidentei oidores, juntas las dichas ordenanzas i vistas i consideradas con los pareceres dichos i lo que mas parecie— re conveniente, en el caso se podrá mejor tomar la

resolucion que el dicho señor presidente propone i

desea. I para que los dichos indios desde luego co— miencen a tener algun consuelo, entendiendo que con la fundacion de esta dicha real audiencia se les ha de guardar i hacer entero cumplimiento de justicia, siendo certificados que lo que mas sienten los dichos indios es el ver servir a sus mujeres e hijos, estando ellos apartados los unos de otros contra su voluntad, dijeron que mandaban i manda— ron que en todas las provincias de este reino i go‘ bernacion se quite el servicio personal de mujeres, así casadas como solteras, i de los varones menores de diez i ocho años, que es la edad en que están obligados a tributar conforme a las ordenanzasde Su Majestad, í que los dichos indios gocen con ‘la libertad de sus mujeres í los hijos menores de la dicha edad, sin que puedan ser apremiados a servír‘ a nadie contra su voluntad, i con ella en caso que sus maridos i madres la tuvieren‘ de que sirvan sea‘ haciendo asiento por un año con interven: cion del protector o de la justicia, pagando a‘ cada uno de ellos lo que se concertare por el tal año, ‘í curándolos‘en sus enfermedades, i que si las dichas indias i muchachos que en la forma dicha se asentaren a servir tuviesen voluntad de mudar amo, cumplido su asiento, o a prorrogarlo por mas tieií1po, lo puedan hacer por otro año i por todos los demas que quisieren, haciéndose la dicha prorroga» cion de año en año solamente, porque tengan liber— tad de poder mudar amo en caso que les esté bien. I mandaron que este dicho acuerdo í proveimieri‘ to Se pregone públicamente en la plaza i partes públicas de esta ciudad para que venga a noticia de todos, i que asimismo se libren provisiones, inserto este dicho acuerdo, las cuales se envien a los correjidores i protectores de las ciudades de este reino para que las hagan publicar, guardar i cumplir con toda puntualidad, poniendo en las dichas provisiones penas i apcrcibimientos al que no las cumpliere, i lo firmaron.—A lonso Garcia Ramon— Luís Merlo de la Fuente.—El licenciado Hernando

Talaverano.—El licenciado Juan Cajal.—Doctor Gabriel de Zelada”.

. Debe recordarse que don Alonso García Ramon habia sido uno de los que delante del marques de Monte Bei adoptaron con mayor entusiasmo las ideas del padre Luis de Valdivia.

Uno de los principales motivos que habia tenido el soberano para restablecer la audiencia habia sido el de que viniese a velar por el fiel i exacto cumplimiento de las leyes que prohibian el servi— cio personal de los indíjenas.

Sin embargo, como acaba de verse, ni el presidente, ni los oidores se atrevieron a obrar en ese sentido, limitándose a adoptar un término medio por el cual eXimian del trabajo forzado únicamente a los varones menores de diez i ocho años i a las mujeres.

La causa de semejante contemporizacion era indudablemente la tenaz i porfiada resistencia de los encomenderos a que se les privase de lo que ellos consideraban como el premio debido a sus grandes i costosos sacrificios para la sustentacion de la tierra de Chile. Ni el presidente, ni los oidores osaron provocar la indignacion i el profundo descontento de los principales vecinos i propietanos.

VII.

Conociendo el resultado obtenido, los firmantes de la solicitud a que la audiencia habia atendido solo a' medias, dirijieron entónces, por consejo del provincial Tórres, su solicitud al virrei del Perú don Juan de Mendoza i Luna, marques de Mon

tes Claros, que habia sucedido al conde de Monte Beí, i aun la elevaron tambien al monarca mismo.

I a la verdad, la indicacion fué oportuna, pues miéntras los unosi los otros sostenían en Chile con tanto acaloramiento sus encontradas opiniones, la cuestion se debatia bajo distinta forma en el Perú i en España.

El marques de Montes Claros habia adoptado las ideas de su antecesor el conde de Monte Rei sobre las causas i el remedio de los males que aflijian a Chile.

Habian influido no poco en esto las reflexiones de Luis de Valdivia, con quien naturalmente habia querido conferenciar acerca de la materia por el conocimiento práctico i personal que el padre tenia de aquellos asuntos.

De acuerdo con el jesuita, i por sus indicaciones, el virrei pensaba que la guerra de Arauco debia convertirse en meramente defensiva, fijándose una línea o frontera, la del Biobio, de la cual no has bian de pasar las tropas; i que era menester :abo— lir el servicio personal de los indios sumisos, procurándose su mejor tratamiento, para que el espec— táculo de su opresion no retrajese a los indíjenas independientes de consentir en la conversion í en la obediencia.

El monarca propuso el asunto a la deliberacion de una junta o consejo.

Siguióse entónces una disóusion por escrito entre el virrei del Perú que defendía su plan, i el gobernador García Ramon que lo rechazaba.

Despues de muchas notas cambiadas, el presidente, a principios de 1609, comisionó al capitan Lorenzo del Salto para que fuese a sostener ante la corte de Madrid la conveniencia de continuar la guerra ofensiva contra los araucanos, i de man

tener la servidumbre personal de los indíjenas sometidos; i el virreí, al padre Luis de Valdivia para que fuese a manifestar que debia seguirse una conducta enteramente opuesta.

El último, talvez por tener poca esperanza del buen éxito, debió oponer alguna resistencia para tomar a su cargo el negocio, pues el virrei se vió forzado a pedir al provincial de los jesuitas de Lima que se lo mandase bajo precepto de santa obediencia,

Pero si así fué, Valdivia hizo mal en atribuir demasiada importancia a temores quiméricos.

La corte acojió con benevolencia el proyecto, i no podia ser de otra manera.

Su primera parte, la de ¡reducir a defensiva la guerra de Arauco, no podia ménos de halagar al gobierno peninsular. Aquella lucha duraba ya medio ‘siglo sin ve‘ntaja alguna para los españoles. Léjos de eso, imp‘edia que el reino de Chile contri— buyese al‘sostenimiento de la monarquía, i por el contrario obligabaa un desembolso anual de mas de: doscientos. mil ducados, sin que se divisara tér# mino pará:un . gasto tan exhorbitante. Parecia ne— cesar‘io‘i ‘urjénte ensayar un nuevo plan. ‘

: ‘,Si1 segundaparte, la dela abolicion del servicio personal de los indíjenas sometidos, .habia sido la aceptada por el monarca’ desde un principio. La práctica contraria importaba una verdadera des— obedie‘ncia a la voluntad real. .

" : Así elïpadre Valdivia fué perfectamente recibido

N o.so‘lo se aprobaron sus indicaciones,‘ sino que se le ,colmó de distinciones.

‘ Felipe III, que reinaba a la sazon, quiso que fuera el ‘jesuita uien tomara la direccion de la pacificalciondel Chi . .

Afinde ‘revestirle de la dignidad necesaria pa

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