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sus casas a quien echar la carga i quien las sirva, í preguntó el estilo que pudieran tener para ejecutarlo. Díjole su pasion el cauteloso hombre, mezclada en la cudicia de la mujer liviana—Lo que habeís de hacer, le dice, es el reducirlas a mi gusto con dádivas, razones i agasajos, que aquí teneis ehaquiras, peines i listones.—Hízolo así la mujer con gran cuidado; i como eran sus conocidas, i desde niñas las habia criado, no fué dificultosa la conquista; redújolas a lo que Meléndez deseaba; i despues de tenerlas ya debajo, trataron de su viaje con efecto. Llegó nueva dos o tres dias ántes que se retiraba Ancanamon, i dijeron a las chinas que infaliblemente las habia de matar luego que llegase, porque ya traia malicia de su pecado í de la ofensa que le habian hecho, i que no habia mas remedio que ausentarse i seguir a la española, que se habia de ir la siguiente noche con él, porque todos corrían riesgo, les dijo el cauteloso mensajero. Con esto, las chinuelas temerosas, acusadas del pecado que contra su marido habian cometido, vinieron fácilmente en el concierto; í la noche siguiente, ántes de llegar Ancanamon dos noches, salió el embajador con la mujer i las chi—

‘ nas, i se puso otro dia en el fuerte de Paicavi. Es

te es el suceso a la letra, conforme a relaciones de españoles i capitanes antiguos, que por parecerme que la del cacique Ancanamon no estaba tan ajustada a la verdad, solicité con cuidado otros informes” (1).

A pesar de la repulsa que había esperímentado en el fuerte de Paicaví, Ancanamon, queriendo pro—bablemente agotar hasta el último recurso, envió

(1) Núñez de Pineda i Bascuñau. C’autivm‘o Feliz, discurso 2, capítulo! 11 i 12.

un mensajero al presidente Alonso de Rivera para anunciarle lo que sucedia i pedirle la debida reparacion.

Este mensajero encontró al presidente dirijiéndose a Paicaví en compañía del padre Valdivia.

Rivera contestó a Ancanamon “que viniese a tratar de la paz, i darla como tenia prometido, i que toda la comodidad que se pudiese, se le haría”.

Ancanamon, agrega don Alonso de Rivera, “no vino, ni envió ningun recado”; lo que se concibe mui bien, porque la respuesta evasiva del presidente no era propia para tranquilizarle.

———¿Qué piensan los indios de los padres jesuitas? preguntó Rivera al mensajero de Ancanamon.

—Tienen mui buena idea de ellos, respondió; solo les encuentran una cosa mala: que averiguan cuántos indios haí,i dónde están, i lo ponen por escrito.

Rivera dice al rei, aludiendo a esta conversa— cion: “no me acuerdo de si dijo que los tenían por espías, i que andaban procurando saber lo que habia en la tierra para que mejor se la pudiésemos ganar; i si él no dijo esto, hánlo dicho otros”.

Cuando Rivera i Valdivia llegaron a Paicaví, las mujeres fujitivas de Ancanamon pusieron en su conocimiento que los indios estaban preparados para matar a los misioneros, los cuales no debian por nada emprender el viaje proyectado.

Todos estos antecedentes hicieron que fuesen muchos los que auguraban un mal resultado dela mision en que se pensaba.

Luis de Valdivia permaneció, sin embargo, firme en su opinion.

“Una. de las cosas que mas animó al padre Luis de Valdivia a. enviar los padres, i a persg)adirse que no los matarian, dice al rei el presidente Rivera, fué el estar acá, las mujeres i hijas de Ancanamon, que por esta razon le pareció que el mayor daño sería tener ellos en empeño hasta rescatarlas” (1).

Despreciando todas las previsiones funestas, los padres Vechí, Aranda i Montalban entraron valerosamente en el territorio araucano para principiar la predicacion.

N o trascurrió mucho tiempo sin que esperimentasen el furor del implacable Ancanamon, que los e‘staba aguardando para satisfacer en ellos su sed de venganza.

El 14 de diciembre de 1612, los tres misioneros fueron martirizados con crudelísima muerte en el lugar de Elicura por una horda de bárbaros a quienes acaudillaba el iracundo i agraviado cacique.

Luis de Valdivia i otros escritores jesuitas han aseverado que la determinacion de hacer penetrar en Arauco, a los padres Vechí, Aranda i Montalban fué tomada de acuerdo con el presidente i todos los jefes militares, i mereciendo su completa aproba‘cion.

Don Alonso de Rivera lo ha desmentido formalmente.

Hé aquí lo que escribió al rei sobre el particular. ‘ . “Señor. Entendido he por cosa cierta de algunas personas fidedignas que han venido de la ciudad' de Santiago a ésta, i otras que lo han escrito, que en la congregacion que se hace de la Compade‘Jesus de aquella ciudad, se leyó un informe de mi viaje en la Araucanía con el padre Val

(1) Alonso de Rivera, Carta a Felipe III, fecha 17 de abril de 1613.

divía,í que dijeron que iba firmado de mi mano. Yo no lo creo; pero en esta duda, porque algunas personas lo afirman, ipor si acaso hubiere ido a ese real consejo, como por cierto me dicen lo han enviado, me ha parecido informar de lo que pasó, que es como sigue:

“El padre Luis de Valdivia hizo el dicho papel, í no lo quise firmar por causas que a ello me movieron de algunos encarecimientos que lleva,í aun circunstancias demasiadas, que no habia para qué escribirlas, ni convenía al servicio de Vuestra Majestad; í como pasó todo en mi presencia, vi el poco fundamento que habia para hacerlo, i por esto nadie lo firmó, ni dió parecer, ni se pidió para que los padres fuesen, si no es a mi; í como ya yo estaba en— terado de la determinacion del padre, i convencido de sus muchas razones i de sus cartas, que son las que Vuestra Majestad puede ver por las copias que envio con ésta, no le dije mas de que me parecia que no matarian los padres, pero que temia por cierto que los prenderían í que los desbalej arian. A esto me respondió el padre Luis de Valdivia que a eso habian venido acá, í que presos harían mucho fruto dando a entender a los indios la voluntad de Vuestra Majestad, í confesando a los cautivos, i haciendo otros frutos espirituales entre aquellos bárbaros. I despues que supo que eran muertos, anduvo su secretario pidiendo firmas en el campo a algunas personas; í segun fué público, í a mi me dijeron algunos de los que firmaron, les decia que yo mandaba que lo firmasen, í que lo tenía firmado, í no lo dejaba leer a nadie. De esto, no supe cosa ninguna hasta despues de hecho; í con esta cautela firmaron diez o doce; í despues que supieron que yo no lo habia firmado, ni mandado firmar, seque—

. jaron del engaño que les habian hecho, i pidieron que querían ver lo que habian firmado;i así se les leyó el papel en público; i aunque algunos quisieron que se quitasen sus firmas, no se hizo, porque ya estaba en poder del padre. Despues se dijo que este papel se habia leido, como digo, en la congregacion para dar a entender que el haber enviado los padres a tierra de guerra no fué por parecer solo del padre Luis de Valdivia, sino que yo i todos los que lo habían firmado fuimos del propio; í certifico a Vuestra Majestad que todos a una voz decian, al tiempo que los padres fueron, lo que sucedió, iyo lo que arriba digo, i esta es la verdad puntual. He querido avisar a Vuestra Majestad de ello por si acaso hubiera ido otra relacion contraría de esta. Nuestro Señor la real persona de Vuestra Majestad guarde con el aumento de mayores reinos iseñorios, como la cristíandad lo ha menester. Concepcion de Chile, Octubre 25 de 1613.—Alomo de Rivera”.

XII.

Segun el informe que el oidor don Cristóbal de la Cerda pasó al rei en 1621, el primer movimiento de Luis de Valdivia al recibir la infausta nueva del asesinato de los tres jesuitas fué el de la mas furiosa indignacion contra los feroces indíjenas que habian cometido tan sangriento e injustificable atentado.

Hé aquí sus palabras:

“Habiendo llegado la nueva al ejército de Vuestra. Majestad de la muerte que en Elicura habian dado a los tres padres de la Compañía el dia siguíente al en que los entregó i publicó haber asen

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