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bernador i capitan jeneral de las provincias de Chile, i presidente de mi audiencia real que en ellas reside. He sido informado que habiendo llevado órden de mi vírrei de las provincias del Perú, en virtud de la que tuvo mia, cuando me fuistes a servir en esos cargos, para quitar el servicio

ersonal a los indios i entablar la tasa, no lo hageis puesto hasta agora en ejecucion; i porque esta es la cosa mas sustancial de vuestro gobierno, i que tanto importa para la pacificacion de esas provincias, í que los indios de ellas estén sujetos, os mando ejecuteis lo que os está ordenado precisa

. ípuntualmente, pues siendo este el fundamento

sobre que carga la esperanza de los buenos efectos, si no se comienza por ello, será imposible que se consiga. Fecha en Madrid a 25 de julio de 1620 años.— Y 0 el Rei.—Por mandado del Rei Nuestro Señor, Pedro de Ledesma”.

“El Rei. Don Lope de Ulloa i Lémos, mi gobernador i capitan jeneral de las provincias de Chile, presidente de mi audiencia real que en ellas reside. He sido informado que sin embargo de estar prohibido í ordenado que no se den encomiendas

de indios por dejaciones, ha llegado esto a tanto

desórden de algunos años a esta parte, que, como quien compra i vende, va el que quiere los indios al que los tiene, i se concierta con él por cuanto ha de hacer dejacion de ellos, o de alguna parte, i que de ordinario es dar por treinta indios dos mil reales de a ocho, i en estando concertado, el comprador procura favor con el que gobierna por negociacion de criados o allegados suyos, a quienes da algunas cantidades, i otras veces por amistad, isaca títulos de encomiendas de los indios que ha concertado, í se sirve de ellos como de esclavos, con que no se premian los que me sirven en esa guerra; í porque todas estas provisiones de encomiendas con las dichas cautelas i trazas son indignas de vuestra persona i gobierno, i averiguadas sereis castigado severísimamente, os mando no proveais ninguna encomienda si no fuese por vacante real i natural, guardando las cédulas sobre esto dadas, poniendo la clausula ordinaria de que lleven confirmacion mia dentro de cuatro años, por escusar el mal ejemplo i daño de las partes, que resulta de lo contrario, i porque los poseidos tengan la depen— dencia que es justo de mi persona, i se sepa cómo i en quiénes personas son proveidas las encomiendas, isi con ellas se remuneran los servicios de los beneméritos, o se proveen en los que no son dignos, o por sola nuestra voluntad; i pues la principal causa de vuestro gobierno consiste en estorbar el servicio personal i otras molestias a los indios, vivireis con particular desvelo de informaros de lo predicho i por todas las vías posibles si los indios son cargados o molestados con los dichos servicios personales, i procedereis en la causa con tanto rigor i demostracion, que sirva de castigo a los culpados i ejemplo i satisfaccion a los mismos indios; 1 para mayor j ustificacion i satisfaccion de mi real conciencia, me enviareis una relacion con acuerdo de esa audiencia i su fiscal de cómo habeis ejecu— tado todo lo sobredicho, de manera quese tenga entendido en mi gobierno de las Indias el verdadero estado de cada cosa. Fecha en Madrid a 25 de julio de 1620 años.— Y 0 el Rei.—Por mandado del Rei Nuestro Señor, Pedro de Ledesma”.

A pesar de todo, las murmuraciones de los militares i encomenderos continuaban.

Para reprimirlas, el padre Valdivia tocó entónces, segun don Cristóbal de la Cerda en un informe que ya he citado, el arbitrio de hacer que la audiencia i la inquisicion promulgaran penas “para que ninguno hablase contra la guerra defensiva”.

Sin embargo, no lo logró, i esto por una razon mui sencilla. Todos sus esfuerzos eran impotentes para conseguir que los araucanos se estuvieran quietos sin atacar.

El mal resultado de su sistema era el grande argumento que alentaba a sus adversarios.

XV.

Corrieron así diez años desde que el padre Valdivia habia tomado a su cargo la pacificacion de Arauco; i como los buenos efectos no se veian, la. corte comenzó a desconfiar del éxito.

Para conjurar la tempestad que se estaba preparando, Luis de Valdivia formó la resolucion de ir a dar cuenta en persona al soberano de lo que habia sucedido.

Con este objeto se embarcó para España el año de 1621.

El implacable don Cristóbal de la Cerda, en el furibundo informe que por aquel tiempo escribió contra el padre Valdivia, asegura que llevaba, no solo el intento mencionado, sino tambien otro mas egoísta..“Como deja aquello en el último trance, decia, no quiere correr el comun trabajo en que deja.a todos, sino sacar gloria de cualquier desastre, i que se diga que si él estuviera presente, no sucediera.”

El padre fué mui bien recibido en la corte; pero sus indicaciones no fueron oídas con el mismo favor que ántes.

Se le ofreció un puesto en el consejo de Indias, i tambien un obispado, honores que el jesuita re

husó; el rei le obsequió una buena suma de dinero para que adquiriese una biblioteca; pero ya no se le habló de sostener a todo trance su plan de la guerra defensiva.

Luis de Valdivia comprendió la variacion que habia sobrevenido en las ideas i en las resolucio— nes, í se retiró al convento_que su órden poseia en Valladolid.

Allí le visitó el padre Alonso de Ovalle poco ántes de su muerte, acaecida el 5 de noviembre de 1642.

“Aunque se veia tan dolorido i impedido, que no podia dar un paso, refiere este historiador, le abrasaba el celo de las almas de aquellos indios de Chile, de manera que habia hecho voto de volver allá; í pidiéndome que le llevase conmigo, me facilitaba las dificultades del camino, de tal suerte que le parecia probable el emprenderlo, i ya se juzgaba en una de aquellas iglesias catequiz‘ando, como solía, aquellos jentiles”. i

“Se recreaba grandemente de’hablar de los progresos de aquellas misiones, agrega, í que le diesen nuevas de lo que los nuestros trabajaban;i tenia tan entera la memoria, que me admiraba de oírlo cuán presentes tenía las cosas, los nombres, sitios, lugares i personas que concurrieron en tiempo que fundó aquellas misiones, que es señal del amor que siempre les tuvo por el que tenía a Nuestro Señor i celo de las almas” (1).

XVI.

Por cierto es altamente landable el entusiasmo que el padre Luis de Valdivia moribundo mostra—

(1) Ovalle, Histórica Relací0n del reino de Chile, libro 8, capítulo 24.

ba por las misiones que habia fundado en Arauco; pero doloroso es confesar que, a lo que parece, sus resultados estuvieron mui léj os de corresponder al celo i a las esperanzas del ilustre misionero.

Hemos visto que las fuerzas de las armasi el empleo de la violencia no impusieron a los araucanos la sumision al rei de España.

Creo que esta es la ocasion de manifestar que el establecimiento de las misiones no produjo tampoco ningun efecto de mediana importancia.

Se habia aguardado que ellas dieran abundantes i sazonados frutos; pero por desgracia no sucedió así.

Por lo que puede colejirse, uno de los motivos que influyeron para ello fué la mala organizacion i calidad de la sagrada milicia, que, segun aparece, era tan indisciplinada como el ejército.

I esto lo dicen los contemporáneos mas caracterizados desde el monarca abajo.

Léamos sus testimonios.

“El Bei. Don Antonio de Isasí, caballero de la

órden de Santiago, mi gobernador i capitan jene— ‘

ral de las provincias de Chile, i presidente de mi audiencia de ellas (1). Don Juan Henríquez, vuestro a‘ntecesor en esos cargos, en capítulo de carta de 10 de febrero del año pasado de 1673, representó la falta grande‘ que habia en ese reino de operarios evanjélícos para la enseñanza i doctrina de los indios, pues los mas que habian dado la obediencia desde que él entró a gobernarle, que pasarían de treinta i ocho mil quinientos i veinte í cuatro, repartidos en setenta provincias, estaban sin bautismo, ni quien los instruyese en los_Ïmisterios de

(1) Este fué un gobernador nombrado para Chile, a quien la muerte impidió llegar a su destino.

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