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nuestra santa fe; i propuso que para ocurrir a esta necesidad, se enviase una mision numerosa de frailes irelijiosos de la Compañía de J esus. I ahora, don Juan de la Peña Salazar, oidor de la audiencia de esas provincias, en carta de 19 de noviembre del año pasado de 1677, con posdata del 19 de marzo de 1678, refiere, entre otras cosas, que es tan sobrado el número de relijiosos i clérigos que hai en ese reino, que le parece que aunque se redujesen todos los naturales dél, sobrarian ministros operarios evanjélicos respecto de los muchos conventos que haí, i ser tan copioso el número de relijiosos de ellos, que necesitan para mantenerse de andar en chácaras í estancias; i que si fuesen menester algunos para el efecto referido, sería de grande ahorro i conveniencia que se llevasen de las provincias del Perú por haber en ellas muchos relijiosos, que podrian ir sin hacer falta a sus conventos. I habiéndose visto en mi consejo de las Indias, con lo que pidió mi fiscal en él, í considerando cuán opuestos están estos dos informes, i lo mucho que conviene asistir con todo cuidado a la doctrina i enseñanza de esos naturales, ha parecido remitir esta matería al obispo de la iglesia catedral de esa ciudad de Santiago para que como quien la tiene presente, vea sí hai necesidad de enviar misioneros a esas provincias, o si es cierto que los hai en ellas tan sobrados, como dice don Juan de la Peña, i que habiendo número suficiente, disponga con vuestra comunicacion que, así los clérigos seculares, como los regulares, acudan con mui particular cuidado a; la enseñanza i doctrina de los indios, ejercítándose en la predicacion, i administrando los santos sacramentos, i que en caso que falten misioneros, los pida al vírrei del Perú, de que se os da noticia

para que por vuestra parte pongais todo vuestro . ‘ 23

desvelo i aplicacion en que se ejecute lo referido, cuidando mucho de la educacion i enseñanza de los naturales de esas provincias, i que sean instruidos en las cosas de nuestra sagrada relijion pa— ra que vivan con el verdadero conocimiento de ella, sobre que os encargo la conciencia, descargando la mia; i si para ello fuese necesario suplir algunos gastos de mis cajas reales, os doi todas las facultades necesarias para que os valgais de ellas en lo que fuere preciso para conseguir el fin que se desea del bien de las almas de esos naturales, que por cédula de la fecha de ésta, ordeno al virrei del Perú que si el dicho obispo le pidiese algunos misioneros, los haga remitir con toda brevedad, concediéndole tambien facultad para que pueda suplir de mis cajas reales el gasto que en esto se causare; i de lo que en virtud de este despacho Se ejecutare, me dareis cuenta. Fecha en Madrid a 12 de julio de 1687.— Y o el Rei.—Por mandado del Rei Nuestro Señor, Francisco B. de Madrigal”.

Resulta del informe del oidor don Juan de la Peña mencionado en la precedente real cédula, que habia en Chile gran número de eclesiásticos, pero que andaban mas por las estancias i chacras, de lo que se ocupaban en la conversion de los arau— canos infieles.

Siendo así, no era de estrañar que las misiones

fueran tan poco numerosas, como estériles.

Don Pablo Vásquez de Velasco, fiscal de la audiencia de Chile, elevó al rei con carta de 28 de setiembre de 1690 un informe del maestre de campo Jerónimo de Quiroga, en el cual, hablando de los araucanos, aseveraba éste: “que los que se decian cristianos de muchos años de bautizados se hallaban en la. misma barbaridad, que si no lo es‘ tuviesen”..

Antes de presentar otros documentos que confirman los testimonios de Peña i de Quiroga, voi a hacer conocer, para no alterar el órden de las fechas, una real cédula, de la cual.aparece que el provincial de los jesuitas en Chile, no solo testíficaba el poco adelantamiento de las misiones de la Compañía en Arauco, sino que tambien declaraba que ellas solo podian prosperar bajo la proteccion del ejército. .

¡Cuán lejano estaba ya el tiempo en que el padre Valdivia, lleno de fe en la eficacia de la predicacion, rechazaba con indignacion todo lo que se asemejaba al empleo de la fuerza para atraer a los indíjenasl

“El Rei. Mi gobernador i capitan jeneral del reino de Chile i presidente, de esa real audiencia. En carta de 22 de agosto de 1719, representais el poco fruto que se consigue por medio de las misiones en órden a introducir en esos indios la fe católica, pareciéndoos inútiles todos los que a este efecto se ponen, si no se reducen a vida sociableí practicable esos naturales, como lo están jeneralmente en las Indias, en pueblos formales con iglesia i justicia, como se podría conseguir plantíficado con formalidad ese ejército, i asistido con los situados anuales íntegros, i con la asistencia del reverendo obispo de la Concepcion i de sus mismos misioneros; con cuyo motivo se ha tenido presente lo que sobre el mismo asunto me han representado el mismo obispo i e1 provincial de la Compañía de ese reino, í se reduce a manifestar el po— co adelantamiento de las misiones de la Compañía por la falta de situados, de que resulta no estar puesto en forma ese ejército, por cuyo motivo se podia atajar el orgullo de los indios bárbaros, i hacerse las entradas con las escoltas conce

didas, reduciéndolos a poblaciones, respecto de lo cual he tomado (sobre consulta de mi consejo de las Indias) la resolucion, i dado la providencia que entendereis por el despacho aparte, í conduce a que con puntualidad se remitan íntegros los situa4 dos a ese reino, con que se podrá poner en defensa de :las invasiones de enemigos, i asistir a estas Inisio‘nes con las escoltas que necesitaron para hacer sus entradas; i así lo tendreis entendido ara dar toda la providencia que convenga para e logro de tan importante fin; pero advirtiendo que así éstas como las reducciones a pueblos para que no anden dispersos, ha de ser atrayéndolos con la suavidad

í medios prevenidos por leyes, sin violentarlos, ni

hacerles guerra, atendiendo a la puntualobservancia de lo que en cuanto a estos puntos está preves

nido en las leyes 8, 9, 10, í demas del libro 3,ti— ‘

tulo 2 de la Recopilacion de Indias, que tratan de este asunto, dándome cuenta de lo que resultare. De Lerma a 18 de diciembre de 1721.— Y 0 el Rei.—Por mandado del Bei Nuestro Señor, Don Juan de Arana”.

Un informe dirijido al soberano por uno de los oidores de la audiencia de Santiago nos ha hecho saber que el número de los relijiosos secularesi regulares que habia en Chile a fines del siglo XVI era mui considerable; pero que la vida mundana que llevaban los apartaba de la predicacion, ique esta era una de las causas del poco provecho de las misiones de Arauco en que tantas esperanzas habia cifrado el padre Luís de Valdivia.

Pues bien, en la mitad del siglo XVII, aquel estado de cosas era el mismo, o peor.

Es el soberano quien va a decírnoslo con su autorizada palabra:

“El Bei. Don Domingo Ortíz de Rózas, tenien—

te jeneral de mis reales ejércitos, gobernador i. ca, .

pitan jeneral del reino de Chile, i presidente real audiencia que reside en la ciudad de Santia‘‘ o, Con motivo del encargo que por mi real cédu— de19 de junio de 1747, hice a los vírreyes, au—. diencias, gobernadores, arzobispos, obispos i de— mas personas que en ella se espresan para que 00—‘ mo se‘previene en la lei la, titulo 14, libro 19 de La, Recopilaci0n de esos reinos, diesen cuenta de los relijiosos que habia en ellos, i de los que se ejercitaban para la reduccion i conversion de los ín— dips jentiles, se ha puesto en mi noticia ser mui difícil ‘averiguar a punto fijo el número de relijioses. existentes en el distrito de esa audiencia por la omision que se ha tenido en la práctica de la lei 2 del referido título i libro; i que intentándose ho,i su observancia, habia de producir la novedad de‘algunos inesperados efectos, por atribuirse los regulares mas independencia de la que por dere— chodebem gozar, ihaber tanta copia de ellos, que despues de llenar los conventos de su habitacion, SQÜI‘BJI para las campañas, haciendas i otros luga— res, iparticularmente para los asientos de minas,‘ en donde se encuentran con frecuencia, i no pequeño‘perjuicio de la quietud i causa pública, por no observarse la lei 4, título 12 del citado libro, por lo&}ue no podia llegar el caso de ser necesarios rehjiosos para esos reinos; i el santo fin de predi— car, enseñar i propagar el evanjclio entre los infie— les, que es mi principal anhelo, es el mas olvida— do en esos dilatados dominios, donde absolutamente se reconoce adelantamiento alguno en la materia, haciéndoseme presente con este motivo que en el año de 1736, arribaron a esa ciudad dos relijiosos del órden de San Francisco del Colejio Apostólico de ‘misioneros, los cuales cojieron copiosísimos fru—

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