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dicion social de los indíjenas, i acerca de las opiniones que habia sobre la materia.

Don Pedro Machado de Cháves fué de parecer “que atento a los grandes agravios que reciben los indios, i que la real tasa de 1622 no se observa, si no es en las cosas perjudiciales a los indios, i ella tiene tantas contrariedades, que ha sido imposible su ejecucion, porque los indios son mas molestados que ántes que se quitase el servicio personal, que se cumpla i ejecute la real cédula de 14 de abril de 1633, i paguen los indios el tributo en jéneros de la tierra, como Su Majestad manda; i que para que los tercios salgan a hacer sus mitas con mas comodidad, la mitad de los indios de los pueblos se reduzcan a ellos, i la otra mitad queden rejimentados en las estancias de sus encomenderos;i que de los indios que así se reduzcan a los pueblos, se hagan tres tercios, i cada uno sirva cuatro meses solo para las facciones públicas, i si sobraren algunos indios, los reparta el gobernador a personas pobres, como no salgan diez leguas al rededor del pueblo, i que los otros dos tercios se ocupen en hacer sus sementeras; i ni esta real au— diencia ni el gobernador puedan dar decretos para sacar ningun indio de dichos tercios, aunque se alegue causa lejítima; i que de los indios que quedan en las estancias, se hagan otros tres tercios, i cada uno sirva a su encomendero cuatro meses 1 descanse ocho; i los otros dos tercios remuden al otro; i de los indios cojidos en la guerra, que llaman yanaconas, se hagan tres tercios, í quedándose en las estancias de sus encomenderos, sirvan— por tercios cada uno cuatro meses, i se muden los otros, descansando ocho; que a los indios se les dé de jornal dos reales el verano cada dia, i uno imedio el invierno; i a los maestros de oficio, seis el

verano, i cuatro el invierno; i a los oficiales, tres i dos; que los indios reservados, aunque hayan estado rejimentados mas de veinte años, sirvan i estén donde quisieren; que los indios sirvan a quien quisieren, i ningun encomendero pueda tomar en su casa mas que tres indios con su voluntad; que quien azotase indio o india, o le quitare el cabello, aunque sea por mui justa causa, sea condenado en quinientos pesos; que los correjidores no traten ni contraten, ni tengan viñas ni estancias ni grandes casas en sus correjimientos, pena de privacion de oficio, i de quinientos pesos, iperdimiento de lo que así tratasen, i de las haciendas que tuviesen; que los administradores no los nombre el gobernador, sino los mismos encomenderos a su riesgo, idén fianzas; que no se saque oro con indios, ni se labren minas de cobre, ni se beneficien con ellos, ni se naveguen barcos en Coquimbo con ellos; que atento a que se les quitan a los habitadores de este reino tantas comodidades para vivir, se manden ejecutar las ordenanzas que el cabildo de esta ciudad hizo el año de 1630 sobre la reformacion de los tales por ser conforme a cédulas i leyes reales; que los indios paguen mas tributo a sus encomenderos, conviene a saber: once patacones, los veinte reales para el cura, un patacon para el correjidor i protector, i los siete i medio para el encomendero; los oficiales tributen los veinte reales para el cura iel uno para el correjidor i protector; los maestros, quince patacones en la misma forma de todos los cuales; i de los demas advertimientos que convienen al bien de este reino, i conservacion i buen tratamiento de los naturales de él, dará a Su Señoría un discurso con su voto consultivo en rejistro en que da las razones i fundamentos de su voto”. Don Jacobo de Adaro fué de parecer que se ob

servase la real cédula en todo, ménos en lo sustancial, esto es, “en cuanto a la absoluta reduccion que se manda hacer de los indios a los pueblos i a la paga de los tributos que en dinero, frutos i especies se manda hacer, hasta que Su Majestad, en vista de los pareceres que se han dado, i de lo que Su Señoría, como quien tiene la cosa presente le propusiere í representare, otra cosa ordene í mande, por los grandes i notables inconvenientes que de su absoluta ejecucion se pueden seguir, así en la guerra, como en la paz, los cuales Su Majestad, previniéndolos, manda que en caso que los haya, se sobresea en su ejecucion i cumplimiento, i se le dé cuenta de ellos para proveer lo que mas conve 0a en ello”.

on Cristóbal de la Cerda fué de parecer “que se quite el servicio personal; i que, atento que la cédula real i las demas despachadas en favor de los indios, el fin principal de ellas es ampararlos en su libertad, í que gocen de ella; i que de hacer— se las reducciones contra su voluntad, sería impedir su libertad, i asimismo en necesitarlos a que paguen el tributo en frutos de la tierra, queriendo pagar en jornales, es de parecer que los indios que quisieren quedarse en las estancias, chácaras o casas de españoles, se queden en ellas, sin necesitarlos a que se reduzcan a sus pueblos; i que el tributo lo puedan pagar en jornales, no queriéndolo pagar en frutos de la tierra, porque de lo contrario se seguirían, demas de frustrarse el fin de la dicha cédula real í quitárselés su libertad, los grandes inconvenientes que la esperiencia ha mostrado” (1).

( 1) Libro de votos de la Audiencia de Santüzgo de Chile, acuerdo de 7 de marzo de 1634.

El cronista Tesillo, jeneralniento mui exacto í bien informado, nos hace saber cuál fué el resultado a que por entónces se llegó en aquel gravísi' mo negocio, que afectaba a tan vitales i opuestos intereses.

“Tenia órden don Francisco Lazo de comunicar estas cédulas (la de 4 de abril de 1633) con la real audiencia, cabildos i personas desinteresadas, dice; íentre todos se movió monstruosidad de pareceres, i parecia se iba imposibilitando la ejecucion, .o embarazándose la materia. Confirióse muchos dias con suma fatiga, i al cabo se resolvió la libertad de los indios, suspendiéndose el servicio personal con ciertos gravámenes que se verán en la nueva tasa que se hizo; allende que todo ello fué de poco efecto, porque las cosas se quedaron en el mismo estado que ántes, por haber criado aquel daño raíces tan hondas, que nunca se le hallará el remedio” (1).

IX..

En rigor, puede decirse que la guerra de Arauco devoraba a Santiago.

Así no era de estrañarse que el deseo de la paz fuese jeneral, i mui vehemente.

La corte de España no estaba ménos impacienv te por obtener1a.

El reino de Chile, en vez de producirle, como los otros de América, le hacía gastar cada año la suma de doscientos doce mil ducados, o sean dos— cientos cuarenta i dos mil pesos fuertes, en el pa

(]) Tesilln, Guerra de (Jh1.le; causas de su dur acitm; advertencíaspa» ra sufin, año de 1634.

go del ejército de dos mil veteranos, que se veia obligada a mantener.

“Porque, como sabeis, consiste la reduccion de aquellos indios (los araucanos) a nuestra santa fe católica en su pacificacion, cosa que tanto deseo por el bien de sus almas, decia el rei al presidente marques de Báides en cédula de 17 de diciembre de 1638, os encargo que teniendo presentes vuestras obligaciones, apliqueis para ello todo vuestro celo, desvelo, i cuidado, i dilijencia, sin perdonar ningun trabajo, ni medios que se os ofreciesen para conseguir cosa que tanto importa, así a los habitantes de aquella tierra, como al beneficio espiritual de los indios, i es necesaria para evitar los excesivos gastos que se hacen de mi real hacienda con la continuacion de aquella guerra”.

Conforme a las instrucciones del monarca, i a los deseos de todos, i aprovechándose del cansancio que un tan largo batallar habia producido en los araucanos, el presidente don Francisco López de Zúñiga, marques de Báides, les hizo aceptar el año de 1641 en el parlamento o conferencia de Quillin la paz, entre cuyas principales condiciones se comprendian la de que aquellos esforzados indíjenas no serian reducidos al réjimen de las encomiendas, la de que ausiliarian para rechazar cualquiera invasion estranjera i la de que los españoles podrían reedificar sus antiguas poblaciones.

Esto era lo que se habló i lo que se escribió; pero lo que se pactó de hecho fué la independencia mas o ménos completa de los araucanos.

Esta paz fué jeneralmente bien recibida; pero hubo muchos que la consideraron ignominiosa, pues los españoles, sobre haber tratado de poten

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