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cia a potencia con los indios, habian tenido que garantírles su tan amada libertad (1).

X.

Apénas los chilenos comenzaban a gustar las

dulzuras de la paz despues de tan dura. i costosa guerra, cuando vino a perturbarlos un nuevo í serio sobresalto. . Chile, ien jeneral, todos los establecimientos españoles en la América, habian sido molestados, no solo por la resistencia de los indijenas, sino tambien por las sorpresas i saqueos de los corsarios ingleses i holandeses.

Al principio, unos i otros pensaron solo en conquistar el mas rico i abundante botín que pudiesen.

Pero pasado algun tiempo, los holandeses concibieron el proyecto de quitar a los españoles,‘ aborrecidos enemigos de su fe i de su patria, algunas de las posesiones americanas, de donde éstos sacaban recursos para hostilizarlos tan cruel i encarnizadamente.

Los holandeses emprendieron en 1598 su primera espedicion contra las provincias o reinos del mar Pacífico a las órdenes de Jacobo Mahu i Si— mon de Cordcs.

Aquella armada, compuesta de cinco naves, no arribó al mar del Sur hasta fines del año siguiente, i esperimentó los mayores desastres.

Sus dos almirantes Jacobo de Mahu i Simon de Cordes perecieron.

Un cronista nacional, Santiago de Tesillo, ha

(1) Villarreal, Informe a Fernando VI, número 44.

conservado el recuerdo de las desgracias que cada una de esas cinco naves sufrió en las costas de Chile.

Apénas pasaron el estrecho de Magallanes, fueron separadas por la fuerza del viento.

Una de ellas, dice Tesillo, “fué a tomar puerto en la isla de la Mocha, que es de indios neutrales, pensando hallar refresco en ella, como el que nos dan a nosotros, siempre que allí asondan nuestros navios. Hallaron estos estranjeros mui jentiles lanzadas; porque aquellos isleños, reconociendo ser moros güinoas (así los llaman) se pusieron en arma; i de cincuenta holandeses que saltaron en tierra, en dos lanchas con dos piezas de bronce, no dejaron ninguno vivo; i quedándose con las lanchas i artillería, le entregaron uno i otro al cápitan Francisco Hernández Ortiz, que el año siguiente tomó puerto en aquella isla.

“El segundo navio de estos cinco tomó puerto en Lavapié, arriba de Arauco; i de los que saltaron en tierra a tomar agua, se escaparon los que se quedaron en las barcas.

“El tercero dió fondo en la isla Quiriqueña, que está en frente de la Concepcion de Chile. De esta isla se llevaron tres españoles, que despues los echó en la costa del Perú. .

“El cuarto llegó al puerto de Valparaíso, de la ciudad de Santiago; i saliendo la jente de ella con su capitan i correjidor Jerónimo de Molina, a defender la tierra, mataron i prendieron todos los del navio; i apoderándose de él nuestros españoles, se remitió al virrei que a la sazon gobernaba. .

“El quinto i último tomó puerto en la isla grande de Chiloé, donde está fundada una ciudad de españoles llamada Castro, i se apoderó de ella el

enemigo, i de todas las mujeres, matando los hom

bres. Allí estuvo fortificado hasta que por tierra (que estaba toda de paz) llegó el coronel Francisco del Campo, soldado de grande opinion, que con ciento i cincuenta hombres desalojó al enemigo, que estaba fortificado, con pérdida de treinta ho— landeses, imuerte de once españoles” (1).

Tesillo ha dejado de consignar un hecho mui curioso que tuvo grande influencia en los proyectos futuros de los holandeses; pero otro escritor del mismo tiempo, el padre agustino frai Miguel de Aguirre lo ha conservado en el libro titulado: P0blaci0n de Valdivia.

Los indíjenas de Castro en la isla grande del archipiélago de Chiloé prometieron al jefe de los holandeses que allí desembarcaron “darle título i vasallaje de rei para cuando volviese a apoderarse de aquella tierra” (2).

Verémos luego que los holandeses olvidaron que los indios de Chile por lo j eneral los habian recibido en las puntas de las lanzas, i no se acordaron mas que de la buena acojida de los de Castro.

La segunda espedicion holandesa, dirijida por Oliverio de Noort, quemó en 1600 las pocas embarcaciones que halló en el puerto de Valparaíso.

La tercera, capitaneada por J orj e Spilbergen, vino en 1614, i bombardeó el mencionado puerto.

Aun ántes de que esta espedicion volviese a Holanda, los holandeses, “habiendo esperimentado cuán peligroso era el dilatado i tortuoso estrecho de Magallánes, que eombatido con la violencia de vientos contrarios, ofrecia, mas que pasaje seguro, funesto sepulcro a sus navios, dice el contemporáneo

(1). Tesíllo, Guerra de O’hílc; causas dc su duracíon; advertencia: pam mfin, año de 1635. (2) Aguirre, Poblam‘on de Valdivia, párrafo 1, número 7.

frai Miguel de Aguirre, i solo con las conjeturas que dieron escritas José de Acosta í Juan Botero de que al lado siniestro del estrecho de Magallánes habia en mayor altura otro estrecho ménos estrecho, i mas seguro pasaje para el mar del Sur”, enviaron el año de 1615 a reconocerlo i demarcarlo dos navios i un patache bien artillados, de que fueron cabo i almirante Cornelio Scontum i piloto mayor Jacobo de Maire, peritísimo en el arte náutica,í mui práctico en las costas orientales i occidentales.

Efectivamente, aquellos marinos descubrieron un pasaje mas breve i seguro, a que se dió el nombre de Maire por su descubridor, de donde se apartaron despues de haber puesto a un monte en que remataba una cordillera eminente, situado hacia la parte de oriente: Cabo i rcjion de los estados de Holanda, i a la ribera contraria: Costas de Mauricio de N assaa.

En aquel tiempo se consideró que semejante procedimiento de dar a las tierras i mares denominaciones jeográficas revelaba proyectos de conquista (1).

En 1623, tuvo lugar a las órdenes de Jacobo L’Heremite la cuarta espedicion holandesa al Pacífico, la cual estuvo a punto de enseñorearse del Callao i de Lima.

XI.

Miéntras tanto, allá en el Atlántico, los holandeses lograron sentar pié en el Brasil, que a la sazon pertenecia a España como dependencia del Portugal, conquistado por Felipe II.

(l) Aguirre, Poblacíon de Valdivia, párrafo l, número 15.

Divulgóse por entónces el rumor de que los holandeses intentaban hacer otro tanto en la rejion donde se levantó la ciudad de Valdivia, arruinada en 1599 por los araucanos.

Esta noticia produjo mucha alarma, tanto en España, como en América.

Léase lo que el soberano escribió en cédula de 18 de mayo de 1635 a don Luis Jerónimo Fernández de Cabrera, conde de Chinchon, su virrei del Perú.

“De mucho tiempo a esta parte, se ha recononocido cuán importante es fortificar el puerto de Valdivia, de las provincias de Chile; i habiéndose ahora tratado de ello con ocasion de la poblacion que los holandeses pretenden hacer en las costas del Brasil, i j uzgándose sería posible que a vuelta de ello, intentasen apoderarse del dicho puerto con notable daño i perjuicio de todas esas provincias, mandé se viese todo lo que en la materia se me ha escrito, así por los virreyes vuestros antecesores, como por los gobernadores de aquel reino. I siendo así que uniformemente todos convienen en que se fortifique el dicho puerto, i que hoi insta la necesidad mas que nunca por la ocasion referida, habiéndoseme consultado por los de mi junta de guerra de Indias, he resuelto que se haga la dicha fortificacion; i así os encargo que con particular cuidadoi desvelo, atendais a lo que a esto toca, mirando por la defensa del dicho puerto, i comenzando luego a disponer la dicha fortificacion”.

El monarca daba en seguida al conde de Chinchon instrucciones sobre la manera i forma como debia realizarse aquella obra.

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