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XII.

Con motivo de esta real dcterminacion, se discutieron entónces mucho, tanto en el Perú, como en Chile, las probabilidades de la ocupacion de Valdivia por los holandeses.

Unos consideraban el proyecto mui posible de ejecutarse; otros completamente impracticable.

El presidente de Chile don Francisco Lazo de la Vega estaba entre los primeros; el virrei del Perú, conde de Chinchon, entre los segundos.

Veamos como espone esta discusion el maestre de campo don Santiago de Tesillo.

“Este año de 1635, andaban mui vivas las plá— ticas de la poblacion de Valdivia, sobre que habian venido órdenes del rei al conde de Chínchon i don Francisco Lazo, para que el primero las ejecutase con comunicacion del segundo; i este negocio era en aquellos dias el batallon sobre que se traian grandes conferencias, que se ajustaban mal con la division de estas dos cabezas, habiéndola tambien en sus dictámenes. Era el del conde que no convenía la fortificacion, teniendo por infructuoso el gasto; i don Francisco Lazo, por el contrario, tenia hecho empeños en el consejo con apretados informes. Advertian las órdenes reales se buscasen medios i arbitrios donde se sacase el gasto de esta fortificacion, o personas particulares que se encargasen de ella por mercedes justas; pero no se hallaba entrada a ninguna cosa de éstas, i sentía el conde haberse de sacar el gasto de la hacienda real, que era lo que últimamente se le mandaba, caso que en lo primero no hubiese lugar” (1).

(1) Tesillo, Guerra de 0híle; causas de su duracícm; advcrlmcias para sufin, año de 1635.

El conde de Chínchon contestó al rei por carta de 14 de abril de 1636 que la fortificacion de Val— divia era “de poca utilidad”.

Mas el monarca, que pensaba de mui distinto modo, se limitó a decirle secamente por cédula de 2 de abril de 1637 “que cuando acá en España se vió lo que en, razon de la defensa de Valdivia, os envio a mandar, se miró con toda atencion; i así espuesto esto, i que conviene asegurar aquel puerto, no se ofrece que deciros mas de que cumplais lo ordenado con la brevedad que la materia pide”.

El presidente don Francisco Lazo de la Vega, que habia formado una opinion mui diferente a la del conde de Chinchon, denunciaba al soberano la lentitud de éste, i su oposicion a la medida, con tanto enfado, i espresiones tan fuertes, que se atraia una severa reprension. Véanse las palabras que el rei le escribia sobre el particular en carta de 3 de abril de 1637. “En cuanto a lo que decis de lo mucho que conviene se fortifique el puerto de Valdivia, no se ofrece que deciros mas de que, como sabeis, lo tengo resuelto así; i ahora envio a mandar a mi virrei del Perú cumpla con efecto lo que en razon de ello le tengo mandado. I por que para dar a entender vuestro sentimiento en esto i otras cosas, usais de razones con demasiadas ponderaciones, sin considerar que la intelijencia de si conviene o nó una cosa estará en el sentimiento de quien tiene diferentes pareceres, me ha parecido advertíros de ello para que os modereis í escríbais solo vuestro sentir con la templanza que debe tener un ministrode vuestro puesto”.

Tesillo, quien sin embargo por error o inadvertencia refiere solo al año de 1635 todo lo que precede, va a seguir esponiendo de qué manera el conde de Chinchon ejecutó lo que de nuevo se le mandaba.

“Esto de la fortificacion de Valdivia, dice, se fué difiriendo algun tiempo hasta que con segunda órden (la espedida en 2 de abril de 1637) se apretaron las pláticas i las dificultades en el Perú, re— solviéndose el conde despachar a Valdivia un bajel, i a don Francisco de Quiros, cosmógrafo ma— yor i capitan de fortificaciones, con órden de que sondease i demarcase aquel puerto, i las partes mas necesarias i convenientes para hacer las defensas con planta ajustada, i que, habiéndolo ejecutado, bajase al puerto de la Concepcion para conferir la materia con el gobernador. Ejecutólo i pasó al Perú; informó al conde; i de este informe, resultó hacer acuerdo jeneral, i en él se declaró: que respecto de haberse hecho en el reino del Perú todas las dilijencias que se mandaban hacer en órden a esta fortificacion, i no haberse hallado personas que se encargasen de ella, ni arbitrios de donde sacar el costo, se cometia la ejecucion al gobernador del reino de Chile para que la hiciese por los medios que las cédulas reales espresaban. Confieso injenuamente que al pri— mer lance penetré el ánimo del conde, conociendo que solo su prudencia podia encaminar el negocio por aquel camino para diferirle i dar tiempo para. que con él se tomase nueva resolucion en España con mejor conocimiento de la materia”.

Despues de esto, Tesillo espresa el juicio perso— nal que habia formado en el asunto.

“N o digo yo que el enemigo de Europa no entrará en Valdivia. porque eso fuera error, supuesto que lo puede hacer, siempre que entrare en este mar del Sur. Empero sí, digo que no lo tengo yo a él por tan ruin soldado, que resuelva fortificarse

en Valdivia, habiendo tantas razones que contra— digan su conservacion i permanencia, porque no solo no es apropósito aquel puerto para el designio del enemigo, sino inútil. Yo he deseado averiguar qué fundamento pueda haber tenido esto del ene— migo i de Valdivia; pero no le he hallado mas orí— jen que haberlo dicho el vulgo, autor clásico, grande soldado. I la mas colorada razon del vulgo es que el enemigo rebelde de tierra se aunará con el de Europa, i que de esta union resultarán todos los inconvenientes que se previenen. Asentemos, pues, esto por imposible; i que lo posible i lo seguro será que si hubiere esta union, durará lo que tardare la ocasion de pasar a. cuchillo el rebelde de Chi— le al de Europa; i que si este último es soldado, ha de andar siempre la barba sobre el hombro i las armas en la mano, aun cuando mas seguridad le parezca hai en su union, porque es cosa ridícula pensar otra cosa, ni que el enemigo de Chile se podrá conformar con otro, no teniendo cabeza ni constancia, palabra ni reputacion; ántes tantos reveses i tan insaciable codicia, que buscaría mil ocasiones de cebarla; i no sé yo que sean de mejor calidad los estranjeros, que los españoles, para que el enemigo de Chile se conforme con ellos, si en el discurso de tantos años no lo hemos podido conseguir, habiéndonos valido de tantos medios suaves i cristianos (que no hai que negar— lo); i yo creo que en su estimacion de este rebelde, tenemos mucho mejor lugar los españoles, que los estranjeros” (1).

A continuacion, Tesillo invoca en apoyo de su opinion la conducta que los indios habian observa

(1) Tesillo, Guerra de Chile; causas de su duracian; advertencias pa— ra sufin, año de 1635.

de con los holandeses en la primera espedicion que éstos emprendieron a las costas del Pacífico; í que yo he referido mas arriba, empleando las propias palabras del escritor mencionado.

Pero Tesillo ignoraba, alo que parece, que no todos los indios habian recibido a los holandeses en las puntas de las lanzas; í que los de Castro, verbigracia, habian ofrecido al caudillo de los estranjeros reconocerle por rei.

Sin duda, hablando en jeneral, los índíjenas no tenían por qué hacer mucha diferencia entre los españoles i los holandeses; í de seguro, habrían re— chazado la dominacion de los segundos con la misma enerjia í constancia con que habian rechazado la de los primeros. . ‘

Pero si el sometimiento de los araucanos a los holandeses, o una union duradera entre los rebeldes de Chile í los de Europa, como los llamaba Tesillo, era bien difícil, no sucedia lo mismo con una alianza temporal, mas o ménos larga, que era mui fácil de hacerse, í que si se hubiera realizado, habría puesto a los españoles en inminente riesgo de perder todo Chile, i en poco tiempo.

La posibilidad de que aquellos indómitos indíjonas, que ya.por si solos ponían en conflicto a los conquistadores, formasen liga con los enemigos esteriores de España era uno de los gravísimos inconvenientes que ofrecia para la metrópoli la prolongacion de la guerra de Arauco. .

El principal embarazo que podia apartar a los holandeses para concebir í ejecutar el proyecto de la ocupacion de Valdivia era la inmensa distancia a que los encargados de llevarlo a cabo habrían quedado del centro de sus recursos.

Sin embargo, esta dificultad se habia allanado

mucho con su establecimiento en el Brasil.

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