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que se debe estar de su mal natural i poca firmeza en lo que ofrecen, dándoos la mano para esto con el gobernador de Chile, i procurando en todo la mayor seguridad que fuere posible; que al dicho gobernador le ordeno que por su parte os asista en lo que le comunicáredes, estando con las mismas advertencias. I porque quiero saber qué jénero de fortificaciones se han puesto en el dicho puerto de Valdivia, de qué calidad i capacidad, con qué guarnicion i artillería, i qué costo tendrá cada año el mantenerlo, os mando que en la prímera ocasion me envieis una relacion de todo con la mayor particularidad, claridad i distincion que fuese posible para que en la dicha mi junta de guerra haya la noticia que conviene. De Madrid a 2 de diciembre de 1648 años.— Y 0 el Rei.—Por mandado del Rei Nuestro Señor, ])0n Gabriel de Ocaña i Alarcon”.

XIX.

Desmintiendo tan lisonjeras esperanzas, la ese periencia trajo grandes desengaños.

Entre otros motivos, la desmoralizacion administrativa que viciaba en la sustancia el sistema colonial impidió que la repoblacion í fortificacion de Valdivia produjese todos los buenos resultados que se habian aguardado.

Por carta de 28 de febrero de 1733, el presiden

te don José de Manso representaba al soberano los

inconvenientes de que aquella plaza estuviera sujeta en lo militar al gobierno del Perú, i no al de Chile.

El primero que mencionaba era el de no poder disponer de su guarnícion para atacar a los arau

canos cuando éstos se encaminaban a asaltar las fronteras de la provincia de Concepcion.

‘“El segundo, i de mas importancia, agregaba, se termina a la conservacion de aquella plaza como antemural de estos dominios, cuya pérdida ocasionaria los mas irreparables daños i la total ruina delPerú, para lo que fué fundada, i para lo que en el estado presente poco sirve, por desprevenida, a causa de que los gobernadores de ella no la tienen en defensa por no atender a esto, i poner toda su aplicacion a sus particulares intereses, i que por el modo con que éstos se adquieren, no se aumentará jamas aquella poblacion. El medio mas comun de que crezcan las ciudades í los reinos es el comercio, i éste ningun particular lo puede hacer allí por ser peculiar del gobernador todo el de maderas i tablas en que abunda, í de que carga el gobernador los navios que arriban con el situado, i en que ningun vecino puede entender por estar prohibidos jeneralmente hasta del embar— que de una caja. Los mantenimientos, vino, aguardientei pesca, ninguno puede vender, ni hacersin su condescendencia, la que solo se estiende a seña— lados. Los soldados que regularmente sirven en aquel presidio son los que por delitos se remiten a él, que sirven mas al gobernador, que a Vuestra Majestad, de cuya cuenta es la paga con el sueldo. Hacen los cortes de maderas i tablas con tasa de las que cada uno debe dar al dia, de lo que resul— ta que los ratos de descanso que el órden militar da a los soldados no gozan. Los que tienen oficio lo ejercen en servicio del gobernador sin jornal fijo, i cuando mas se les gratifica con tan poco, que nunca puede tener ni remota equivalencia. Un barco que Vuestra Majestad mantiene en aquel puerto para su arraez i jente en número de la de

la plaza se ocupa en ir i venir a la provincia ‘de

‘ Chiloé a la Conduccion de tablas (que por‘comer

cio adquiere‘en ella el gobernador), de que asimismo resulta la desesperacion en que puede con— templarse aquella‘guarnicion, í cüáuespuesta está aquella fortaleza a una entrega, si sucediese que en su puerto anclasen dos o mas navios enemigos, i prometiesen la libertad de todos tan apetecida, i mas de jente hostigada, ique por su naturaleza baja i viciosa se inclina a la maldad. Se estiende a los indios el comercio, o como el vocablo natural lleva, cone/taco de ponches; i no me admira de que se haga, pero es arduo se ejercito Conjéneros que el desvelo de los gobernadores de estereino tiene tan prohibidos, como es fierro, espuelas, frenesí otras cosas que me aseguran corren‘ sin reparo, donde podia hacerse el mayor, supuesto que con estas especies facilitan el manejo de los caballos, único asilo de su defensa i medio dela hostilidad que siempre dificultará su conquista, i lesserá. ocasion asu insolencia. En el parlamentolos‘vi proveidos, i oí jeneralmente lo que espresó; iau‘nv que me hice cargo de que en aquella frontera no faltan trasgresores, no serán muchos, porquetie— nen para sus conchavos el j énero en gran manera apetecido de los indios, que es el vino, ídolo que celebran en sus embriagueces, i dejará inútiles los efectos de cualquier proyecto que mire a¿establé— cer estas jentes en Cristiandad i policía. Allí es ár+ bitro.de las vidas aquel jefe, pues sus sentencias de muerte se eje‘cutan sin apelacion‘ ni súplica‘, contra la regla que Vuestra Majestad tiene dada en las Indias para la determinacion de las causas de los soldados; a que se añade otro no despreciable mal que va a este reino, i es que los malcontentos del presidio,i quizas los peores, si logran la fuga (en que a todas horas piensan) se acoj en a los in

dios, i son los que les ministran los mas nocivos

consejos i malquistan el gobierno de los españoles. He entendido por voz pública todo lo espresado; i si no todo contestase con la verdad, lo mas se conformará con ella, por el argumento que tengo por irrefutable, deducido de la gran comodidad con que se retiran los gobernadores en cinco años con solo tres mil pesos de sueldo, de que satisfacen los empeños tan costosos causados en su trasporte, se mantienen, i les restan cincuenta, sesenta, setenta o ochenta mil pesos por fama pública, utilidad que ninguna suerte de comercio lícito puede dar en tan corto tiempo, haciéndose con el empeño de los soldados, con los jéneros espresados; i al tiempo de la paga i distribucion del situado, le recojen, i es la mayor parte suya, cuyas ropas remite a este reino a su apoderado”.

A consecuencia de la esposicion precedente, el monarca, por cédula de 17 de setiembre de 1740, ordenó que el gobernador de la plaza de Valdivia quedase subordinado en lo jurisdiccional al presidente de Chile, quien “podría socorrerla con brevedad i facilidad en cualquiera acontecimiento de invasion de enemigos, u otro accidente de los que suelen ofrecerse”.

La plaza continuaba sujeta a la superintendencia del virrei del Perú “en lo que miraba a las asistencias del situado i demas jéneros de que necesitase aquel presidio para su socorro”.

El soberano mandó ademas que se formasen reglamentos destinados a evitar los fraudes i abusos que se habian denunciado.

¿Se consiguió?

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