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CAPITULO II.

LOS INDIJENAS I LOS CONQUISTADORES DE CHILE.

Repartimientos de los indíjenas de Chile que hizo Pedro de Valdivia.— Tratamíento que les dieron los conquistadores.—Estraordinarïa dis— minucion de la poblacion indíjena.—Primer alzamiento de los ara — canos.—Distribucion de nuevas encomiendas practicada por Villagra. —Provídencias de don García Hurtado de Mendoza. relativas a. en— comiendas—Proceso formado a los araucanos por el licencíado Henera.

I.

He procurado ofrecer un cuadro jeneral de la condicion de la raza indíjena en la época colonial. Conforme al plan que he estado siguiendo, paso ahora a confirmari aclarar la materia, investigan— doen particular‘lo que sucedió en Chile.

Cualquiera que, entre otros documentos primitivos de la historia de América, haya leido las cartas o relaciones que Pedro de Valdivia dirijió al emperador Cárlos V, conocerá al punto (porque aquel capitan los espresa con todas sus letras) cuáles fueron los móviles que impulsaron a los conquistadores españoles del nuevo mundo: el servicio de Dios, el servicio del rei, el servicio de sí

mismos. Venian a procurar la conversion de los indíjenas al catolicismo, a asegurar su sometimiento al soberano de España, i a buscar qué comer.

' Los dos primeros objetos son mui fáciles de comprender. .

Pero ¿qué llamaban buscar qué comer?

Poseer indios para hacerlos trabajar, especial— mente en la esplotacion de minas.

Era este el principal aliciente que atraia a los españoles; era este el principal recurso de que se valían los caudillos para alistar bajo sus banderas capitanes i soldados.

Apénas entrados en Chile, Valdivia i sus compañeros se informaron sobre el número de los habitantes para calcular de cuántos podría disponer cada uno segun su rango.

Los indios a quienes interrogaban les contestaron, sin saber bien lo que decian, ser mucha la poblacion de la comarca que se estendia hasta el Maule. ‘

Los españoles lo creyeron, tanto porque aquello les halagaba el deseo, como porque fué mui larga la lista de los nombres de los caciques, que, segun los indios, rejian el país.

Valdivia, ansioso de complacer a los suyos, procedió, sin entrar en mas indagaciones, “porque así convino para aplacar el ánimo de los conquis— tadores”, a lo que confiesa él mismo, ahacer una distribucion aproximativa de indios imajinarios entre sesenta i tantos vecinos de la recien fundada ciudad de Santiago.

De igual modo se portó con los de la Serena, a quienes, segun las palabras de Valdivia, repartió indios “que nunca habian nacido” por no declararles desde luego que sin la debida recompensa iban a nuevos trabajos despues de tantos como habian soportado.

Pero los conquistadores de Chile no eran hombres de contentarse con encomiendas imajinarias, o siquiera poco numerosas.

Pedro de Valdivia deseaba ardientemente que el soberano prolongara el territorio de su gobernacion hacia el sur cuanto tuviera a bien, hasta el mismo estrecho de Magallánes, si era posible.

Para conseguirlo, exajera indudablemente en sus relaciones a Carlos V la escasez de la poblacion que habitaba la parte septentrional de Chile, así como los cronistas i contemporáneos de la primera época habian de ponderar mas tarde el exceso de la misma poblacion.

La esperiencia, segun Valdivia, no tardó en manifestar que desde Copiapó hasta el valle de Aconcagua solo habia así como unos tres mil indios, de modo que a cada uno de los diez vecinos primitivos de la Serena solo tocaron ciento o doscien— tos indios.

Esto hacía temer al gobernador Valdivia que habría que abandonar aquella poblacion, por útil que fuera, si detras de la cordillera de la nieve, no se descubrian indios para aumentar aquellos repartimientos.

La misma esperiencia, siempre segun Valdivia en sus relaciones al emperador, trajo luego una nueva i amarga decepcion.

Aquellos caciques cuya larga lista enumerada por los indíjenas del Mapocho habia alucinado a los compañeros de Valdivia tenían bajo su dependencia solo unos veinte o treinta individuos. ¡Eran unos pobres miserables!

Valdivia aseguraba al monarca que desde Santiago hasta el Maule no habia indios mas que para veinte i cinco vecinos a lo sumo.

Agregaba que esta conviccion le habia causado una penosisima impresion, porque no habia dado de comer, esto es, no habia todavía distribuido indios, aunque fuera en el papel, a doscientos de los hombres que habian seguido su bandera de conquista; pero que esa conviccion habia sido tam—. bien uno de los poderosos estimulos que le arrastraron a esplorar la rejion austral hasta mas allá del Biobio.

Tenia que encontrar indios a toda costa, i eso le impulsaba a marchar adelante sin reparar en nada.

El resultado de sus eorrerías le llenó bajo este aspecto de satísfaccion.

La tierra de Arauco se le presentó mui poblada, “mas poblada que la Nueva España”, alo que afirmaba.

“Tengo esperanza en Nuestro Señor, escribia con la mayor complacencia a Cárlos. V, de. dar en nombre de Vuestra Majestad de comer en ella a mas conquistadores que se dió en Nueva España e Perú; digo que haré mas repartimientos que hai en ambas partes, e que cada uno tenga mui largo e conforme a sus servicios i calidad de personas”.

Alentado con aquella tan buena í tan poblada tierra que habia descubierto, se‘ apresuró a reducir a la mitad las . encomiendas que habia creado entre el Mapocho i el Maule, reservándose dar de comer, i mui bien, con los indios de Arauco, a los vecinos que quedaban desposeidos por esta provi— dencia.

El gobernador empleó su acostumbrado proce— dimiento de distribucion en globo para repartir los araucanos entre ciento veinte i cinco conquis— tadores.

I todavía sobró un gran número para acomodar a otros, pues, segun las‘palabras de Valdi

v

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