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XII.

El pésimo resultado que habia obtenido excitó en el mas alto grado la indignacion del presidente Guill i Gonzaga contra los araucanos.

Sintió en lo íntimo del alma que aquellos heroicos indíjenas le habian humillado, i lo que todavía era peor, que tenian humillada, hacía siglos ya, a la altiva i poderosa nacion española.

Aquello era profundamente indecoroso, insoportable; no podia tolerarse por mas largo tiempo.

Era preciso a toda costa hacer un esfuerzo supremo para poner fin a tamaña afrenta.

Don Antonio Guill i Gonzaga lo espresó así sin ambajes, en una carta que dirijió al rei en 19 de mayo de 1767.

"Lo que conviene a Vuestra Majestad, a su real erario i a la quietud i conveniencia del reino, le decia, es hacerles guerra hasta sujetarlos a perpetua obediencia, o aniquilar a los rebeldes, sacándolos a todos de sus tierras i distribuyéndolos por el reino, especialmente por las provincias de Coquimbo, Copiapó, Guasco i sus despoblados, i distribuyendo a las mujeres i párvulos por las haciendas del reino, de modo que no lleguen a unirse i congregarse, ni quede familia de ellos en sus propias tierras, que, siendo las mas fértiles i ricas de minas, se pueblen inmediatamente de españoles para que no les permitan la entrada a los indios.

“Confieso injenuamente que el perseguirlos en el caso presente hasta darles el golpe solo serviria de darles a conocer nuestras fuerzas i poner escarmiento a su osadía; pero no sería remedio en lo futuro para la sujecion de estos bárbaros, i que siempre se continuarian sus novedades con mucho

via, para

gasto i costo de la real hacienda; i en caso de atacarlos, habia de ser a un tiempo por la Concepcion o su frontera, por Buenos Aires i por

Valdilo que sobra jente en estos países, i solo se necesitan fusiles, pólvora i balas, i que el virrei contribuya con los caudales i ausilios necesarios; porque de atacarlos i perseguirlos por la frontera solo resulta que si los indios conocen superiores nuestras fuerzas, se retiran a lo interior de las cordilleras, o pasan a Buenos Aires, a donde no pueden llegar estas milicias, o por razon del tiempo de invierno, que a ellos les es favorable, o por falta de caballos i víveres; i si al mismo tiempo fuesen atacados por Buenos Aires, se verian estrechados a entregarse como súbditos, o a morir como rebeldes.

"Meréceme, Señor, este pensamiento, que tengo bien premeditado i reflexionado, el ver que há tantos años se mantiene esta jente indómita, sin obediencia i sin freno, i que cada dia va tomando aumento en sus individuos, i mayores fuerzas en armas i caballos, que adquieren de los nuestros por medio de sus contratos que llaman conchavos, i que llegando a tanto estremo la multitud, cuando se quiera sujetarlos, será imposible, i antes quedarán los españoles i este reino bajo del yugo i servidumbre de los indios, i pondrán la lei que quisieren; i si alguna vez se ha de procurar contenerlos hasta llegar a su esterminio, ahora era la ocasion de dar principio a este proyecto.

“Es costumbre establecida que todos los presidentes i gobernadores en el primer viaje que hacen a la frontera hagan parlamento con los indios, que se reduce a exhortarlos a la paz con los españoles i obediencia a Vuestra Majestád; i para esto se gastan ocho o diez mil pesos en mantener las

milicias que se llevan para contener su traicion, mantener los indios el tiempo que dura el parlamento, i regalar a cada uno baston, sombrero, cortes de calzones, tabaco, añil i abalorios; i esto que de parte de Vuestra Majestad se llama agasajos, ellos lo reciben como tributo i gabela; ci es posible, Señor, que se ha de permitir no solo el gasto, sino tolerar el vilipendio de que los indios blasonen. de que se les da tributo i paga por la

paz, cuando Vuestra Majestad puede a poco costo sujetarlos a verdadera obediencia i vasallaje?

“Del ramo del situado se aparta en las cajas de Concepcion cada año cierta cantidad, que se llama ramo de agasajos, para contribuir a los indios siempre que se les antoja a los caciques bajar a la Concepcion a visitar al capitan jeneral, o dar alguna queja al maestre de campo. Esta es otra especie de tributo que se les paga, por donde tienen mayor engreimiento, pues por el mas leve perjuicio que reciben de algun español, inmediatamente piden pagas, que si no se las dan, hacen mérito para levantarse; i del mismo modo se practica por la parte de Valdivia”.

Èl sistema que proponia el presidente Guill i Gonzaga de hacer salir fuera de su territorio a todos los araucanos, i diseminarlos por toda la estension del reino era mas fácil de esponerse en una carta, que de ejecutarse, aun cuando fuese a la cabeza de un ejército.

Los araucanos, que se comian a sus hijos por no rendirse, o que los vendian para proporcionarse armas con que pelear, no eran hombres que pudieran ser tomados a manos, i arreados fuera de sus tierras como ganado.

El presidente Guill i Gonzaga lo debia saber demasiado por esperiencia propia.

Los españoles tuvieron, pues, que seguir pagándoles la especie de tributo que tanto costaba a su orgullo, i que seguir corriendo el riesgo de

que el ejemplo i las insinuaciones de los indíjenas indómitos diesen brios a los de encomienda para intentar un alzamiento jeneral, que habria puesto a los conquistadores en serios conflictos.

XIII.

I mas de una vez, no solo en los primeros tiempos, sino tambien en los últimos de la dominacion española, faltó poco para que esto de la insurreccion en masa fuese una terrible realidad.

La ocupacion de Chile por los españoles contaba ya cerca de dos siglos; i todavía la actitud imponente de los araucanos mantenia inquietas todas las poblaciones indíjenas, aun las sometidas, i amenazaba a Santiago misma, la capital del reino, el centro del poder metropolitano.

Ahora parece increíble; pero sin embargo el hecho es que muchos años despues de la época mencionada, los vecinos de la gran ciudad fundada por Pedro de Valdivia temblaban de que los araucanos penetraran en sus rápidos corceles hasta la plaza principal.

La noticia de que venian los indios producia el espanto, no solo en las indefensas villas de la frontera, sino en la misma guarnecida Santiago.

Va a leerse lo que la audiencia comunicaba al rei en 5 de enero de 1779.

“Señor. Vuestra audiencia de Chile, movida del mas ardiente e infatigable celo por el servicio de Vuestra Majestad, i estimulada al mismo tiempo de la estrecha obligacion que le impone la lei 49, título 15, libro 2 de la Recopilacion de Indias, se

acerca reverente al trono para dar parte a Vuestra Majestad de un suceso que, aunque desde luego no ha tenido resultas del mayor momento, puede en lo sucesivo atraer algunas sensibles consecuencias, de que sería en algun modo responsable la audiencia, si con un silencio reprensible las ocultase a la benéfica i paternal atencion de Vuestra Majestad, dedicada incesantemente al amparo i mayores prosperidades de sus vasallos.

"Hace mas de dos meses, que empezaron a esparcirse voces en esta capital relativas a varias pequeñas correrías que hacian los indios, penetrando por algunos boquetes de la cordillera, e introduciéndose a robar ganado vacuno i caballar de las haciendas con gravísima estorsion de sus dueños i considerable perjuicio del comercio de este reino. Por el discurso de este tiempo, ha continuado el mismo rumor con mas o menos viveza, pero sin intermision, adelantándose algunos a asegurar que los indios se habian pasado la flecha (que es la señal para su reunion), i que meditaban hacer una irrupcion jeneral, a cuyo fin iban abandonando la frontera, i corriendo la cordillera para atravesarla por parajes desconocidos e indefensos.

“Aunque la audiencia solo puede informar a Vuestra Majestad vagas jeneralidades por el misterio impenetrable que ha observado el gobierno en estas materias, contempla, sin embargo, que estos recelos de una invasion jeneral pueden ser mas bien ilusiones que forma un imprudente miedo, que conjeturas probables fundadas en la actual política constitucion que tiene el reino. Igualmente se persuade que habrán sido exajeradas las relaciones del mucho ganado que se dice haber llevado los indios en estas entradas; pero no obstante, el vivo clamor de las provincias, i principalmente de

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