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El guardián del colegio apostólico de misioneros franciscanos de Nueva Guatemala informa á S. M. sobre el estado de las reducciones y conversiones que están á cargo del referido colegio.—Año de 1797 (0.

'Señor=En cumplimiento de la cédula de 21 de Marzo de 1787, sobrecartada en 23 de Abril de 1796, que en testimonio me comunicó el Vro. Presidente de esta R.1 Audiencia, dirijo con el más profundo respeto á V. R. P. el plan adjunto que formé con arreglo á las últimas relaciones de los Padres Misioneros que se ocupan en las conversiones de los pueblos de Indios que de presente administra este colegio, en conformidad de su instituto y de las piadosas intenciones de V. M.

En los cuatro pueblos se ha procurado establecer el Idioma Castellano, poniendo al intento todo el cuidado posible, y le hablan los Indios, entendiendo cuanto se les dice y dejándose entender en lo más común y necesario; de suerte que se confiesan y repiten claramente la doctrina Cristiana, sin embargo que usan también las lenguas nativas y por lo regular las transfieren á sus hijos, del mismo modo que se verifica en las Montañas; mas no por eso están escasos de instrucción en lo tocante á nuestra creencia, sino que saben lo suficiente para recibir Sacramentos y practicar actos de religión, asistiendo á los oficios divinos, oyendo Misa con frecuencia, rezando todos los días el Rosario de nuestra Señora la Virgen María, confesando y comulgando algunas veces al año, señaladamente en el tiempo de Pascua Florida y Natividad de los Santos del nombre de cada uno.

En los dichos pueblos viven los Indios sin superstición ni errores; entierran sus muertos religiosamente, hacen

(1) Archivo General de Indias.—Estante 101, cajón 1, legajo 22. ofrendas de Plátanos, Pijibai, Cacao y otros frutos el día de la conmemoración de todos los difuntos y los Lunes del año en que se acostumbra cantar responso por las ánimas del Purgatorio. Muchos trabajan con diligencia para que se les digan Misas y Responsos después de su muerte, criando con ese obgeto Marranos, Gallinas y otros animales domésticos, y ya ha habido Indio que deje ocho reales en plata con este piadoso destino.

Los Misioneros les enseñan á leer el Castellano, y el latín á los que se destinan para Sacristanes y cantores; pero son mjy raros los Indios que aprenden á escribir. A las mugeres se les enseña á Texer, coser, lavar, cocinar y servir en los demás oficios comunes de las casas, y ninguna se aplica á leer.

La Política de estos pueblos es casi la misma que se observa en los otros del Reyno que están ya plenamente Civilizados. Hay Gobernadores, Alcaldes, Regidores, Fiscales y demás empleos subalternos, que se mudan anualmente por elección pública celebrada el día 1.° de Enero, formalizándose el acto y escribiéndose en un libro todas las elecciones, salvo la del Gobernador, cuyo empleo confieren los Padres Misioneros al Indio más despejado y dura por el tiempo que les parece conveniente.

Por medio de estos Ministros se castigan los delitos, señaladamente el adulterio, el robo y otros desórdenes graves que trastornan el buen gobierno, conmensurando á cada vicio las penas de azotes, zepo, trabajos públicos y otras arbitrarias que se juzgan oportunas para la.corrección y enmienda. El estrupo ó acceso á Muger virgen lo miran los Indios con horror, y aunque se comete raras veces lo castigan con más severidad, quizá atendiendo á los efectos, pues entre ellos la Muger corrompida casi siempre persevera despreciada, de manera que ninguno quiere recibirla por Esposa.

En consideración á esto los Padres naturales solicitan con gran desvelo colocar sus hijos en matrimonio luego que tienen edad competente para celebrarlo, ajustando los contratos con igualdad y conveniencia de los hijos; empero sin privarles de la libertad, antes bien siempre se acuerdan con ellos, interviniendo en todo el P. Misionero para que nunca se verifique opresión ni violencia, á causa de ser los Indios tan reverentes á sus Padres, que perseveran bajo de su potestad después de Casados y Velados, por lo que jamás sería conveniente contratar los Matrimonios sin esta intervención.

Los varones de estos pueblos se dedican á la labranza de los Campos y hacen sus Milpas particulares, no obstante que siembran de comunidad para el sustento de los Sacerdotes, de los Huérfanos, Viudas y Enfermos, consultando de tal modo al adelantamiento que nunca se siga perjuicio á todo el pueblo ni se deje de beneficiar á los particulares en lo preciso. Algunos se destinan para herreros y carpinteros, que son los oficios más indispensables entre ellos; otros se aplican á la Música y aprenden á tocar Guitarra, Violín, Violón y Marimbas, únicos Instrumentos de que usan en las fiestas y funciones eclesiásticas á que son bastante afectos, de manera que nunca ha faltado un competente número de Cantores y Músicos en los tres Pueblos, aunque en Luquigüe jamás se ha conseguido que los haya, quizá por rudeza ó desaplicación, no obstante que los Indios en general son hábiles é industriosos para todos los oficios y para el comercio.

En los tres primeros pueblos se exercitan en sacar Mastates, beneficiar la Resina del Copé, hilar Pita, hacer mochilas y riendas para frenos de caballo, con cuya industria comercian, vendiendo y revendiendo otros efectos que adquieren de los Indios de la Montaña y de los Ladinos, para comprar Reses y Mulas en las haciendas de Chiriqíú y Cartago. Los de Luquigüe hacen riatas, lazos, alforjas, sudaderos, persogas y otros aperos necesarios para los caminantes, con los cuales tratan, vendiendo y revendiendo en los valles y pueblos comarcanos para adelantar su comercio.

Sin diferencia son diestrosycuidadosos para el pastoreo de Ganados, para la Conducción de Cabalgaduras, carros y demás Servicio de camino; de manera que no tienen igual ni hay harrieros, Tayacanes y Mozos á quienes con más seguridad pueda encomendarse un caminante, por muy áspero, peligroso y desierto que sea el camino, pues estos Indios, sobre la fidelidad que guardan, asisten con mucho esmero al viajante, conduciéndole en sus hombros si es necesario, fabricándole rancho en las jornadas para que duerma á cubierto de la inclemencia del despoblado, sin más instrumentos que sus machetes ni otros materiales que las varas, ramos y ojas de los montes, que en breve rato disponen y entretegen con tal arte que resiste á las lluvias más porfiadas y al granizo más grueso.

Además, si hay Río, Laguna ó Mar inmediato, van muy presto á traer pescado para su pasagero, por que son muy sagaces en este exercicio y el de la Caza de todo género de animales, en tanto que á él deben su quotidiano alimento, pues los Indios tienen muy poco ganado, sin embargo de que en los Pueblos de las Reducciones de este Colegio se han fundado Hatos, consumiendo en ellos gran parte de los Sínodos que reciben los Misioneros y otras limosnas que adquieren para fincar un seguro recurso de Carnes, no sólo para sus alimentos sino también para los enfermos y darla á los Indios siquiera en los tiempos de Pascua y en las fiestas de los Pueblos.

Hablando de la conversión de los Gentiles, aunque no intento elogiar la diligencia y celo activo de los Padres Misioneros, debo decir que no se omite ocasión que*parezca favorable para reducirlos á la verdadera religión, pues por lo menos se hacen dos ó tres entradas á lo interior de las Montañas en cada año, emprendiendo á pie el camino de nueve ó diez días por entre riscos y precipicios hasta llegar á sus Palenques, en donde se les habla con las palabras más eficaces procurando atraerlos con regalos de avalonos, hachas, machetes y otras cosas que son de su agrado, conducidas cada año de Guatemala en importe de seiscientos, ochocientos y aun de mil pesos.

Es verdad que la mayor parte de estos efectos de la tierra y de Castilla se invierten en los Indios de los pueblos, á quienes se socorre en lo posible con remesas de dinero para Compras de Ganado y Fábrica de Iglesias; pero no es menos cierto que todo contribuye al intento de reducir los Gentiles, á quienes es manifiesto el amor, el buen trato y el esmero con que se les asiste en los Pueblos; y después de todo perseveran obstinados en sus errores y embrutecidos en sus Costumbres.

Los Jicaques y los Cavecras, que están al cargo de los Misioneros de Luquigüe y Orosí, tienen una muy grande aversión á los pueblos, de manera que jamás se acercan á ellos siquiera de paseo, como suelen hacerlo otros Indios Gentiles. Hasta ahora no se ha descubierto la causa motiva de semejante repugnancia, sin embargo se conjetura con bastante fundamento que los primeros se alejan de la comunicación de los Sacerdotes por que comercian la zarza, el Cacao y otros producciones de la Montaña con los vecinos de la Provincia de Comayagua, quienes les conducen los machetes, hachas, Carnes, &., cuando van á sus Palenques por efectuar su Comercio, y no necesitando los Indios de los Padres Misioneros para surtirse de las cosas que apetecen ni habiendo otros que les hablen de Religión, naturalmente han de profesar aversión á los Pueblos en donde se persuaden privados de toda su libertad. Esto mismo sucede á los Cavecras con el recurso á Matina y otros parages donde adquieren la Sal, los Perros, las Flechas, &., á cambio de sus Mastates, Mochilas y Granos; y aunque de verdad les cuesta precio lo que recibirían de valde por mano de los Padres Misioneros, quieren sin embargo adquirirlo de aquella suerte para que siempre se verifique que el hombre corrompido se inclina á lo malo y huye de lo bueno. Los Térrabas y los Talamancas, en cuya reducción trabajan los Misioneros de Tcrraba y Guadalupe, se hallan casi en el mismo estado, con esta diferencia que los primeros, conocidos también por Indios del Norte, tienen cuatro Parcialidades, á saber, Chunono, Brusí, Drogo y Churquín; y aunque antes residían en la cima de las Montañas en donde se lograba convertir muchos, como sucedió el año de 1785 que se formó de ellos el Pueblo de Guadalupe, de presente se han reunido los más á la parcialidad de Churquín que habita cerca del Mar; y con el Comercio de los Ingleses que vienen de la Isla de San Andrés á la Pesca del Carey en la de Bocatoro, se hallan surtidos de lo que necesitan en las Montañas y tan enamorados de los Ingleses que al tiempo de la Pesca se bajan al mar por ellos y se olvidan entonces de los Parientes que tienen en los pueblos, á quienes solían visitar con frecuencia. Pero no es éste sólo el perjuicio que ocasiona el Comercio de los Ingleses, sino que también los Indios convertidos se huyen de los pueblos por el mismo motivo, y los que no se quedan apóstatas vuelven surtidos de estampados, Polveros, cheleeos, chupas, Espejos, Éraseos, Tazas de loza fina, Espadines,

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