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Carta del jefe político de las provincias de Nicaragua y Costa Rica al capitán general de Guatemala, sobre los lugares en que la diputación provincial ha resuelto situar provisionalmente jefes políticos subalternos.—Año de 1814 (0.

Excelentísimo Señor=Con arreglo á lo que V. E. me previno de orden de la Regencia del Reyno, con fecha de 4 de Agosto, consiguiente al artículo 3.°, capítulo 3.° de la Instrucción de 23 de Junio último, esta Diputación provincial, después de haber hecho la división provisional de partidos, ha acordado en acta, de que es copia la adjunta, que conviene situar por ahora dos Gefes políticos subalternos, uno en Granada, donde desembarcan los cargamentos de los baxeles que llegan al puerto del Río de S.n Juan, cuya limpieza y el establecimiento de un pueblo de trecientos vecinos en alguna de las riberas han de estar á su cargo; y otro en Cartago, capital de la provincia de Costa Rica, por su extensión, población de más de 38,000 almas y porque en sus costas tiene los puertos de Punta de Arenas en la del Sur y de Matina en la del Norte; y que en caso de concederse lo pedido á S. A. en representación que dirigí á V. E. con oficio número 5 de 24 de Marzo, será necesario otro en Nueva Segovia, cabeza de su partido, para que cuide del arreglo y fomento del trabajo de las minas, cultivo y beneficio ó preparación del tabaco, dos renglones que enriquecerán á muchos con crecidos ingresos al Erario público, y que proporcionarán á los pobres jornaleros ocupación continua para mantenerse y no darse al ocio.

La Diputación ha calculado suficiente á cada Gefe el sueldo anual de mil docientos pesos, que deberán pagarse

(1) Archivo General de Indias.—Estante 100, cajón 5, legajo 5. T. x - 30

de los arbitrios propuestos en dicha representación mientras se aumentan los fondos de propios, sobre que remito á V. E. un expediente con oficio de hoy número 8.

Dios guarde á V. E. muchos años. León de Nicaragua, 27 de Abril de 1814. = Excelentísimo Señor = Juan Bautista Gual.

El capitán general de Guatemala informa sobre los movimientos revolucionarios de San Salvador.— Año de 1814 (0.

Serenísimo Señor=En carta de 3 de Enero del año corriente dí parte á V. A. del plan de conjuración que se estaba maquinando en esta Capital de Guatemala, que es el centro de donde ha salido el fuego dilatado por las provincias; de la prisión de algunos de sus principales agentes, de la sustanciación de la causa que mandé formar y tengo ya casi en estado de sentencia, y de la felicidad rara con que logré prevenir la explosión horrorosa que amenazaba la vida y propiedad de los hombres de verdadero honor.

En ésta lo doy del que se descubrió posteriormente en una de las provincias, parte sin duda ó ramificación del que se meditaba en esta Ciudad.

La de San Salvador, que en Noviembre de 811 dió el ejemplo triste de manifiesta insurrección, en Enero del corriente año de 14 ha vuelto á presentarlo igualmente funesto.

Es muy digna de la seria y reflexión del Gobierno una reincidencia tan escandalosa, causa de tanto mal, principio de tan extensas consecuencias.

Presentaré á la de V. A. la relación sencilla de ella, manifestando el curso sucesivo de incidencias, las medidas que he tomado progresivamente y las observaciones que ofrece el mismo suceso, deducido todo de las correspondencias oficial constante del testimonio que acompaño, porque las correspondencias oficiales presentadas por el orden de fechas son las mejores lentes por ver objetos distantes, juzgar de los Gobiernos y observar el estado de las provincias.

(1) Archivo General de Indias.—Estante 101, cajón 3, legajo 7.

La de San Salvador, que hasta en los impresos más respetables de esa península se ha figurado restablecida á perfecta paz, no la ha tenido realmente desde sus primeras convulsiones. Dividida en su mismo seno por la unión á este Gobierno de los vecinos leales de S. Miguel, S. Vicente y S.'a Ana, los inquietos que la turbaron prefirieron mal su grado el indulto que les ofrecí con olvido perpetuo de lo pasado á los horrores desastrosos de una guerra intestina.

Cesó el movimiento tumultuoso del Pueblo amotinado, se disolvió la Junta pública de revolucionarios; pero continuaron las secretas, siguió oculto el principio de sedición, continuó la voluntad del mal, permanecieron los agentes del que se había operado.

Convencido de esto, no he cesado de dar mi atención, aun á lo que ha parecido pequeño ó despreciable, al Gefe político de dicha provincia de San Salvador D. José María Peynado.

Desde principios del año anterior de 13 tube noticias pribadas, comunicadas por diversos conductos, de los Pasquines que se repetían en San Salvador. Esperaba desde luego que se me participasen de oficio; pero no habiéndose verificado en ninguno de los dos correos anteriores, lo manifesté al Gefe Político Peynado en oficio (n.° 1.°)del 3 de Marzo. Su respuesta (n.° 2.°) las confirmó diciendo que efectivamente se habían puesto repetidos pasquines á él mismo, al cuerpo de voluntarios, al sargento mayor y al consejero actual de Estado D. José Aycinena, cuando pasó por San Salvador en su viage á esa Península; que el padre D. Manuel Aguilar (el mismo á quien por su correspondencia criminal puso justamente en prisión el Muy R. Arzobispo el año de 11) había predicado un sermón dando gracias al pueblo por haber pedido su libertad en la primera conmoción; pero que sin embargo de esto no dictase providencia alguna, que cuando fuese necesaria me lo manifestaría oportunamente, que él sabía más para proteger el bien que los malos para proteger el mal.

Obré y me espliqué en los términos que dictaba la prudencia á vista de un estilo tan decisivo de confianza; pero recordé la obligación de darme partes succesivos de cuanto ocurriese digno de atención, para manifestar á V. A. el grado de confianza que podía tener en estas provincias; indiqué la medida oportuna para hacer ilusorio el objeto maligno de los autores de pasquines, y expuse lo demás que expresa mi oficio de 30 del mismo mes de Marzo (n.° 3).

En el siguiente de Abril se me presentaron mayores motivos de confianza en el oficio de 22 (n.° 4), en que el Gefe Político me hizo presente que estaba ya restablecida la tranquilidad al grado de no advertirse la más lebe expresión ni acción sospechosa, que la gente de su provincia era generalmente buena, sencilla y religiosa, que éstas eran las calidades de que se había abusado, pero que conocía todos los resortes de la máquina y no descuidaría un momento jugarlos oportunamente.

Ocho días después, D. Miguel Delgado, sospechoso desde las primeras convulsiones y hermano del Doctor D. Matías Delgado, Cura de San Salvador é individuo actual de esta Diputación provincial, D. Santiago Celis, médico, y D. Juan Manuel Rodríguez, que en la anterior conmoción había sido secretario de la Junta rebolucionaria, escribieron á Morelos, General de los insurgentes de Nueva España, la carta de 1.° de Mayo (n.° 5), que después se ha encontrado entre los papeles del primero, y en la cual le decían que trabajaban constantemente en mantener la alta opinión que tenía en este reyno.

En Agosto inmediato, procesado en León el P.c Fr. Juan de Dios Campos por noticias sediciosas que había divulgado en las provincias, resultaron citas respectivas al indicado Presbítero D. Manuel y su hermano D. Nicolás, Cura también de San Salvador. El Gefe Político de León exhortó al de San Salvador para que las evacuase, y éste me dirigió el oficio de 9 de Setiembre (n.° 6) acompañando el informe del P.e D. Nicolás (n.° 7) y el del P.e D. Manuel, manifestando el porte sospechoso de éste y reiterando que á pesar de tales incidencias estaba muy distante de juzgar que hubiese próxima ni remota disposición de su provincia para la más leve conmoción.

Recomendé sin embargo en el oficio (n.° 8) la vigilancia con que debía asecharse la conducta del P.e Aguilar, manifestando que por los antecedentes de su prisión en esta Capital, por el sermón que había predicado con posterioridad

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