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más eficaz y enérgico la urgente necesidad que hay de un Illmo. Prelado en esta Provincia, Diócesis de la de León de Nicaragua, distante una de otra más de doscientas leguas de camino sumamente quebrado, peligroso y fragoso. En esta Provincia, que comprendiendo el número de almas que corresponde á la elección de su Diputado en Cortes, carece de la vista de su Obispo hasta treinta y cinco años, como recientemente ha sucedido, pues desde mil setecientos ochenta y uno en que estuvo el Illmo. Señor Tristán no vino otro hasta mil ochocientos quince que el actual Illmo. Sor. D.r D. Fr. Nicolás García vino á su santa visita, que practicó con tal precipitación que puede decirse ni S. S. Illma. conoció á sus ovejas ni éstas á su Pastor, pues en treinta días, á lo más, visitó tres ciudades, tres villas, distintas poblaciones y trece pueblos de Indios que comprende esta Provincia, aunque de estos últimos, á exepción de dos ó tres, no participaron del pasto espiritual. Este hecho sólo bastaría á mover el ánimo de S. M. para poner el condigno remedio á tamaños males, cuyas fatales consecuencias por cualquier aspecto que se miren son palpables sus funestos resultados, y por eso omiten los Síndicos expresarlos y únicamente indicarán:

Que no sólo causa dolor sino vergüenza que en una porción tan considerable de la nación y de la cristiandad se haya tolerado por tantos años semejante absurdo á vista y paciencia de los Magistrados, y aun de la conciencia misma de los Prelados... Pero ¡Oh feliz tiempo, repitamos, donde se puede sentir lo que se quiere y decir lo que se siente!

Es constante que agregado á esta Provincia el partido de Nicoya, como lo está hoy día, tendrá de latitud L. O. más de ciento y cincuenta leguas, y de longitud desde la confinación del Reino de Tierra Firme hasta la mar del Norte, y que así no bajará el producido de diezmos de seis mil pesos, cantidad suficiente para sostener el decoro de la dignidad de la Mitra, sin hacer cuenta de otros derechos que la corresponden. Con lo dicho no más parece queda suficientemente demostrado la urgente necesidad que hay en esta Provincia de que se establezca por ahora la Silla Episcopal, sin las de otras dignidades, y que el ramo de diezmos basta para su sostención. Pasan, pues, los Síndicos á manifestar el motivo por que dejan dicho debe V. S. dirigirse en derechura para esta solicitud al Soberano Congreso Nacional, omitiendo desde luego hacerlo por medio de la Junta Provincial de León, como debiera, por las causas que en beneficio de esta Provincia pueden y deben los suplicantes hacerlo presente á V. S., para que representándolas igualmente á S. M. se sirva tomarlas en su alta consideración para su soberana resolución. Es notoria la antipatía que siempre ha tenido la Provincia de Nicaragua con ésta y que á cara descubierta se ha opuesto á cuantos proyectos se han propuesto para felicitarla, habiendo sido uno de ellos el de que ahora se trata. Y siendo como de hecho es así ¿qué podrá pretender jamás Costa Rica en su favor por medio de una corporación que la componen cinco individuos de aquella capital y solos dos de ésta? Sentado este principio inconcuso de la contrariedad, inutilidad y ninguna representación que á proporción tiene una Provincia con otra, ¿qué perjuicio no resultará á ésta de estar expatriando dos de sus mejores vecinos por dos y cuatro años á ser el ludibrio de los Leoneses? ¿Cómo podrá prevalecer el voto de dos individuos, aun cuando fuesen unos Sénecas llenos del mayor patriotismo, contra el de cinco antagonistas egoístas como lo tienen acreditado? ¡Ah! Noble Ayuntamiento, nuestra ventura depende en gran parte de nosotros mismos. Así nos lo patentiza nuestro amable monarca en suya citado manifiesto. Sí, Leal Corporación, la ventura de esta Provincia, su felicidad y que mude su horroroso aspecto depende de que V. S. manifieste á S. M. que tanto cuanto le es útil y benéfica la provisión de una Mitra, le es perjudicial y gravosa la como representación que tiene en la Junta Provincial de León, impetrando al mismo tiempo la gracia de que se establezca en esta Capital otra semejante compuesta de los vecinos de los lugares de entre ella misma. Y sólo de este modo logrará Costa Rica los laudables objetos de su institución, entonces florecerá en el comercio, la industria y demás adelantamientos de que ha carecido hasta ahora y carecerá siempre que esté sujeta á la arbitrariedad de León, quien abiertamente es opuesto á la segregación del Obispado y cuanto más le sea útil y favorable.

Sobre uno y otro particular pudieran los Síndicos hacer otras reflexiones, pero lo omiten por no ser difusos y por que no se ocultarán á la penetración de V. S. para demostrarlas á S. M., á fin de que se sirva acceder por un efecto de su Soberana Clemencia á una y otra solicitud, mediante á interesarse nada menos que el bien general de esta infeliz Provincia (pero que tiene el honor de tener representación en aquel augusto Congreso) y exigirlo así la Justicia que imploramos. Jurando en forma y lo necesario, etc. Cartago, Octubre 23 de 1820.=José Stos. LombardoSantiago Bonilla.

Sala Capitular de Cartago, Provincia de Costa Rica y Octubre 25 de 1820.=Los Señores Gobernador político y militar de esta Provincia Don Juan Manuel de Cañas, Caballero de la militar orden de San Ermeneg.° y Coronel de los ejércitos nacionales, Don José Antonio García y Don Manuel María Peralta, alcaldes constitucionales y regidores de este Noble Ayuntamiento, Don Isidro Oreamuno, Don Nicolás Carazo, Don Juan José Bonilla, Don Pedro Carazo, Don Joaquín Prieto, Don Manuel Torre, Don Féliz Oreamuno, Don Joaquín Hidalgo, Don Anselmo Sáenz y Don Tomás García, sin asistencia de los regidores Don Salvador Oreamuno y Don Nicolás Oreamuno por hallarse ausentes, estando en Cabildo extraordinario á solicitud de los Síndicos para el solo efecto de la anterior representación, de que se hizo lectura, relativa á manifestar la urgente necesidad que hay en esta Provincia de la provisión de una Mitra, los irreparables daños de su falta y vigente utilidad de su establecimiento, al mismo tiempo que patentizan á clara luz lo inoficioso, gravoso y perjudicial que es á la misma provincia la representación que tiene en la Junta Provincial de la de León de Nicaragua, por las bien fundadas razones que sobre uno y otro particular indican; y siendo para esta Corporación ambos puntos de la mayor consideración y deseando el logro de su efecto, acordaron que se agregue al Libro de actas este expediente, de que por mí el infrascrito secretario se compulse testimonio por triplicado para elevarlos á S. M. con la consulta correspondiente, de que igualmente quedará agregado testimonio, en apoyo de cuanto expresan los Síndicos, dirigiéndose en derechura, como lo piden, por el inmediato correo y subsecuentes al augusto Congreso Nacional, para su Soberana resolución. Así lo acordaron y firmaron Sus Señorías por ante mí, de que doy fe.=Josef Antonio García=Juan Manuel de Cañas=Nicolás Carazo =Manuel María de Peralta=Juan José de Bonilla=Félix Oreamuno=Pedro José Carazo=Isidro Oreamuno=José Joaq.n Prieto=Joaq.n Idalgo^=Thomás García=Man.1 de la Torre=Anselmo Sáenz=Joaquín Carazo, Secret.°

Señor=El Ayuntamiento, Justicia, Regimiento y Gobierno de la Muy Noble y muy leal ciudad de Cartago, Capital de Costa Rica en la Provincia de Guatemala, contraído á los vínculos que por la fuerza de sus deberes le impelen en cuantos casos conceptúe el bien de la causa pública ó su prosperidad, organicen justa y lícitamente sus proyectos juzgándolos adaptables á tan importantes miras, concibe que en ninguna época se ha ofrecido á este Cuerpo ocasión más oportuna para ostentar legalmente su empeño por la alta nerviosa recomendación que merecen las particulares á que se contraen las exposiciones de los Síndicos que en testimonio acompaña á esta sumisa representación.

La imperiosa necesidad de un Prelado Apostólico impele á estos vasallos á impetrarlo de la Paternal bondad de V. M., que no duda conseguirlo luego que se haya penetrado y condolido de los irreparables daños que originan su falta. Son muchos y la gravedad de sus consecuencias obliga á este Ayuntamiento á exponerlos á la augusta consideración de V. M.

Permítasele, Señor, dar el nombre de ilusoria y aun el de perjudicial para el bien general de la Provincia á la aparente ventaja de componer parte de la Diócesis de León de Nicaragua: ilusoria es puesto que siendo como en efecto es acreedora esta Provincia de los cuidados y desvelos de su Prelado, tiene el triste desconsuelo de carecer de ellos durante largos períodos de años. Una dolorosa experiencia manifiesta á todas luces esta verdad: desde el año de mil setecientos ochenta y uno hasta el de mil ochocientos quince se han visto estos habitantes privados de las unciones apostólicas; durante tanto tiempo son muchos los bienes, así temporales como espirituales que ha perdido esta Provincia, y muchos, Señor, los males que habría evitado la prescencia, el ejemplo y lo que es más la pastoral corrección de un Prelado el culto sagrado, la moral de las costumbres y por último la necesidad de una vida ejemplar en los Ministros del Altar, base sobre que se fundan y de donde nacen los sentimientos religiosos y las virtudes, así morales como civiles de los pueblos. Este es el tiempo en que las unas y las otras deben brillar á una luz clara. La Religión que V. M. ha declarado única en la Nación, la Religión Santa, Señor, que profesan estos pueblos exige la concesión á sus habitantes de una Mitra, constituyéndose la provinciaen la obligación de asegurarle, como de hecho le asegura agregado á este partido el de Nicoya, la cantidad de seis mil pesos que seguramente más que menos producirán los diezmos, sin hacer cuenta de los demás derechos de la Mitra, suficiente cantidad, así para sostener su decoro como para suministrar socorros, ya sea en favor del Sagrado Culto ó ya en el de los pobres feligreses. Así es que de esta benéfica medida resultarán considerables ventajas á la Provincia, así en lo moral, como antes se ha manifestado, como en lo puramente temporal, que constituye la felicidad civil de los pueblos y sea ésta la de circular en el centro de ella por medio del comercio aquella cantidad que en el actual sistema no hace sino pasar á la de León, siendo dura cosa la de contribuir en obsequio de una Mitra de cuyos beneficios nunca goza; y aun más duro, Señor, mediante las limosnas de aquel Prelado, la de contribuir á beneficio de los pobres de aquella Provincia, siendo los de ésta incomparablemente más acreedores de aquel socorro que los de una Provincia extraña. Permítase á este Cuerpo el uso de esta proposición, hija sólo del interés que debe tomar en favor de la que representa; y tanto es más sensible el traspaso de nuestro numerario á aquella Provincia, cuanto que ésta es evidentemente mucho más pobre, puesto que una casi absoluta falta de comercio, así interior como exterior, la priva del consiguiente de éste que son las riquezas. Costa Rica, Señor, solamente produce lo muy necesario para

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