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mas vivo interes a los hombres entendidos i liberales, Peleamos por la libertad, i este bien tan espléndido i divino no puede comprarse a poco precio. Esta causa ha sido siempre la de los grandes hombres, i solo la han emprendido los pueblos esforzados i varoniles. El ánimo extenso i elevado se ocupa en estos árduos momentos de perspectivas mui grandes e interesantes: la patria ceñida de laureles, pisando con desden sus antiguas cadenas, i marchando gloriosa a colocarse entre los poderes del mundo: una serie de prosperidades i mejoras preparadas a mil jeneraciones, que bendicen sus esfuerzos: el esplendor de su nombre llenando la tierra: el agradecimiento de la jeneracion presente a quien la ha libertado de las horribles calamidades que la amenazaban. Estas ideas sublimes han sostenido a nuestros héroes, que en medio del crudo invierno, cuando solo sobreviven el valor i las esperanzas, defendieron la libertad, la vida i el honor del pueblo por una serie de acciones brillantes, recuperaron a Concepcion i Talcahuano, contuvieron los progresos de un enemigo audaz por desesperacion, respetable al principio i activo en medio de su debilidad. Contemplando ya la revolucion en grande, i todo lo que se ha hecho i dicho en las provincias revolucionadas, comparando los hechos, i las consecuencias, lo que hai que esperari lo que hai que temer, vemos que han pasado la línea terrible que ya no pueden repasar, o han llegado a un extremo del cual no pueden volver. Aun, prescindiendo del sacrosanto honor de la patria, que se haya tan empeñado, no hai ya en la capital, no hai ya en la extension del estado una familia ilustre que no esté comprometida, no hai persona visible que no se haya comprometido o inmediatamente o por sus relaciones.

La empresa pues debe continuarse, i concluirá felizmente por la oportuna aplicacion de las fuerzas i recursos, por un espíritu de economía, por una prudencia firme, i una resolucion intrépida i vigorosa de parte de la administracion. En vista de todo lo expuesto concluye el editor con las palabras de Paine: “Tal es nuestra situacion, i todos la conocen. Por la perseverancia i fortaleza tenemos el prospecto de un éxito dichoso; por la cobardia la perspectiva de los males mas terribles: la devastacion del pais, la despoblacion de las ciudades, la deshonra en las familias, las habitaciones sin seguridad, una esclavitud sin esperanza, una posteridad infame, la patria cubierta de cadalzos, miseria, desesperacion. ¡Oh! Contemplad esta pintura, i penetraos de ella: si hai alguno tan insensible que no se horrorize, o que no la crea, sufra estos males, i no haya quien lo lamente.”

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oBLADAs las Américas de hombres libres, es claro que deben ser libres. Dudar de esta verdad fuera, como decia Paine, una especie de ateismo contra la naturaleza. Del que lo negase se diria: el bárbaro dijo en su corazon estúpido, o corrompido, no hai libertad para el jénero humano. Es pues ya tiempo, no de consumirlo en probar cosas demasiado evidentes, sino de considerar

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nuestra libertad bajo otros aspectos, i sin que sea el ob— jeto de nuestras reflexiones esta o la otra provincia, sino todo el continente americano. El interes de la América en ser libre esta claro como sus derechos a la libertad. Ella considerada en grande, habia llegado paso a paso antes de los últimos sucesos a un punto de poblacion i de recursos, cuyo aumento no convenia a la España. Cada una de sus mejoras, cada uno de sus progresos amenazaba la permanencia del sistema colonial. De aquí las órdenes secretas que emanaron de la corte para impedirlas. La metrópoli ha mirado los ade- , lantamientos de América con aquellos ojos malignos con que un tutor avaro veria acercarse a la mayoridad a su pupilo cuya hacienda ha administrado, i con la cual se ha enriquecido. Lo que nos hace conocer cuanto habria florecido la América, si sus recientes poblaciones hubieson formado un estado libre desde el principio, sin que un poder extraño se opusiese a sus aumentos, haciendo sus propias leyes, reglando su comercio, abriendo sus puertos a todo el mundo. Si tan feliz hubiese sido su suerte, ella fuera ahora una de las grandes potencias. Pues lo que entonces no se hizo, es ya tiempo de que se haga. No hai duda, que abandonada a si misma no habria podido resistir el poder de un invasor armado, que intentase subyugarla: los progresos de la infancia son lentos, aunque prometa mucho. Sus riezgos habrian sido mayores, i su esclavitud mas cierta, si cada cuatro pueblos hubiesen dado en el raro pensamiento de erijirse en soberanías i depender de sí solos. Pero si reunidos todos hubiesen formado en ambas Américas dos o mas grandes masas, dos o mas grandes cuerpos políticos, compuestos de cierto número de círculos o estados que formasen por sus re

presentantes o de otro modo un gobierno único i central, Seguramente nada habrian envidiado ni al cuerpo jermámico, ni al cuerpo helvético, ni al batavo, ni a la república federal de Estados Unidos. Si aun se hallaban débiles, no les hubiera faltado la proteccion de alguna gran potencia. Ya se ha dicho, que asi como no conviene a algun hombre pasar toda su vida en perpetuo pupilaje, o en una eterna infancia, asi no conviene a los pueblos de— pender para siempre de otro. Siempre hai una natural oposicion de interes entre las metrópolis i sus colonias. A éstas solo se les permite lo que puede enriquecer a aquellas. La ilustracion, , los buenos libros, el trato con extranjeros, i cuanto puede hacer nacer entre los colonos pensamientos de libertad, es sospechoso i odioso a las metrópolis. Los gobernadores enviados por ellas tienen que ejercer dos funciones ú ocupaciones principales: la una es ser un espía del ministerio, la otra hacer su propia fortuna o enriquecerse. Bajo el primer carácter ellos deben velar sobre los sentimientos i disposiciones del pueblo, i sobre el aumento de las fortunas privadas i ascendiente de las personas visibles; i deben ademas informar 1 dar providencias oportunas para que se suprima i destruya todo cuanto pueda impedir que las riquezas coloniales vayan íntegras a la metrópoli. De aqui el monopolio de esta: de aqui la oposicion al establecimiento de fábricas i al comercio libre de las colonias. Bajo el otro respecto los pueblos que aun jimen bajo el yugo de los mandatarios antiguos, toleran bastante de su rapacidad i codicia, que aunque públicas i escandalosas, no por eso dejan de quedar impunes. Esta es una verdad que no pueden negar sus mas afectos.

Es una manifiesta opresion i una tiranía intolerable obligar a los infelices pueblos a comprar caro lo que necesitan, prohibirles tomarlo del extranjero a precios mas cómodos, llevar las producciones de su pais i de su industria adonde tengan mejor salida, i entablar relaciones comerciales con quienes les tenga mas cuenta. Asi el comercio libre es una de las libertades mas preciosas, o uno de los frutos mas dulces de la libertad. Nuestros pueblos, que se visten ahora de jéneros finos comprados a precios tan cómodos, pueden comparar su actual situacion con aquella en que vivian cuando solo los recibian de los buques de España o de los monopolistas de Cádiz. Convendria que alguno de nuestros mercaderes patriotas hiciese i publicase esta comparacion. Bajo cualquier aspecto la libertad del comercio es de la mayor importancia: ella tiene una relacion íntima con la poblacion, la agricultura, las artes, la industria, que son las fuentes de la fuerza i de la opulencia nacional. Las potencias mas famosas del mundo deben su riqueza i su poder terrible a su vasto comercio, i este es vasto porque es libre; pero ya no hai alguno que ignore que la América no puede gozar de esta i otras innumerables ventajas sino consolidando el actual sistema, conquistando i defendiendo su libertad.

No solo la eterna rivalidad, el odio, i el temor recíproco, no solo el ardiente deseo de un poder i una preponderancia exclusiva, impiden que pueda alguna potencia de Europa aspirar tranquilamente a la posesion de la América, sino tambien la necesidad de su comercio. Si alguna gran potencia se hiciese de esta rica posesion, creceria su poder inmensamente e impondria leyes a las otras; i abundando en fábricas i en artes haria ella sola el

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