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que el único parentezco que hai entre los españoles euroropeos i los españoles americanos es el mismo que se reconoce entre el lobo i el cordero, entre el gavilan i la paloma, entre la ballena i la sardina, entre el tirano i el miserable oprimido. Si acaso este nuevo filósofo ha encontrado algun principio en el estudio de la naturaleza, por el cual se le prohiba a aquel atacar a su opresor cuando encuentre una buena proporcion para hacerlo, publique un descubrimiento tan útil para los tiranos, i vaya a Francia a recibir un premio que le dará Bonaparte, con tanta mas razon, cuanto es mui considerable el ahorro de tropas que le puede proporcionar con su hallazgo. Pero mo lo dijo por tanto: su discurso se terminaba a la América; i supuesto que aquí no se ha querido adherir a sus ideas, llevará su querella a los aliados de la gran causa de la Península, para que estos caballeros tomen por su cuenta el desagravio de la madre patria. Que exámenes tan imparciales se hacen en España Todo lo entienden allí al reves de como lo entendemos en América: a una defensa injusta i apasionada llaman exámen imparcial, asi como llaman gobiernos liberales a aquellos en que se apuraron los rigores del despotismo. Ya hemos visto que los que nos han querido persuadir qne no nos conviene la independencia, no han podido desempeñar su obra, porque les ha faltado la razon, i porque no han podido disimular sus proyectos. Con esta demostracion teniamos bastante para despreciar enteramente los esfuerzos de nuestros contrarios; pero como este escrito debe presentar a los ojos de todos los americanos la grandeza de su causa por todos sus aspectos, rebatirá en otros artículos con documentos incontrastables la proposicion del Sr. Flores Estrada, en que asegura que nuestra revolucion solo es obra de unos pocos intrigantes, i que no tiene por objeto la felicidad de la patria. Desde que Cortés i Pizarro, a fuerza de asesinatos e iniquidades, ganaron para España las Américas, aquel gabinete conoció que necesitaba una política particular, para mantener en su obediencia unos paises de difícil sujecion. Aunque los conquistadores habian ya tomado las medidas mas seguras para impedir las revoluciones de los indios, destruyendo su especie casi de raiz, no pareció a los reyes de España que estaban mui bien asegurados; i como conocian que no habia sobre la tierra una razon para sus usurpaciones i atrocidades, buscaron en el cielo el pretexto de sus tiranías. Fue ocurrencia peregrina el buscar en Jesucristo un patron de injusticias, obligando a su Vicario Alejandro VI. a declarar, que la usurpacion i la tiranía son cosas, que pueden conciliarse con la lei de paz i de justicia que dictó el hijo de Dios sobre la tierra. Hasta entonces la santa silla de S. Pedro, no se habia violado con un acto tan contrario al espíritu de la relijion católica, quedando en mengua del nombre español haber sido la causa del mayor escándalo del orbe. ¿Qué diria S. Pedro, viendo desde el cielo a un sucesor suyo repartiendo reinos i mundos a los príncipes sus amigos? Me parece que le oigo decir escandalizado: aquel poderoso emperador del Universo, no parece un digno sucesor del pobre Pedro el pescador, discípulo de Jesus, aprendizi predicador de su pobreza, de su humildad i de su justicia. Aprobó el Papa la usurpacion de los españoles, i de consiguiente aprobó la destruccion de la mayor parte del jénero humano. Los españoles se presentaron en

A

Anmérica como unos apoderados del Ser Eterno, que venian a tomar cuenta de los errores de los indios, pero como ya se les habia sujetado por las armas, hicieron éstos poco caso de un lenguaje, que no podian entender ni los mismos que le hablaban. Solo conocian que los es— pañoles estaban empeñados en acabar con la raza indíjena, para poseer sin zozobra las riquezas, de que abundaban estos paises. Veian degollar a sus padres, hijos, i mujeres sin mas delito que habitar un pais en que los colocó la naturaleza; i pareciendo a los tiranos que no era bastante inhumanidad ahorcarlos, descuartizarlos i quemarlos vivos, tambien los hacian pasto de sus perros. Con tal carniceria en un abrir i cerrar de ojos desaparecieron aquellas grandes poblaciones, que pondera el santo obispo Casas diciendo, que eran como los enjambres de abejas en un colmenar. Este sistema dé opresion i tiranía no fué aun bastante para satisfacer al despotismo: era preciso hacer dependientes absolutamente a los naturales de América hasta de la misma industria de los españoles. Se prohibió que los americanos pudiesen adquirir las cosas que necesitaban de otra mano que no fuese la de sus señores; i para hacer la dependencia mas insufrible, se obligó a los habitantes de América a abandonar el cultivo de todas aquellas cosas que podian venir de España. El mismo comercio recíproco de unos paises de América con otros estaba prohibido, como podia estar entre dos naciones enemigas. Asi es, que sin agricultura, sin artes, sin comercio, i sin navegacion, debiamos vívir siempre pobres i siempre abatidos. Tal fué el secreto de la política española con relacion a sus desventuradas colonias. El poder ilimitado de los gobernadores i vireyes, sobre las durísimas leyes de la arbitrariedad, que llenabani el código español, era otro mal que sufrian los americanos sin la menor esperanza de remedio. Todo conspiraba a reducir estos felicísimos paises al último grado de miseria i de desolacion. Unos reinados se sucedian a otros, caian unos ministros, i otros se levantaban sobre los caidos; pero nadie se ocupó jamas en echar una mirada de piedad sobre los miserables habitantes del nuevo mundo, para quienes no habia otra esperanza de remedio, que la muerte, término de todas las desgracias. Esta situacion deplorable duró en América 300 años, hasta que irritada la divina justicia por los exesos del despotismo español, quizo castigar el orgullo de nuestros tiranos, al mismo tiempo que nos abria a los oprimidos la puerta de la libertad. Cumplióse la profecia del santo obispo de Chiapa, con que amenzó a Felipe II. haciéndole entender, que la España sufriria la misma suerte de las Américas, si en lugar de subsanar los daños, que habia ocasionado en estas rejiones, no mudaba de conducta. Mas aunque el mismo Dios hubiera hablado en la Península como a Moyses en el Sinay , los españoles siempre serian mas tiranos que los mismos Faraones: en vano seria que lloviesen Sobre España todas las plagas del Ejipto, porque aquellos corazones endurecidos no podian jamas ceder sino al último exterminio. Se vieron estos usurpadores usurpados repentinamente por otro usurpador mas poderoso: conocieron que nosotros debiamos abandonarlos en su desgracia, i ocurrieron a nuestra piedad con lágrimas de cocodrilo, i con promesas de un traidor, que no teme faltar a su obligacion, cuando su poder i su interes le ponen en disposicion de descubrir sus do— bles intenciones: nos prometieron mirarnos como her

manos: les ayudamos en sus apuros segun su promesa, i luego que se hallaron menos oprimidos, no trataron de otra cosa que de doblar nuestras cadenas, i hacernos jemir eternamente en la antigua esclavitud. Esta conducta del despotismo español hizo casi a un mismo tiempo su estrago en Buenos Aires, en Chile, en Quito, en Santa Fé, en Méjico, en Caracas, i en algunas provincias del reino de Guatemala. Los cabildos, convocando a sus pueblos, i llamando a los representantes de los otros, fueron en todas partes los autores de las revoluciones. En las asambleas que se celebraron para el establecimiento de las Juntas, no solo concurrieron las cabezas de familias americanas, sino tambien las europeas, dando el resultado de aquellas sesiones un firme testimonio de la verdadera voluntad jeneral. En esta capital se congregaron en el consulado mas de quinientas personas de la primera representacion del pais. ¿Cómo, pues, el Sr. Flores Estrada se atreve a asegurar, que nuestra revolucion es obra de unos pocos intrigantes? El entusiasmo de Méjico, que se ha visto en ejércitos de ochenta i cien mil hombres: el desprecio con que han mirado aquellos héroes las sacrílegas excomuniones de los ministros del terror i de la ignorancia: la constancia en la lucha, a pesar de los reveces de la suerte, ¿pueden acaso ser obra de unos pocos intrigantes? No ha hecho tanto la España, para acreditar su ódio nacional contra la Francia. Buenos Aires, que ha sostenido una guerra activa por todos los puntos de su territorio, que ha variado muchas veces sus jenerales i gobernadores, que ha derrotado casi siempre al enemigo, que se le ha puesto delante ¿podia hacerlo sin contar con toda la dis

posicion de sus provincias? Chile, que ha cerrado sus

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