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Es una manifiesta opresion i una tiranía intolerable obligar a los infelices pueblos a comprar caro lo que necesitan, prohibirles tomarlo del extranjero a precios mas cómodos, llevar las producciones de su pais i de su industria adonde tengan mejor salida, i entablar relaciones comerciales con quienes les tenga mas cuenta. Asi el comercio libre es una de las libertades mas preciosas, 0, uno de los frutos mas dulces de la libertad. Nues-. tros pueblos, que se visten ahora de jéneros finos comprados a precios tan cómodos, pueden comparar su actual situacion con aquella en que vivian cuando solo los recibian de los buques de España o de los monopolistas de Cádiz. Convendria que alguno de nuestros mercaderes patriotas hiciese i publicase esta comparacion. Bajo cualquier aspecto la libertad del comercio es de la mayor importancia: ella tiene una relacion intima con la poblacion, la agricultura , las artes, la industria, que son las fuentes de la fuerza i de la opulencia nacional. Las potencias mas famosas del mundo deben su riqueza i sú poder terrible a su vasto comercio, i este es vasto porque es libre; pero ya no hai alguno que ignore que la América no puede gozar de esta i otras innumerables ventajas sino consolidando el actual sistema, conquistando i defendiendo su libertad.

No solo la eterna rivalidad, el odio, i el temor recíproco, no solo el ardiente deseo de un poder i una preponderancia exclusiva , impiden que pueda alguna potencia de Europa aspirar tranquilamente a la posesion de la América , sino tambien la necesidad de su comercio. Si alguna gran potencia se hiciese de esta rica posesion, creceria su poder inmensamente e impondria leyes a las otras ; i abundando en fábricas i en artes haria ella sola el comercio en esta parte del mundo con segura ruina de las demas. Supongamos a la Francia rodeada de triunfos, despues de haber recuperado su influencia en el norte de Europa ; a la Iglaterra señora aun de los mares como reina de las islas; i a la vacilante España conservando aun algunos débiles restos de si misma; i entre tanto la América constituida bajo sus propias leyes, i procurando de las demas naciones el reconocimiento de su libertad, abriendo a todos sus puertos sin exclusion alguna. En este caso, que es tan natural, se empeñarian en sostener la libertad americana todas las fuerzas de la Inglaterra , o de la Francia; i si alguna de las dos emprendiese su conquista, se haria la America el teatro de una nueva guerra. La impotente España no podria intentar algo de consideracion sin el auxilio de una de las dos potencias; i como por otra parte su debilidad i situacion la sujetaban necesariamente a la influencia de la Inglaterra o de la Francia , de modo que su riqueza i poder habian de aumentar la fuerzas de la nacion protectora o aliada, es claro que fuera interes de aquellas potencias que la España no recuperase lo perdido; aspirarian únicamente al comercio de América, reconocerian su libertad, i hallaria amigos en lugar de opresores.

Esta es la condicion feliz, tranquila , i digna de los votos de la humanidad, que se ha propuesto la América. ¡Oh! pueda el jénero humano vivir en el nuevo mundo libre de los horrendos desastres que produce en el antiguo el fuego devastador de las pasiones! Esta feliz condicion está acompañada de infinitas ventajas i bienes morales, que se ofrecen fácilmente al alcance del hombre reflexivo, i solo pueden lograrse por la libertad. Solo por la libertad puede la América vivir en paz con todo

el mundo, sin tomar parte, i sin sufrir los males de gue-
ras inútiles, i de pura ambicion. ¿Qué utilidad resultaba
a las Américas de las guerras de los Felipes i los Cárlos?
¿Qué destino tan infeliz no tuvieron sus tesoros ? Parece
que la Europa no puede vivir sin la guerra. Como si la fe-
cundacion fuese mayor que la que puede llevar su suelo
i nutrir sus campos, se creria que llamase al jenio de la
guerra para despoblar i desolar. Asi la América no pue-
de vivir bajo el yugo europeo sin tener parte en aque-
llos proyectos de muerte. Guerras de sucesion, guerras
de familia , guerras de comercio, guerras de capricho,
¿cuál ha sido su motivo, cual su objeto, cuales sus con-
secuencias? Las pasiones mas terribles i la miseria de
los pueblos. Los invasores i los invadidos, los conquis-
tadores i los conquistados o amenazados de conquista ,
se retiran a veces del campo de batalla igualmente arrui-
nados, con sola la diferencia de que uno se retira con
gloria , i el otro sin ella ; i aun esta gloria infausta suele
quedar indecisa i disputable. Ved al presente armada to-
da la Europa. El estruendo de sus armas llena la tierra i
el mar. ¿Cuál será el resultado? una gloria rodeada de
sangre i de lágrimas: la devastacion, el duelo i el crí-
men.

Los valles
De sangre i de cadáveres cubiertos,
I la desolacion siguiendo el carro
De la infausta victoria: horrendas, tristes
Escenas de locura, que asustada

Mira la humanidad. ...
Aun despues de los últimos i desastrosos sucesos de la
España conducida a su disolucion, subyugacion, i ruina
por sus internos desórdenes, han salido de algunos pun-

tos de América cantidades enormes de dinero, no solo para sostener sus malhadados esfuerzos, sino para proyectar espediciones contra las provincias revolucionadas, i fomentar las guerras civiles. Continuando en España los mismos vicios internos, propios de una corrupcion envejecida , las últimas erogaciones de América solo sirvieron para enriquecer a la famosa Junta Central. Las erogaciones de Méjico i Lima aun continuaron, unos gobiernos sucedieron a otros, pero la Inglaterra no sabia en que se invertian los recursos de la España. .

Jeneralmente es una consecueucia necesaria del estado colonial sufrir los males de las guerras justas, o injustas de las metrópolis, sin que se les permita examinar sus motivos i necesidad. La soberbia de un príncipe, la venganza, el capricho de un ministro, declaran la guerra, principian las hostilidades sin atender a los daños que resultan a los pueblos : el comercio colonial se arruina, i se desperdician en largas distancias los recursos i los tesoros que solo debian emplearse en la prosperidad de las colonias. De aquí es, que, cuando estas llegan a despedazar la dura cadena que las ligaba a la metrópoli, se hallan en un estado lastimoso de debilidad i desnudez política, en la necesidad de crearlo todo, hasta que pasados años i años llegan por progresos mas o menos lentos a no necesitar de auxilios exteriores.

Este estado de miseria es mayor i mas sensible en razon del atrazo en que se encontraba la metrópoli. Si esta se hallaba envuelta en tinieblas, absurdos i preocupaciones de todo jénero; si las luces de sus vecinos no pudieron penetrar la horrible valla formada por sus envejecidos hábitos, amados i heredados errores, educacion miserable, i establecimientos crueles i bárbaros, es im

posible que estas disposiciones desgraciadas no afecten i se comuniquen a sus colonias. Poca imparcialidad e instruccion se necesita para advertir , que esta triste pintura conviene perfectamente a la España. Tal era el estado melancólico en que la halló la actual revolucion. De aquí es, que entre otras cosas no podemos extrañar esa estupidez, esa ignorancia, esa barbaridad que manifiestan en sus palabras, obras, pensamientos, i deseos los apasionados al antiguo sistema. Han dado en llamarlos sarracenos ; pero lo cierto es que los sarracenos, que se apoderaron de la Península, amaban las letras i los sábios , como lo prueba elegantemente el abate Andrés; pero los sarracenos de hoi dia estan cada vez mas mentecatos, aborrecen la ilustracion por no sé que recelos cómicos, cada letra i cada libro de los pueblos cultos i poderosos les parece un tigre, i quisieran ahorcar a todos los sábios, porque todos son patriotas. El sábio i elocuente periodista de Buenos Aires en su núm. 64 se admira de la estupidez i ceguera a que condujo a sus pueblos el gobierno español, en vista de las dificultades que ha tenido que vencer el partido liberal de las cortes de Cádiz, i los debates peligrosos que ha sostenido para abolir cierta institucion mui amada de los mamelucos, viéndose precisados para aliviar a la humanidad a restablecer en el siglo XIX. una lei del siglo XII famoso por su oscuridad i barbarie. Pero este escritor se ha olvidado del sublime i profundo arbitrio del favorito Godoy para ilustrar a los españoles por medio de la reforma del teatro. La España estaba ya para agonizar, una nueva dinastía iba a apoderarse del trono de los Borbones, todo era desórden, todo infortunio, cuando aquel poderoso jénio, superior a la adversidad, meditó mui a san

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