Imágenes de páginas
PDF
EPUB

Anérica como unos apoderados del Ser Eterno, que venian a tomar cuenta de los errores de los indios, pero como ya se les habia sujetado por las armas, hicieron éstos poco caso de un lenguaje, que no podian entender ni los mismos que le hablaban. Solo conocian que los españoles estaban empeñados en acabar con la raza indijena, para poseer sin zozobra las riquezas , de que abundaban estos paises. Veian degollar a sus padres, hijos, i mujeres sin mas delito que habitar un pais en que los colocó la naturaleza ; i pareciendo a los tiranos que no era bastante inhumanidad ahorcarlos, descuartizarlos i quemarlos vivos, tambien los hacian pasto de sus perros. Con tal carniceria en un abrir i cerrar de ojos desaparecieron aquellas grandes poblaciones, que pondera el santo obispo Casas diciendo, que eran como los enjambres de abejas en un colmenar.

Este sistema de opresion i tiranía no fué aun bastante para satisfacer al despotismo: era preciso hacer dependientes absolutamente a los naturales de América hasta de la misma industria de los españoles. Se prohibió que los americanos pudiesen adquirir las cosas que necesitaban de otra mano que no fuese la de sus señores; i para hacer la dependencia mas insufrible, se obligó a los habitantes de América a abandonar el cultivo de todas aquellas cosas que podian venir de España. El mismo comercio recíproco de unos paises de América con otros estaba prohibido, como podia estar entre dos naciones enemigas. Asi es, que sin agricultura, sin artes, sin comercio, i sin navegacion, debiamos vivir siempre pobres i siempre abatidos. Tal fué el secreto de la política española con relacion a sus desventuradas colonias. .

El poder ilimitado de los gobernadores i vireyes, sobre las durísimas leyes de la arbitrariedad, que llenabari el código español, era otro mal que sufrian los americanos sin la menor esperanza de remedio. Todo conspiraba a reducir estos felicísimos paises al último grado de miseria i de desolacion. Unos reinados se sucedian a otros, caian unos ministros, i otros se levantaban sobre los caidos; pero nadie se ocupó jamas en echar una mirada de piedad sobre los miserables habitantes del nuevo mundo, para quienes no habia otra esperanza de remedio, que la muerte, término de todas las desgracias.

Esta situacion deplorable duró en América 300 años, hasta que irritada la divina justicia por los exesos del despotismo español, quizo castigar el orgullo de nuestros tiranos, al mismo tiempo que nos abria a los oprimidos la puerta de la libertad. Cumplióse la profecia del santo obispo de Chiapa, con que amenzó a Felipe II. haciéndole entender, que la España sufriria la misma suerte de las Américas, si en lugar de subsanar los daños, que habia ocasionado en estas rejiones, no mudaba de conducta. Mas aunque el mismo Dios hubiera hablado en la Península como a Moyses en el Sinay, los españoles siempre serian mas tiranos que los mismos Faraones: en vano seria que lloviesen sobre España todas las plagas del Ejipto, porque aquellos corazones endurecidos no podian jamas ceder sino al último exterminio. Se vieron estos uşurpadores usurpados repentinamente por otro usur"pador mas poderoso : conocieron que nosotros debiamos abandonarlos en su desgracia , i ocurrieron a nuestra piedad con lágrimas de cocodrilo, i con promesas de un traidor, que no teme faltar a su obligacion, cuando su poderi su interes le ponen en disposicion de descubrir sus do bles intenciones: nos prometieron mirarnos como her

manos : les ayudamos en sus apuros segun su promesa , i luego que se hallaron menos oprimidos, no trataron de otra cosa que de doblar nuestras cadenas, i hacernos jemir eternamente en la antigua esclavitud.

Esta conducta del despotismo español hizo casi a un mismo tiempo su estrago en Buenos Aires, en Chile, en Quito, en Santa Fé, en Méjico, en Caracas, i en algunas provincias del reino de Guatemala. Los cabildos, convocando a sus pueblos, i llamando a los representantes de los otros, fueron en todas partes los autores de las revoluciones. En las asambleas que se celebraron para el establecimiento de las Juntas, no solo concurrieron las cabezas de familias americanas, sino tambien las europeas, dando el resultado de aquellas sesiones un firme testimonio de la verdadera voluntad jeneral. En esta capital se congregaron en el consulado mas de quinientas personas de la primera representacion del pais. ¿Cómo, pues, el Sr. Flores Estrada se atreve a asegurar, que nuestra revolucion es obra de unos pocos intrigantes ? El entusiasmo de Méjico, que se ha visto en ejércitos de ochenta i cien mil hombres: el desprecio con que han mirado aquellos héroes las sacrilegas. excomuniones de los ministros del terror i de la ignorancia: la constancia en la lucha, a pesar de los reveces de la suerte, ¿pueden acaso ser obra de unos pocos intrigantes? No ha hecho tanto la España, para acreditar su ódio nacional contra la Francia. Buenos Aires, que ha sostenido una guerra activa por todos los puntos de su territorio, que ha variado muchas veces sus jenerales i gobernadores , que ha derrotado casi siempre al enemigo, que se le ha puesto delante ¿podia hacerlo sin contar con toda la disposicion de sus provincias? Chile, que ha cerrado sus puertos al comercio de Lima, i ha desvanecido en un momento la furiosa tempestad que le amenazaba, i seria capaz de lograr tan repetidas victorias, sino por el esfuerzo de todos sus naturales ? į Santa Fé se mantendria en tanta tranquilidad, sino estuviese asegurado su gobierno en la opinion de cuantos obedecen i mandan? Vaya que el Sr. Flores i los que piensan como él, son malos lójicos cuando tratan de un negocio en que estan interesados.

Es cierto que nuestros pueblos no tomaron todo el interes, qne debian por su libertad, desde el primer instante, en que los españoles descubrieron sus miras de conservarnos en esclavitud; pero tambien lo es, que fueron dóciles a la voz enérjica de aquellos hombres ilustrados, que les hicieron conocer el mal que les traia la dependencia de España, i el bien de su separacion. Siel hábito de vivir como esclavos nos habia adormecido para no sentir de pronto los estímulos de la libertad, la luz de nuestros derechos i el conocimiento de la impotente política de los tiranos, despertó nuestra sensibilidad i animó nuestro entusiasmo. Las reformas hechas en la administracion de las rentas estancadas por el antiguo despotismo, la extension que se procuro dar a nuestro comercio, a nuestras artes, a nuestra agricultura, a nuestra ilustracion , fueron otras tantas pruebas, de que solo la felicidad de la patria habia sido el orijen i la causa de nuestra revolucion: asi como el ódio, que se va corroborando mas i mas cada dia, contra el gobierno español, es el mejor documento que acredita el contento de nuestros pueblos bajo el gobierno de .sus conciudadanos. Si en alguna parte, por desgracia, han habido americanos, que olvidados de su deber, se han manchado con alguno, o con todos los vicios de

anos

los tiranos, esto en nada puede deslucir la empresa gloriosa de toda la América en jeneral, pues es cosa sabida, que Roma nada perdió porque fuesen romanos los Silas , los Tarquinos, ni los Nerones.

Cuando un Plutarco americano haya recojido los materiales suficientes para dar a la luz del mundo la historia de los héroes de nuestra revolucion , entonces veremos, que si en Grecia e Italia hubieron hombres virtuosos i amantes a su patria, no faltaron en América otros que los imitasen. Por ahora séale lícito a mi tosca pluma echar un solo razgo sobre el héroe, que brilla en el Perú , sobre el virtuoso Belgrano, que merece justamente el nombre de padre de los pueblos. Esta pequeña alabanza es el tributo que debe rendir todo hombre de bien a la virtud i al heroismo: no es del jénero de aquellas que se llaman lisonjas, i solo se prodigan por temor o por interes. Este hombre ilustre de nuestra revolucion, humano con sus enemigos, valiente en las batallas, moderado en la victoria, constante en los peligros, i prudente en todas sus resoluciones, al mismo tiempo que nos presenta el modelo de un gran jeneral, se nos aparece revestido de las prendas de un filósofo, i de las calidades mas apreciables de un patriota. Él pelea por la felicidad de su patria, i cuando ésta agradecida a sus servicios piensa recompensarlos con una suma considerable, la delicadeza del héroe no cree llenar los objetos de su virtuoso patriotismo , sino repartiendo su fortuna entre aquellos pueblos que padecieron mas bajo la tiranía de sus enemigos. Si estos pueblos reconocidos a la libertad, que les ha proporcionado este anjel tutelar , intentan demostrarle su gratitud, i se preparan a recibirle con el regocijo que merece un redentor, él les ruega

« AnteriorContinuar »