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su crueldad e injusticia. Si fuese subyugada la patria, saldrian de ella los ejércitos que llevasen la esclavitud i la muerte a las restantes provincias americanas, que pelean por su libertad. Id soldados de la patria bajo la proteccion del Dios de los combâtes; os cubra con su manto la Reina clementísima de las victorias, i volvais al seno de vuestras familias a gozar el fruto de vuestros gloriosos trabajos, una lejislacion prudente, i las dulzuras de la paz.

José Miguel Infante. = Agustin Eizaguirre.=Juan Egaña.

DEL CARACTER DE LA REVOLUCION AMERICANA.

Juéves 16 de Setiembre.

da pueblos, i principalmente los que dirijen los negocios públicos en las revoluciones , deben tener

siempre en el ánimo estas preguntas: ¿qué dirá el muni la posteridad de nosotros? ¿ con que colores se presentará nuestra revolucion a los ojos del mundo i de la posteridad? Largamente se discurrió en la Aurora acerca de la necesidad que tienen los estados, i mas aun los estados nacientes, de la buena opinion. Las revoluciones son los pasos atrevidos de los pueblos, exitan varios juicios, i por tanto deben ponerse a cubierto de toda censura. Ademas es un espíritu bien miserable el que no cuida de la fama, i el que no desea que su nombre llegue con estimacion a las edades venideras. En toda revolucion hai dos cosas principales que considerar: la causa que se sostiene, i el modo con que se conduce. Los mejores injénios de la época actual han demostrado con raciocinios invencibles la justicia de nuestra causa. Todos los hombres ilustrados estan en su favor: sus contrarios nada han dicho razónable: i aun los sábios del siglo anterior, que predijeron estos movimientos, los hallaron necesarios i justos, i dignos de un pueblo virtuoso. Aunque el asunto es nuevo, puede decirse que ya todo está dicho, i ya no se hace mas que repetir. Nos avergonzáramos, porque fuera deshonrar a la naturaleza humana, de persuadirnos que hubiese alguno que pusiese en duda los derechos de la América despues de tantos convencimientos i demostraciones. Tambien el grito de la conciencia, i el sentimiento íntimo de la dignidad del hombre prueba i atestigua la existencia de estos derechos. Con todo, estos derechos están actualmente atacados con perfidias i violencias: i este es el segundo periodo de la revolucion. Es desgracia mui antigua i frecuente en el mundo que se desprecien i atropellen todos los derechos: por eso han habido guerras injustas; por eso siempre es necesario defenderse; sín fuerzas nada vale la justicia i es necesario estar siempre en estado de defensa. En el caso presente de víolentas agresiones contra sus eternos derechos la América ha empuñado la espada de una defensa virtuosa. Sus habitantes son pacíficos, pero la injuticia de sus enemigos los pone en la necesidad de hacer la guerra no solo para repelerlos, sino para que no los hagan verdugos de las restantes provincias americanas: para no ser soldados de los tiranos contra sus vecinos, contra sus compatriotas. No han de sucumbir todas las provincias; i aunque sucumbiesen, no habia de ser a un mismo tiempo; por lo que del seno de las provincias subyugadas habian de salir los ejércitos para llevar la devastacion i la muerte a las que aun peleasen por la libertad. De este modo vendria a ser la patria un seminario de asesinos, i el alimento de una eterna guerra. Entre los destinos odiosos, desgraciados i tristes, que una fortuna cruel puede repartir a los mortales, talvez es el peor el de aquellos hombres que se ven precisados a ser cómplices de los tiranos, instrumentos de destruccion, i máquinas de muerte contra sus mismos compatriotas. Desgracia pelear unos por el honor de la patria, i otros por hacerla infame. Estos, si perecen en estas contiendas infelices, no mueren en el campo del honor, sino en la oscuridad de la infamia. O malograda oficialidad de Valdivia, i de Lima vuestro valor, honor i talentos eran dignos de servir a la honrosa causa que sostenemos; pero os sacrificasteis por los tiranos, i vuestro nombre quedará sin gloria. Asi es como las provincias revolucionadas, i aun las que permanecen bajo el antiguo yugo, se hallan en la precision de pelear en favor de sí mismas, o en defensa de los tiranos; esto es, o por la libertad i el honor, o por la esclavitud i la deshonra. Si se subyugase Chile, todos saben que lo mas florido de su juventud tendria que hacer la guerra contra Buenos Aires, i llevaria la comision horrible de esparcir la muerte i el duelo por sus provincias interiores. Si la causa en que estamos empeñados es, segun lo expuesto, necesaria, honorable i justa, se sigue que ha de ser lo mismo la revolucion. Empero esto no basta para hacerla ilustre, ni es lo que únicamente determina su carácter: él depende de la conducta de los pueblos i de sus caudillos. Su historia ha de aparecer en el mundo, i serán llamados a un juicio imparcial todos sus hechos, sus vicios i sus virtudes. Entónces se pronunciará acerca de su verdadero carácter. Si triunfa, se dirá que hombres i que virtudes le dieron la victoria: si se tiene un éxito infausto, se nombrarán con horror i oprobio los instrumentos del desastre, i los vicios que lo ocasioIla l'On.

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DISCURSO EN EL ANIVERSARIO DE LA INSTALACION DEL NUEVO GOBIERNO, POR CAYO HORACIO.

Sábado 18 de Setiembre.

s NTRAMos en el año tercero de la revolucion: ojalá

pudieramos decir de la libertad i del imperio de la lei! pero hasta ahora pueblo alguno alcanzó bienes tan grandes i difíciles en tan corto tiempo. No pueden ser momentáneas las obras de la constancia i de la prudencia. Como no es dado a los hombres llegar a la libertad sin pasar por peligros, ni ser libres sin aprender a serlo, i adquirir experiencia, no puede ser el renacimiento político de los pueblos semejante a la aurora en una mañana hermosa i serena. Es necesario pasar por tempestades, i aun por la oscuridad de la noche. Por otra parte, como nunca faltan quienes se interesen en esclavizarlos, o en eternizar su antigua servidumbre, nunca pueden establecer en paz los fundamentos de su dicha, sus leyes, i sus nuevas instituciones. Aun la bondad, i los inconvenientes de las nuevas instituciones no es fácil que se conozcan sin experimentarse, principalmente si solo se han adoptado porque están establecidas en otros paises bajo circunstancias mui diversas. Esto exije ensayos; los ensayos i rectificaciones en asuntos políticos no se hacen sin movimientos i disgustos. Las pruebas de estas verdades se hallan en la historia de todas las revoluciones. A nosotros toca hacer que la patria no tenga jamas que avergonzarse de su renacimiento político. Nuestra conducta ha de dejar a la posteridad una herencia de honor, o de infamia. Es cierto que su causa es exelente i gloriosa, i sus principios justos i liberales; pero tambien es cierto que es, necesario que se sostenga con fortaleza i sabiduría, i que nuestros pasos sean circunspectos, reglados siempre por la equidad i la moderacion. ¿Queremos hallar apoyos en lugar de enemigos? Seamos justos en lo interior, i obtengamos la fama de moderados i sensatos para con los que nos observan de fuera. ¿No es cierto que no debemos desesperar a ninguno? ¿No es cierto que las potencias europeas tienen colonias, i que nos mirarian como a enemigos, si por la exajeracion de nuestros principios pusiésemos al mundo una hacha incendiaria? No nos demos vanas alabanzas. Si hemos hecho algo bueno, acordémosnos que es mas lo que nos falta que hacer. Si nos hemos a veces estraviado, enmendemos nuestros errores. Hemos estado verdaderamente en la infancia, que es la edad de la experiencia, i aun de los delirios. Es ya tiempo de oir los consejos de la sabiduria, i proceder con reflexion, i madurez.

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