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puertos al comercio de Lima, i ha desvanecido en un momento la furiosa tempestad que le amenazaba, ¿ seria capaz de lograr tan repetidas victorias, sino por el esfuerzo de todos sus naturales? ¿Santa Fé se mantendria en tanta tranquilidad, sino estuviese asegurado su gobierno en la opinion de cuantos obedecen i mandan? Vaya que el Sr. Flores i los que piensan como él, son malos lójicos cuando tratan de un negocio en que estan interesados. Es cierto que nuestros pueblos no tomaron todo el in

teres, qne debian por su libertad, desde el primer instante, en que los españoles descubrieron sus miras de conservarnos en esclavitud; pero tambien lo es, que fueron dóciles a la voz enérjica de aquellos hombres ilustrados, que les hicieron conocer el mal que les traia la dependencia de España, i el bien de su separacion. Si el hábito de vivir como esclavos nos habia adormecido para no sentir de pronto los estímulos de la libertad, la luz de nuestros derechos i el conocimiento de la impotente política de los tiranos, despertó nuestra sensibilidad i animó nuestro entusiasmo. Las reformas hechas en la administracion de las rentas estancadas por el antiguo despotismo, la extension que se procuró dar a nuestro comercio, a nuestras artes, a nuestra agricultura, a nuestra ilustracion, fueron otras tantas pruebas, de que solo la felicidad de la patria habia sido el oríjen i la causa de nuestra revolucion: asi como el ódio, que se va corroborando mas i mas cada dia, contra el gobierno español, es el mejor documento que acredita el contento de nuestros pueblos bajo el gobierno de sus conciudadanos. Si en alguna parte, por desgracia, han habido americanos, que olvidados de su deber, se han manchado con alguno, o con todos los vicios de los tiranos, esto en nada puede deslucir la empresa gloriosa de toda la América en jeneral, pues es cosa sabida, que Roma nada perdió porque fuesen romanos los Silas, los Tarquinos, ni los Nerones. Cuando un Plutarco americano haya recojido los materiales suficientes para dar a la luz del mundo la historia de los héroes de nuestra revolucion, entonces veremos, que si en Grecia e Italia hubieron hombres virtuosos i amantes a su patria, no faltaron en América otros que los imitasen. Por ahora séale lícito a mi tosca pluma echar un solo razgo sobre el héroe, que brilla en el Perú, sobre el virtuoso Belgrano, que merece justamente el nombre de padre de los pueblos. Esta pequeña alabanza es el tributo que debe rendir todo hombre de bien a la virtud i al heroismo: no es del jénero de aquellas que se llaman lisonjas, i solo se prodigan por temor o por interes. Este hombre ilustre de nuestra revolucion, humano con sus enemigos, valiente en las batallas, moderado en la victoria, constante en los peligros, i prudente en todas sus resoluciones, al mismo tiempo que nos presenta el modelo de un gran jeneral, se nos aparece revestido de las prendas de un filósofo, i de las calidades mas apreciables de un patriota. Él pelea por la felicidad de su patria, i cuando ésta agradecida a sus servicios piensa recompensarlos con una suma considerable, la delicadeza del héroe no cree llenar los objetos de su virtuoso patriotismo, sino repartiendo su fortuna entre aquellos pueblos que padecieron mas bajo la tiranía de sus enemigos. Si estos pueblos reconocidos a la libertad, que les ha proporcionado este ánjel tutelar, intentan demostrarle su gratitud, i se preparan a recibirle con el regocijo que merece un redentor, él les ruega

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encarecidamente, que no le rindan el homenaje que la esclavitud acostumbró rendir al despotismo. Alma grande, espíritu sublime, que te averguenzas de ver las humillaciones de tus iguales muestra a los enemigos de la revolucion de América, que la virtud es, i no el egoismo, quien da impulso a nuestra independencia. Has ver a todo el universo, que las virtudes de los americanos renovarán en estos paises los dias gloriosos de Esparta, de Atenas, i de Roma. Cierre sus torpes labios la negra envidia, i saque de entre la turba de asesinos, que mandan ejércitos en la Península, un hombre, que merezca los inmarcesibles laureles de Belgrano. Muéstreseme; que mis alabanzas, reservadas solamente a la virtud, no serán menos espresivas para el español, que lo que han sido para el americano. Entre tanto aquellos fanáticos, que predican, que nuestra revolucion es contraria a la lei de Jesucristo, vengan a tomar lecciones de piedad i de sabiduria del virtuoso jeneral Belgrano, honor de América ilustre de sus armas.

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Sábado 28 de Agosto.

Nl. Republicano se averguenza con razon de la conE= Educta de nuestros gobiernos con el nombre de Fernando VII. Un rei solo en el nombre no es diferente de los príncipes de comedia. El mismo Ezeyza () con su uniforme de cirujano de ejército administraba mas poder sobre

(*) Un español que conspiró en Aconcahua contra el gobierno, i fué ejecutado despues de ser juzgado con todas las formalidades de la lei.-El Editor.

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los Andes, que D. Fernando preso en Francia sobre su adoradora España. A lo menos aquel tenia una fuerza, cuando este se halla sometido a la de Napoleon. Desde que su obstinada inocencia, o su complicidad, lo enajenó de sus estados, ni ha podido lejislar, ni ejecutar, ni juzgar. Le faltaron los tres poderes que ántes ejercia, el primero por usurpacion, i los otros por tolerancia. Ninguno habia conferido la América a los Borbones por aquel pacto jeneral de los pueblos, que exclusivamente puede trasladar el uso de la soberanía. Pero bastaba que Fernando no estuviese en actitud de ejercer el poder ejecutivo, para que perdiese la calidad i el nombre de monarca, que no es otra cosa que el primer ministro de la lei. Todos estos principios de hecho i de derecho se hallan tan repetidos en los papeles de la revolucion, como los que autorizan la independencia de la América. - Sorprendida por la conquista, i asolada por la barbarie de los conquistadores, el miserable resto de naturales que pagaba el piso en su propia Casa, fué recibido bajo la tutela de los nuevos amos, que se lisonjeaban en sus leyes de conceder a los indios el privilejio de menores. El tiempo fué acabando los troncos de esos tiranos; i su descendencia reproducida en tres centurias por el matrimonio con las hijas de América, llegó a formar una familia numerosa capaz de vengar las injurias de sus abuelos, e insujetable a una lejislacion de neofitos i pupilos. El cuerpo político, en una palabra, creció, salio de la minoridad, i estuvo en aptitud de conocer los derechos que le inspiraban la naturaleza i la libertad sofocadas por el ambicioso despotismo. Estos derechos Se desenvolvieron con la muerte civil del último rei de España, que dejó a los pueblos sin caudillo, i en la necesidad de elejirlo. Los americanos nombramos nuestro gobierno: ya fue aquella una emancipacion de hecho: pero el hábito de ciego respeto al lugar de donde siempre se habian visto emanar las autoridades, o la cobardia consiguiente a la ignorancia en que era educado el pueblo, introdujo en sus justas deliberaciones implicancias, que serian eternamente vergonzosas, si confesán- . dolas no tratásemos de subsanarlas, i de rectificar nuestros pasos inciertos. Tales han sido los diferentes reconocimientos a las Juntas que con el título de Soberanas se levantaron en la Península. La Central fué la primera a que se tributó obediencia. Yo decia entonces: o la América se reputa un rayo de este centro, o no: si lo primero, la Junta no es central sin su concurso, ni merece de consiguiente nuestra sumision: si lo segundo, la América es verdaderamente independiente de esa España sujeta a una asociacion de que no somos parte. Este discurso me trajo una prision el 25 de Mayo de 1810. Pero la disipacion de la Junta Central con las execraciones de los españoles, i la subrogacion de un Consejo de Rejencia, aunque elejido por ella misma, justificaron las observaciones de los que apenas se atrevian a murmurar en secreto este juego de la desastrosa España. Chile en estas circunstancias erijió su Junta Gubernativa, i a pesar de que la asamblea del pueblo ni una sola palabra habló sobre el reconocimiento de la Rejencia, el aparece como una de las cláusulas constitutivas de la Acta de Instalacion, que solo suscribió el cabildo de aquel tiempo. No podia haberse inventado un resorte mas exelente para complicar los movimientos de nuestro nuevo gobierno,

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