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faccion el logro de sus ideas, aunque fuese a costa del sacrificio de sus mismos conciudadanos. Se hace precisa recorrer aunque lijeramente los sucesos mas memorables del reino desde la instalacion de su primera Junta, para asegurar a la faz de todo el mundo, que en los defensores de la patria nada ha podido el vil interes, con que hoi se pretende mancillar su opinion de un modo degradante i desconocido para hombres que empiezan a conocer los sagrados derechos de su libertad. ¿I qué aprecio podemos esperar de las naciones cultas, i de nuestros propios hermanos, cuando vean ensuciar las prensas con personalidades ridículas, que solo pueden concitar la desunion i decadencia del sistema ? ¿No seremos justamente el oprobio, i el blanco de las iras de aquellos, que trabajando sériamente por su libertad, ven en nosotros una frialdad suma, cuando todavia está levantada la segur de la tiranía , para remachar de nuevo los grillos de nuestra opresion ? ¡Compatriotas! conozcamos el estado actual de nuestra situacion, i él solo podrá decidir la justicia , o injusticia de los procedimientos de vuestros defensores.

Desde el momento que el reino de Chile conociendo sus imprescriptibles derechos, procuró derribar el edificio del antiguo despotismo, los Carreras fueron los primeros que tomaron el mayor interes en la revolucion, i cuando el 1.° de Abril de 1811 el partido de los realistas hizo los últimos esfuerzos para restablecer su primitivo gobierno, mi hermano D. Juan José, sarjento mayor del batallon de granaderos, se presentó en la plaza con una corta division, i ella sola fué suficiente, para rechazar al enemigo i salvar la patria en sus primeros conflictos. (*)

(*) Sin perjuicio del mérito contraido en aquella jornada por D. Jnan José Carrera debemos advertir que el mando de la division no lo tuvo él, sino el benemérito comandante de granaderos D. José Santiago Luco.- El Editor.

Vje mirgoerous als deberas de civisi238 annis, basta que por D. delo Larrab. D. FrasCS AssePOI, D. Mogel Saias, i gros seios de regresa de espes el peso en que se ha a ta la para pelas facciones del congreso, asegurando Due, coe el poebo clamaba por un gobierno enérgico que ajaszase con sus providencias la seguridad pública: dinje ascenso, i el 4 de Setiembre a las doce del dia t amos el parque de artifieria con 70 granaderos, i en la tarde, reanida, la fuerza, marchamos a la plaza para sostener los justos reclamos de los verdaderos patriotas, i cuando esperábamos encontrar un númeroso pueblo, solo divisamos de 30 a 60 hombres, que nos ratificaron del engaño, con que nos habian sorprendido por sus miras particulares. Retrocedler en este momento hubiera sido dar toda la preponderancia al partido de los realistas, que siendo considerable, tenia al mismo tiempo parte en la fuerza. Por necesidad tuvimos que seguir el plan convipado con estos hombres, sin manifestar el menor interes, dejándoles colocar a su arbitrio en el congreso al presbítero D. Joaquin Larrain , i D. Carlos Correa; i en el poder ejecutivo a D. Juan Enrique Rosales, D. Juan Mackenna, D. Juan Rosas, iD. Gaspar Marin.

Afianzados con el gobierno, empezaron a desplegar por todas partes la ambicion i el espíritu de partido; i no contentos en presidir los tres cuerpos mas respetables del reino , teniendo a su disposicion mucha parte de la fuerza, trató el congreso de dar preponderancia a la Junta de Concepcion, permitiendo pudiese dar empleos hasta la clase de coroneles, negando esta facultad a la de Santiago, que se reputaba por la suprema de todo el reino. Resentidos justamente muchos patriotas de la capital nos expusieron en diversas ocasiones, que la provincia de Concepcion tenia sus diputados en el congreso jeneral, i que siendo sostenida por la de Santiago, no debia tener mayores privilejios que esta ; i por último que nosotros como autores de semejantes males, deberiamos en todos tiempos responder al estado de las desgracias, que sucediesen por esta causa. Este nuevo acontecimiento nos obligó a representar a la superioridad en los términos expuestos; i sin mas causa , trataron de sorprendernos, i para consultar nuestra seguridad personal tuvimos que poner sobre las armas el pabellon de granaderos, i tomar el cuartel de artilleria el 15 de Noviembre de 1814, de donde intimamos a los demas cuerpos de la capital no hiciesen movimiento alguno. Al siguiente dia reunido el pueblo en la plaza, nombró a mi hermano D. José Miguel de vocal del poder ejecutivo; dió el grado de brigadier a D. Juan José, i a mí el de teniente coronel, i comandante de artillería, quedando el congreso i el ejecutivo en el ejercicio de todas sus facultades.

Cuando parecia estar todo quieto i tranquilo, entonces trabajaban con mas eficacia para acabar nuestras vidas, i creyeron poderlo ejecutar en la misma sala del congreso, como lo hubieran realizado, a no estar prevenidos por ciertas sospechas, o indicios que precedieron. A pocos dias de este suceso, nos dieron aviso que el 27 de Noviembre en la noche pensaban asesinarnos al regresar de nuestras tertulias. Con esta noticia tomamos prontamente los caballos, dirijiéndonos al punto donde nos esperaban, i en el camino sorprendimos a dos de ellos con las armas en la manos, de allí los pasamos a la cárcel, se les tomaron sus confesiones, i substanciada la causa, resultaron cómplices los que el pueblo no ignora, como igualmente que les indultamos la vida con la mayor jenerosidad, subrogando un corto destierro a la pena capital.

Desembarazados de estas ocurrencias, i convencidos de la nulidad, falta de representacion en el congreso por la ilejitimidad de los representantes, resolvimos disolverlos como se efectuó el 2 de Diciembre sin otras miras que la conservacion del sistema. La provincia de Concepcion negó por entonces la obediencia a la capital, puso tropas sobre Chillan i Linares, lo que obligó a reunir una fuerza considerable en el canton del Maule; i en este mismo tiempo intentaron por tercera vez nuestros enemigos quitarnos de en medio el dia 1.o de Abril de 1812. Descubierta la conspiracion i sus cómplices, usamos con ellos de la misma jenerosidad que con los primeros, para dar un testimonio a todo el reino de lo sensible que nos era darramar la sangre de unos fieros homicidas, que siempre esperábamos reducir a la union, haciéndoles conocer la pureza de nuestros procedimientos, i que el deseo de la salud de nuestros hermanos solo podia obligarnos a sostener el mando, en circunstancias de estar la patria en los mayores apuros, i con un crecido número de enemigos domésticos.

Terminadas las diferencias entre la capital i la provincia de Concepcion, se retiraron las tropas de una i otra parte, i al poco tiempo el partido de los realistas, bajo pretexto de una amistad aparente se echó sobre el señor Rosas, i otros patriotas de aquella provincia, formó una junta de guerra , i se unió a la capital : descubierta la intriga, despachó el gobierno un comisionado para disolverla, i restablecer el sistema, como se verificó el dia tantos de setiembre de 1812.

Cuando nos lisonjéabamos de haber conseguido la reunion de los pueblos; cuando creiamos haber restituido el entusiasmo de la libertad civil, i cuando en fin tratábamos de realizar el congreso, que pudiese interpretar la voluntad jeneral sin las trabas i nulidades que el anterior, los enemigos de la tranquilidad conspiran por cuarta vez contra nuestras vidas, son aprendidos los autores, i resultando convictos del sumario, les concedemos una vida, que deseamos conservar con el riezgo de nuestra propia existencia.

La inesperada invasion del ejército de Lima sobre nuestro territorio frustró los planes, que estaban ya formados para poner a los pueblos en el libre uso de sus derechos. Partimos al punto al campo de batalla, para empuñar el acero por la defensa de la patria, i en tan críticas circunstancias, i cuando debian hermanarse nuestros sentimientos, para quebrantar en el último golpe la erguida cerviz del enemigo, la faccion contraria redobla sus esfuerzos, promueve la desconfianza, inspira la desunion, inedita nuevos planes inicuos contra sus defensores, destina para los empleos de mayor confianza a unos hombres criminales, i que mas de una vez atentaron contra sus vidas; en una palabra, loca cuantos resortes son imajinables, para desconceptuar nuestra conducta en el con- i cepto de los hombres sensatos, i nos presenta al pueblo como unos déspotas sin otro delito que haber publicado la constitucion de Chile, dando a entender que soJo fue parto de nuestra arbitrariedad, prevalidos de la fuerza , que teniamos a nuestra disposicion.

En corazones llenos de jenerosidad jamas puede cimentarse la opresion, ni cosa que suene a tiranía : asi es que en la publicacion de la constitucion no tuvimos otro objeto, que contener a los enemigos del sistema, i estable

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