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esta importante contienda, renunciareis el empleo que se os ha confiado, i volvereis a ser nuestro mas digno conciudadano” La grande alma de Washington le responde: “aunque no dejo de ser un ciudadano cuando me encargo, como soldado vuestro, de las fatales pero necesarias operaciones de la guerra, me juntaré con vos en aquel momento dichoso, en que restablecida la libertad americana sobre firmes i sólidas bases, pueda yo volver a mi privada condicion, para vivir en el seno de una patria libre, pacífica, i feliz.” Asi hablaba el grande hombre que solo conoció la noble ambicion de conquistar los derechos del jénero humano, i de dejar a su patria en libertad, seguridad i prosperidad. Asi hablaba, i cumplió sus promesas el hombre eminente, que despues de haber arrostrado todos los peligros, i devorado todos los disgustos por lograr sus altos designios, volvió, a su parecer, a la pacífica oscuridad, como si pudiesen permanecer en oscuridad la virtudes heroicas, i un nombre brillante, guardado por el voto público en el templo de la fama. Tiempo es de que los ánimos se ocupen únicamente del sublime i árduo objeto de la libertad i seguridad pública. En su presencia deben enmudecer los resentimientos i animosidades. Los hombres útiles deben colocarse, sean cuales fueren sus particulares afectos. Sostenemos la causa de la patria, no los intereses de algun partido. Los talentos i la virtud deben buscarse, i ponerSe en accion en cualquiera parte donde se encuentren. Una conducta semejante ha salvado en todos tiempos a las repúblicas, las ha dado consistencia, triunfos igloria. Solo la union, el valor, la honradez, i los talentos pue

den salvarnos. Estas cualidades son tan necesarias en las armas como en las majistraturas. Tenemos enemigos, i la libertad está siempre amenazada. Si observamos la revolucion actual en todos sus puntos, sin exceptuar uno solo, sea en Quito, Caracas etc. veremos que el enemigo se ha presentado siempre con fuerzas débiles, i que éstas han crecido por los defectos interiores, en que han tenido la mayor parte unos majistrados sin resolucion, facciosos, i sin luces. Cuando proclamamos libertad, es necesario hacer gustar a nuestros conciudadanos las dulzuras de la libertad, para que la amen i peleen por ella.

En fin, yo repito las palabras de Lucio Junio Bruto: () —“Concluyo observando, que ha llegado el tiempo en que todo hombre virtuoso i bien intencionado debe olvidar las consideraciones privadas i de partido, i formar una union mas grande i mas duradera. Sea que haya estado en oposicion con Jefferson, o que haya aprobado la política contemplativa e infeliz de Adams, o haya admirado las miras justas i brillantes talentos de Hamilton, es ya el caso de que los verdaderos amigos de su patria hagan una causa comun en favor del bien público contra el enemigo de todos.”

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(*) Un escritor de la revolucion de Estados Unidos—El Editor.

Sábado 30 de Octubre.

LETRILLA.

la; gran causa va triunfando
Del despotismo infeliz,
Los tiranos se confunden
En la sanguinaria lid;
I con todo el sarraceno

Persiste en su obstinacion.
Raro monstruo! buen primor!

Aunque está inundado el mundo

De primorosos papeles,
La virtud está en menguante,
I la maldad en creciente.
La ambicion i el egoismo
Alzando su odiosa frente,
Anuncian la destruccion.
Raro monstruo buen primor!

Conocer nuestros derechos Decimos que es necesario, Pero aunque yo los conozca Tu no cesas de insultarlos. ¿De que sirven los derechos, Si aunque sean sacrosantos, No tienen veneracion? Raro monstruo buen primor •

No obstante con la constancia
Se vencen los imposibles,
I por la audacia i firmeza

Se hacen los pueblos felices.
Tu de todo te acobardas,
E inspiras consternacion.
Raro monstruo! buen primor!

Bien sabes tu que las ciencias
, I útiles conocimientos
Logrados en la lectura
Son la salud de los pueblos;
Mas nunca tomas un libro
Ni procuras tu instruccion.
Raro monstruo buen primor

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da filósofos han notado una influencia recíproca entre los gobiernos i los pueblos. La tiranía no existiera sobre la tierra, si no fuese tolerada; mas se tolera porque hai pueblos indolentes, brutales, i estúpidos. Los pueblos habrian salido de este estado infeliz i degradante, sino hubiesen habido tiranos. Cuando tratamos de restituir a los pueblos su dignidad primitiva, i de dar a conocer el funesto influjo de los gobiernos perversos sobre su carácter i costumbres, conviene observar menudamente la marcha i las operaciones de esta causa de degradacion. Asombra ver en algunos pueblos tanta indiferencia por los intereses públicos; pero ella es el efecto de una aristocracia envejecida, i del largo uso de no influir ni indirectamente en los negocios del estado. En los mismos aristócratas se nota igualmente, que concentrados en si mismos no les hacen impresion , i aun que los alegran las injusticias i opresiones que ven sufrir a sus conciudadanos. Es cierto que la seña mas clara de estupidez es ser insensible a la iniquidad, i es mostrar una especie de locura reirse i aprobarla. El que no se inquieta con los ul-, trajes que reciba el mas oscuro de sus conciudadanos; el que solo piensa en si mismo, i no se turba con las vejaciones ajenas, es un estúpido que no advierte los males que tarde o temprano han de venir sobre él. Todo esto proviene de que familiarizándose los hombres con las injusticias, se acostumbran a verlas sin horror. La justicia es la base de todas las virtudes sociales, i no es mas que el respeto i la observancia de los derechos que a cada uno le corresponden. Con todo, en el mundo es rara esta virtud tan necesaria a la felicidad pública, i sin la cual no hai libertad. Por la costumbre de ver i de sufrir injusticias se persuaden fácilmente los hombres “que siempre es mejor la razon del mas fuerte." De aquí es, que como si hubiésemos nacido trayendo en las cabezas principios bárbaros i salvajes, parece que todos llegaron a persuadirse que el débil estaba destinado por la naturaleza a ser esclavo del mas fuerte, i que

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