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Sábado 30 de Octubre.

LETRILLA.

A gran causa va triunfando P Del despotismo infeliz, Los tiranos se confunden En la sanguinaria lid; I con todo el sarraceno Persiste en su obstinacion. ¡Raro monstruo! ¡buen primor!

. Aunque está inundado el mundo De primorosos papeles, La virtud está en menguante, I la maldad en creciente. La ambicion i el egoismo Alzando su odiosa frente, Anuncian la destruccion. ¡Raro monstruo! ; buen primor!

Conocer nuestros derechos
Decimos que es necesario,
Pero aunque yo los conozca
Tu no cesas de insultarlos.
¿De que sirven los derechos,
Si aunque sean sacrosantos,
No tienen veneracion ?
¡Raro monstruo! ¡buen primor!

No obstante con la constancia Se vencen los imposibles , I por la audacia i firmeza

Se hacen los pueblos felices.
Tu de todo te acobardas ,
E inspiras consternacion.
¡Raro monstruo! ¡buen primor!

· Bien sabes tu que las ciencias
I útiles conocimientos
Logrados en la lectura
Son la salud de los pueblos;
Mas nunca tomas un libro
Ni procuras tu instruccion.
¡Raro monstruo! ¡buen primor!

Vacilará el edificio
Mas hermoso de la tierra,
Si no inspiras entusiasmo,
I haces amar tus ideas.
¿Una verdad tan palpable,
I apoyada en la experiencia,
Aun no te ha hecho impresion ?
Raro monstruo! ¡buen primor!

(Del mismo.)

Jueves 4 de Noviembre.

V os filósofos han notado una influencia reciproca en

tre los gobiernos i los pueblos. La tiranía no existiera sobre la tierra, si no fuese tolerada; mas se tolera porque hai pueblos indolentes, brutales, i estúpidos. Los pueblos habrian salido de este estado infeliz i degradante, sino hubiesen habido tiranos. Cuando tratamos de restituir a los pueblos su dignidad primitiva, i de dar a conocer el funesto influjo de los gobiernos perversos sobre su carácter i costumbres, conviene observar menudamente la marcha i las operaciones de esta causa de degradacion.

Asombra ver en algunos pueblos tanta indiferencia por los intereses públicos; pero ella es el efecto de una aristocracia envejecida, i del largo uso de no influir ni indirectamente en los negocios del estado. En los mismos aristócratas se nota igualmente, que concentrados en si mismos no les hacen impresion, i aun que los alegran · las injusticias i opresiones que ven sufrir a sus conciudadanos. Es cierto que la seña mas clara de estupidez es ser insensible a la iniquidad, i es mostrar una especie de locura reirse i aprobarla. El que no se inquieta con los ul-. ' trajes que reciba el mas oscuro de sus conciudadanos; el que solo piensa en si mismo, i no se turba con las vejaciones ajenas, es un estúpido que no advierte los males que tarde o temprano, han de venir sobre él. Todo esto proviene de que familiarizándose los hombres con las in

justicias, se acostumbran a verlas sin horror. La justicia - es la base de todas las virtudes sociales, i no es mas

que el respeto i la observancia de los derechos que a cada uno le corresponden. Con todo, en el mundo es rara esta virtud tan necesaria a la felicidad pública , i sin la cual no hai libertad. Por la costumbre de ver i de. sufrir injusticias se persuaden fácilmente los hombres

que siempre es mejor la razon del mas fuerte.” De aquí es, que como si hubiésemos nacido trayendo en las cabezas principios bárbaros i salvajes, parece que todos llegaron a persuadirse que el débil estaba destinado por la naturaleza a ser esclavo del mas fuerte, i que

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no siendo extraño que la sociedad se compusiese de opresores i oprimidos, se debia obedecer como a un enviado de los cielos, a quien tuviese la fuerza, porque ésta es el fundamento del poder. Los que solo tienen por lejítimos a los gobiernos viejos, como si tambien a los go biernos hiciesen venerables las canas; los que no admiten derechos en los pueblos para alterar sus constituciones políticas i establecer un nuevo sistema, cuando es necesario para su prosperidad; los que califican de insurjentes a los pueblos que ponen los cimientos de su libertad ; todos estos, i otros no menos absurdos modos de pensar i de ver las cosas, han nacido de la desgraciada costumbre de oir tratar como insolencias i atentados execrables a las reclamaciones mas justas de los débiles. En verdad, en los gobiernos despóticos el pueblo es siempre injusto i faccioso en sus pretensiones. Sus clamores son rebeliones : sus quejas son sediciones. No le es lícito personarse ni hablar por si mismo: siempre menor de edad, han de hablar por él sus tutores, que aunque conocidos con nombres hermosos, hacen traicion a su confianza. Se creeria que los pueblos al darse a si mismos jefes i gobernantes, perdieron el derecho de pedirles cuenta de sus operaciones: estos, lo mismo que sus ajentes, se juzgan infalibles como la Divinidad. Pero confesemos, que los principes i gobernantes conocieron mui bien a los pueblos que mandaban, i que su proceder absurdo debia su eterna permanencia a unas ideas aun mas absurdas. Habria sido inconsecuencia oponerse a las resoluciones de un hombre a quien se miraba, con infeliz locura, como a un Dios; un hombre que, cuando intimaba sus decretos, decia: “Asi es nuestra soberana voluntad;" cuyo nombre se ponian los mandatarios sobre la cabeza cuan

do leian aquellos decretos o cédulas : 'un hombre que ja- . mas dijo en sus cédulas, que era rei por la gracia i voluntad de los pueblos i de la constitucion ; un hombre en fin, que siendo el tormento de los pueblos, ya por la perversidad de sus ministros, ya por el mal caletre de su esposa, era considerado como padre de los pueblos , siendo asi, que los padres alimentan a los hijos, pero este desollaba a los pueblos i les quitaba el pan de la boca , no solo para mantenerse él, sino para el fomento de un lujo i de una corrupcion imponderable..

(Del mismo.)

Sábado 6 de Noviembre,

n los pueblos esclavos es raro el mérito i los talen

tos. Como los empleos i las recompensas se reservan para la intriga, i se distribuyen por el capricho, mas cuenta tiene hacerse intrigante. Pocos se ocupan del bien del estado, cuando los que reparten las gracias, lo pierden de vista, i no atienden a la honradez i las fatigas de los que sirven a la patria. Las recompensas que se niegan al ciudadano que las merece, privan al estado no solo de sus servicios, sino de la actividad i talentos de todos los que le habrian imitado. No puede haber emulacion en los paises donde la medriocridad, la intriga, i el favor comprado, destruyen los derechos del mérito i de la virtud. De aqui es, que abundan en las repúblicas hombres eminentes, cuando están en el poder ejecutivo hombres ilustrados, desinteresados i sin faccion alguna ni miras pequeñas. Por esta razon, entre otras, es escaso el

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