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mérito en las colonias, tan distantes de la metrópoli, donde reside la fuente de las gracias. El hombre de mérito mas relevante se daba por mui bien servido, si obtenia un informe en favor suyo de un virei o de un presidente, que de nada le servia. Muchos obtuvieron estas costosas recomendaciones para mitras i otros cargos, i si ellas no fueron acompañadas de remesas cuantiosas, llevaron al sepulcro deseos i recomendaciones estériles.

Afirmemos pues jeneralmente, que nada corrompe con mas eficacia a los hombres que elevar i recompensar la bajeza i sufocar la elevacion i la grandeza del ánimo. Los hombres siempre tienen por blanco de sus acciones el honor o la fortuna; si ven que se honra i se premia el de- lito i la adulacion, se vuelven malvados i viles. De aqui es, que bajo una administracion corrompida , hai una larga cadena de corrupcion que desciende desde el docel hasta el infimo pueblo. Por consiguiente, esta corrupcion debe ser mayor i mas palpable en los que cercan la primera autoridad. Ello es, que las mas veces no tienen otro mérito que el de adular, divertir i alhagar las pasiones de un déspota, i adormecerlo acerca de sus mas importantes deberes; i son jueces bien incompetentes de los talentos, del mérito, i de la virtud. Diremos que estas son jeneralidades, pero ellas han existido, i los que vivieron en los últimos reinados, son testigos de que existieron, i ellos sufrieron sus consecuencias. Un déspota siempre quiere tener cómplices, e instrumentos de sus crímenes: como vicioso desea tener cerca de su persona hombres viciosos. La conciencia de su incapacidad le haria temer ser eclipsado por un hombre de bien i de luces. Si recorriéramos la historia de los gabinetes, abundarian los déspotas. I cada déspota necesita tener a su lado un déspota auxiliar. En verdad, cada ministro necesitaba de muchos ministros, que debian tener a su frente a otro primer ministro, i bajo un déspota este debia ser un hombre diabólico, sin humanidad, ni equidad, i fecundo en arbitrios i proyectos destructores. Por eso se dijo en cierto tiempo: un ministro debe tener el corazon de bronce i la cara de acero. Efectivamente, él no debe compadecerse jamas de las miserias de los pueblos. Su cabeza desgraciadamente injeniosa ha de tentar i arrostrar imposibles, i hallar i descubrir cada dia nuevos recursos para satisfacer una rapacidad insaciable.

Depende de todas estas causas que donde existe el despotismo, existe tambien una cadena o una serie interminable de tiranos, de los cuales , cada uno en su esfera , hace sufrir al pueblo vejaciones i concusiones. I no es esto solo, sino que, como si no fuesen suficientes para arruinar i conducir a la desesperacion a los infelices pueblos la incapacidad i la indolencia del monarca , nunca falta una reina pródiga, i descabellada. Entonces el monarca, los ministros, i todos los ajentes de la corte obedecen i alhagan los caprichos de una cabeza débil i atolondrada, cuyos deseos ruinosos no hallan imposibles , i necesitan ministros injustos i violentos, i que solo se confien de hombres perversos, hábiles en llamar a la corte todas las riquezas del estado, i en labrar su propia fortuna.

He considerado aquellas cosas suponiendo en el trono a un príncipe incapaz e indolente; que cuando lo ocupa un Augusto, o un Tiberio , un Luis XIV, o un Felipe II. entonces son de otra especie las desgracias públicas, entónces corre mas sangre i mas lágrimas.

(Del mismo.)

COTTe las

AL PUEBLO DE BUENOS AIRES, DESPUES DE LA VICTORIA

SOBRE PEZUELA.

Sábado 6 de Noviembre..

HIMNO.

LEVATE Bonárea (*)

Ceñida de laureles,
Madre de pueblos fieles
I dignos de triunfar!
Lleva sobre las tierras
Protejidas del Cielo
Tu majestuoso vuelo,
Vuelo de libertad.

De jentes angustiadas
Los jemidos oíste,
I sed libres dijiste
Con imperiosa voz.
Al ver tantos extragos
Tu grande alma indignose,
I el solio estremecióse
En que reinó el furor.

Otros triunfos esparcen
El luto i las desdichas: .
Los tuyos son de dichas,
I de gozo inmortal.
Salve Bonárea augusta!
Cuanto has sido gloriosa,
Tanto seas dichosa

En medio de la paz! (*) Bonárea, Buenos Aires.

Inflámense tus musas
Entre tantas victorias,
I cantando tus glorias
Digan cuanto has de ser.
¡Cuanto será en los tiempos
Este pueblo animoso,
Moderado i virtuoso,
Que es tan grande al nacer!

(Del mismo.)

Sábado 6 de Noviembre.

IJE en un Monitor que la corrupcion i desórdenes

del último reinado no prepararon los espíritus para la revolucion a que dieron nacimiento. Verdaderamente, los desórdenes no inspiran el amor i la fortaleza de la libertad. La corrupcion que difunde todos los vicios, el egoismo, la codicia, la rapacidad, i la bajeza, no podia prepararnos a los sentimientos republicanos, al desinteres i a la grandeza i elevacion del alma. Podré usar aqui de la expresion de un filósofo, diciendo, que toda la monarquía española era ya un cadáver, cuyas partes todas entraron en podredumbre, se separaron i convirtieron en gusanos, que se podrirán ellos mismos despues de haberlo devorado todo. ¿Podrá decirse que al rededor de este cadáver se ajitan las naciones adyacentes, como hacen en el campo los animales voraces? ¿Podrá decirse, que llamando unos desórdenes a otros desórdenes, han de pasar unos pueblos dignos de mejor fortuna mayor opresion i mas graves desgracias? Pero aun era tiempo de impedirlo, si lo que no hizo la educacion, hiciese la necesidad i el peligro, inspirando virtudes i miras de prudencia.

El español Blanco dice, que en España i en América se camina a ciegas actualmente. A ciegas se ha caminado desde el principio de la revolucion. Cuando mas se necesitaba de celeridad, actividad i sistema en las operaciones, se organizó el gobierno de manera que forzosamente habia de ser lento i tardo. Se puso en manos de muchos, en vez de confiarse a un hombre de bien i de talento, i que obtuviese la confianza jeneral. Si no se hallaba un hombre apropósito para un cargo semejante, menos se podia esperar de la reunion de muchos inútiles. A lo menos, uno solo no habria malgastado el tiempo en disputas i discusiones sin término ni fruto. Uno solo no habria podido disculparse con los defectos de los demas. Volvamos al exámen del espíritu de las revoluciones.

El entusiasmo de la España fué el ódio i el resentimiento a los franceses. Aquella revolucion habria sido admirable si hubiese sido republicana , si hubiese confiado los cargos a hombres nuevos, si hubiese fomentado el espíritu republicano en las Américas, formando con ellas un cuerpo federal , i estableciendo la libertad con fuerzas reunidas.

No puedo discurrir con certeza acerca del entusiasmo de Méjico, Cundinamarca, Garacas, i Quito, ni conozco bien la naturaleza de sus revoluciones. Parece que la revolucion de Méjico es democrática, i por eso la sostiene la masa del pueblo , i que su entusiasmo es principalmente el odio a sus opresores. La revolucion de Quito fué aristocrática. Sin duda que todas aquellas provincias i

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