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cerrados a la luz por el espacio de tres centurias, poco discernimiento se necesita para correr a las banderas de la libertad, que nos dice: "hombres, no obedezcais mas que a los gobernantes'i a las leyes que hagais vosotros mismos:”: i'al contrario, oir con el desprecio de la indignacion a los tiranos que gritan: pueblos doblad la rodilla delante de nosotros, i os sujetad en sitencio a nuestras órdenes supremas."... " - ¿Pero que tiranos son estos? Los honramos con este nombre; ellos no son mas que unos infelices tiranuelos; su fuerza o está destruida ; o diariamente se disminuye; ellos se han humillado bajo el imperio de las circunstancias. Si los buscamos de la otra parte del mar, ellos aguardan consternados el último golpe 'del águila amenazante que ya volverá del norte al medio dia; i entre tanto sus pocas tropas están al mando de un jeneral, i de oficiales extranjeros, i' sujetos a un ejército bastante poderoso para darles la lei. En nuestro continente, con el ejército de Pezuela se desvanecieron las esperanzas del gobernador de Lima, i logrará mucho, si se defiende a si mismo. No tenemos que combatir como los holandeses contra todas las riquezas de toda la América', i los recursos de una inmensa monarquía, ni como los Suizos contra todas las fuerzas del imperio de Alemania, ni comocla república francesa contra todos los reyes de la Europa reunidos contra ella. Confesemoslo, la providencia midió nuestras fuerzas nacientes, i el enemigo ha sido digno de nosotros. Nos autorizan pues las circunstancias para esperar que el pueblo triunfador lleve el espanto hasta el último atrincheramiento del último tiranuělo. Este es el único paso que falta dar para recuperar todas las pérdidas ir para que quede libre toda la

América del Sud. Con él quedará sin apoyo el terrorista de Quito, i se restituirá a Chile la paz i el orden perturbado. Esta rejion es de gran consecuencia; si se perdiese, durarian por muchos años en América la guerra i las calamidades. Los pueblos dóciles i robustos, las rejiones feraces son instrumentos terribles bajo una mano diestra. I respecto a que en nuestro continente ningun estado particular puede florecer, ni conservarse tranquilo por sí solo, el primer pueblo que prospere i humille a los tiranos, tiene la mision augusta de establecer i consolidar la gran república del Sud América. I si los pueblos, lo mismo que los individuos, pueden aspirar a la inmortalidad, conquistar, la libertad usurpada, i crear imperios, conduce a una inmortalidad grande, magnífica i apacible ; se le abre un vasto campo para ella à aquel pueblo, que ceñido de laureles, diga a los demas con voz imperio sa: “los tiranos i la libertad no pueden vivir bajo un mismo cielo: trastornemos su trono: elevemos en lugar şuyo un altar en que se coloque el libro de la lei: la lei sola debe reinar sobre todos: si los tiranos se han conjurado contra nosotros, i han hecho esfuerzos para derribar el altar de la libertad , venga a tierra el trono sobre que reposa su soberbia."; " ", iai; · Tal era el lenguaje, que un escritor: sublime ponià en los lábios del pueblo frances, despues de que confundió con la fuerza de sus armas las de toda da Europa reu nida contra la república. Él hace las siguientes abservaciones, que el pueblo triunfador no debe perder de vista.

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.."" ,"scross Un razgo asombroso de potencia nacional, aunque cubre de gloria a un pueblo, no es bastante para su dicha. No basta haber concebido el plan de la libertad, es nece- , .sario concluirlo, consolidarlo; este es un edificio majestuoso que ha de reposar sobre bases inmobles. ¡Cuantas repúblicas brillaron algunos momentos con el esplendor de la igualdad, que despues se eclipsaron, o se abismaron en el golfo de la tiranía! Todos sabemos de que modo las de Grecia i de Roma desaparecieron bajo las hue- llas del despotismo. : La antiguedad que embellecia con tan hermosos colores sus sucesos, i esparcia tanto interes sobre sus desgracias, ha absorto de tal modo nuestra atencion , que apenas ponemos los ojos en aquella muchedumbre de repúblicas, que salieron del seno de la Italia en los últimos siglos. Veríamos en ellas resplandecer un instante la libertad, i luego extinguirse, semejante a los metéoros cuya claridad es súbita i pasajera.

· Aprovechemosnos de las calamidades de los otros pueblos; saquemos sabiduria de sus mismas faltas, i guarde mosnos de habernos elevado tan alto para hacer nuestra caida mas grave. 1,. i . ;

En el tránsito a la libertad nada hai mas peligroso que la debilidad del gobierno: entonces los crímenes contenidos ántes por el terror, levantan su cabeza odiosa desde el centro de la licencia i corrompen la obra de la prudencia con su haliento pestífero. Entonces amenazada la virtud en sus mas dulces intereses, desmaya i clama por las cadenas antiguas.

¡Oh! Si mudando los gobiernos, se mudasen tambien los hombres que han de vivir bajo su imperio! Si fuese posible depurar sus pasiones a medida que se depuran sus leyes; que fácil seria producir revoluciones felices, i poner en armonía los miembros de una sociedad! Pero desgraciadamente los reglamentos se mudan, i los hom

se

brés, permanecen los mismos. Entonces ya no hai proporcion entre la lei que manda, i el individuo que debe obédecerla. Esto hemos visto, i esto nos aflijirá mas de una vez. , ' , it coins . . . . . ,

Ciudadanos, quereis república, i no quereis haceros republicanos: quereis libertad, i no quereis hacer lo que se necesita para ser libres!

Si hablais de igualdad, asignad una noble medida de justicia, de valor, i de beneficencia, i decid: esta es la altura del verdadero ciudadano: nosotros reconocemos. por nuestro igual a todo hombre que se eleva hasta aquí.

No bastan las virtudes de los ciudadanos para la conservacion i prosperidad de las repúblicas; el gobierno debe dar el ejemplo, i el tono. La virtud del gobierno consiste en la eleccion de sus ajentes, en la dulzura de sus providencias, en la fidelidad a sus tratados, en la economía de los gastos, la utilidad de los establecimientos, en la distribucion de las recompensás, en fin, en aquel zelo i solicitud que averigua los males i sus causas , reprime las injurias, destruye a los malvados, endulza las calamidades, dá proteccion al desvalido, i padres a los huérfanos.

Camilo Henriquez.

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ORACION, QUE DIJO EN LA SOLEMNE APERTURA DEL SUPREMO

CONGRESO NACIONAL DE CHILE EL CIUDADANO HENRIQUEZ , DIPUTADO DEL MISMO AUGUSTO CUERPO, EN LA CATEDRAL DE SANTIAGO EL DIA 4 DE JULIO DE 1811 ()

:· INTRODUCCION DEL EDITOR ARJENTINO. !

NTRE las ruinas de la libertad chilená se observa L oculta la ilustre produccion que damos a luz en las siguientes pájinas. Llegó a manos del jeneral San Martin despues de haber triunfado en Chacabuco, i conociendo su mérito, la ha remitido a esta capital con especial encargo de su impresion. ¡Que honor no hacen al héroe de los Andes tan insignes desvelos! El ciudadano Henriquez dijo esta oracion en la apertura del Congreso Araucano en el año de 1811, habiendo precedido la aprobacion del mismo augusto cuerpo, que examinó i encontró conforme a sus sentimientos esta obra digna de la ilustracion, de la piedad, i del patriotismo de su autor. Llamamos la atencion a varios periodos en que se habla del rei Fernando con adhesion i con ternura; lo que prueba evidentemente, que las pretensiones de los americanos fueron en los principios conformes a los deberes de la lealtad, i que no se han seducido los pueblos con las teorías de un jacobinismo' exaltado. La injusticia de los españoles i la conducta del rei despues de su cautiverio han relajado nuestros vínculos. Nuestras máximas

(*) Esta oracion la hemos adquirido en estos dias solamente a pesar de nuestra solicitud para buscarla en todas partes desde que principiaron nuestros trabajos. Su impresion ha sido hecha en Buenos Aires por disposicion de aquel gobierno el año de 1815, en que la dedicó Camilo Henriquez al Senado i pueblo arjentiño, durante su emigracion en aquella república.-El Editor.

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