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ciones, que puede arreglar al modelo mismo de la prudencia.

Cualquiera hombre que piense, conocerá que las Américas bajo el dominio español jamas pueden gozar de la libertad civil, ni menos adelantarán un paso en su felicidad. Para convencerse de esta verdad, no es necesario encanecer sobre los libros , ni apurar el entendimiento con cálculos prolijos : basta conocer cual es, i cual ha sido hasta hoi, la conducta que observan las metrópolis con sus colonias. Considerados los colonos como unos hombres sujetos por la fuerza, se les hace servir al engrandecimiento de la nacion que les domina, i se les separan continuamente todas aquellas cosas, que algun dia pudieran darles una consideracion funesta a sus dominadores. Los ejipcios, los griegos, i los romanos en los tiempos mas remotos; los franceses, los ingleses, los holandeses, los portugueses, i todos los que en sus diversas épocas se han señalado en la historia por su poder i sus conquistas, todos han seguido una misma conducta de opresion i de rapiña sobre sus miserables colonias. Los españoles no podian ser mas jenerosos que los otros opresores del jénero humano, porque para serlo, era necesario, que no hubiesen emprendido sus conquistas, o las hubiesen abandonado cuando conociesen su injusticia. Asi es que no puede darse un absurdo mas clásico, que el de pretender, que la España conquistadora conceda a sus colonias de América unos derechos, que no pueden serle favorables; pues cuando una impotencia absoluta le hiciese por un momento alijerarnos el yugo, esto no duraria mas, que lo que ella tardase en recobrar su poder. ¿Quién será aquel hombre, que desconozca estas verdades.? Aunque haga todo el esfuerzo posible para engañar

se, primero se convencerá de su mala fé, o de su necedad, que de la existencia de los principios, en que pretende fundar su engaño.

La España no puede suplir la falta que tiene de artes, de industria, i de comercio, sino por medio del monopólio que hace en las Américas. Esto está bien demostrado en las representaciones del Consulado de Cádiz a las Córtes, en que se hace ver, que la concesion del comercio libre a las Américas seria la ruina de la Península. No necesitabamos que aquel Consulado fuese tan franco, o tan descarado, para conocer que los españoles estan persuadidos de que su felicidad solo puede salir de la esclavitud de los americanos; ni era necesario que las Cortes hubiesen atendido a las verdades de los monopolistas, para conocer que las palabras de igualdad i libertad no eran otra cosa, que carnadas con que se nos cubría el anzuelo. Estos hechos solo sirven para desengañar a los que no hacen caso sino de ejemplares de bulto; pues para los pensadores eran unas consecuencias que ya tenian mui previstas. La misma mezquindad con que se han portado con nosotros los españoles, cuando sus apuros los tenian al borde de su ruina, es la última muestra, que tienen los mas rudos americanos de lo que deben esperar de la metrópoli. Por donde quiera que se mire nuestra situacion, no presenta mas remedio que la absoluta independencia , procurada por los medios que nos dicte la razon i la política. Estos medios son los que por ahora exijen nuestra consideracion i nuestro exámen.

La debilidad no puede conducirnos al término que necesitamos, porque se compone mal con la grandeza de nuestra empresa. El temor i la irresolucion son tan contrarios como la debilidad; para alcanzar un fin todo sublime i todo heróico. La simulacion, i el artificio son lo mismo que la cobardia i el engaño. Nada hai pues que conduzca a nuestro objeto, sino la franqueza , la enerjía, la constancia i el valor. Con la franqueza haremos ver a nuestros enemigos i a todos los demas hombres, que el conocimiento de nuestros derechos nos mueve a buscar la felicidad, sin ocurrir al auxilio de las trazas miserables de la impotencia, tan conocidas en el mundo, cuanto no pueden ser disimuladas. La enerjía nos conducirá por en medio de los mismos peligros.con la seguridad que inspira el desprecio de los obstáculos, i la decision a vencer, o morir. La constancia sabrá hacer que pasemos por sobre los reveces de la suerte, i las continjencias de la guerra inevitable, haciéndonos superiures a todas las desgracias, i dignos de alcanzar el fin que solicitamos. El valor nos hará conocer, que nada aventuramos con la independencia, porque bastante mérito hemos dado ya para ser reputados por rebeldes; i poniendo toda nuestra seguridad en la suerte de las armas, llevaremos la victoria dependiente de nuestras hazañas. Todas estas cosas nos harán aprovechar los momentos, tomar todas las medidas de defensa, i encender de una vez el entusiasmo militar, que es el que solo nos puede salvar de los peligros. Léjos de nosotros esta miserable conducta que observamos, i que nos lleva a pasos largos a la ruina del sistema que solo puede consolidarse con la guerra.

¿Esperamos acaso a que la España nos vuelva a dominar, creyendo, que por lo que hemos hecho, seremos tratados con mas consideracion que anteriormente? ¿Tememos que la declaracion de la independencia ponga de peor estado nuestros negocios políticos ? No creo que haya un hombre de bien, que piense en tales desatinos, pero por si lo hubiese, que haga las siguientes reflexiones. La opresion de las colonias, como dice un escritor , es la primera medida de seguridad, que deben tomar las naciones conquistadoras; porque asi como para ser co. lonias es necesario que los paises se mantengan sujetos, asi tambien para sujetar es necesario oprimir. Por este principio debe la metrópoli empeñarse mas en la opresion de las colonias, cuando estas hayan acreditado su deseo de sacudir el yugo que les oprime. La España ha visto que la libertad ha desplegado sus alas en América; que todo cuanto hacen hoi los americanos es dirijido a su independencia; i que si no muestran sus ideas con toda claridad, solo es, i solo puede ser, por el temor de las consecuencias, que nos pronostican la debilidad que adquirimos en la esclavitud. ¿No es mui regular, que si volvemos a admitir el gobierno español, se nos procure poner en situacion de que no podamos otro dia tener ni los alientos que hemos tenido ahora? Debemos confesar, que si no lo hiciese asi, cometeria el mayor absurdo contra sus intereses; pero estariamos entonces mui lejos de hacer semejante confesion, porque ya se guardaria de darnos el motivo. Es visto, pues, que nada perdemos con declarar la independencia, porque los males que nos pudiera traer esta , no pueden ser otros, que una opre- . sion mayor que la pasada, i la misma que debemos esperar racionalmente por consecuencia de lo que ya tenemos hecho.

Mui distante de producirnos males la variacion de nuestra presente conducta, solo debemos creer, que nos proporcionará el único bien que podemos recibir. Solo la independencia es capaz de ponernos a cubierto de las dobles cadenas que nos amenazan, i solo podemos em

pezar a contar los dias de nuestra felicidad desde aquel en que rompamos los funestos lazos que nos atan al despotismo español. Ya hemos visto que todo el tiempo que permanezcamos en nuestro actual estado, es una pérdida irreparable que sufre nuestra libertad, i que por un solo momento que desperdiciemos, nos haremos responsables a nuestros descendientes por la ruina quizá de nuestro sistema. Manos a la obra, que la suerte solo proteje las acciones en que van de acuerdo la enerjia, la justicia, el valor, i la prudencia,

Antonia Jose' Irizarri.

SOBRE EL ORIJEN I LA NATURALEZA DE LAS MONAROUIAS.

Sábado 11 de Setiembre.

1 los hombres fuésemos inclinados a pensar sobre

todas las cosas, el error anduviera mui distante de nuestras ideas; pero como por desgracia, pada nos ocupa menos, que el deseo de ilustrar nuestra razon , admitimos como verdades inconcusas los absurdos mas groseros i mas perjudiciales. La idea que adquirimos de la monarquía los que hemos sido educados bajo su influencia , es una de las mas absurdas que pudieron penetrar los entendimientos esclavizados. Se nos quizo persuadir cuanto convenia al despotismo, i nosotros, sin pensar en lo que se nos decia , tardamos menos en admitirlo, que lo que tardó la malicia en proponerlo. Es verdad que todo ha contribuido a que olvidásemos el uso de nuestras facultades intelectuales, pues la ignorancia i la opresion

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