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mí, pues ya la habia visto en un periódico, que se titula el Verdadero Peruano, i segun recuerda mi memoria, creo que su autor era un subdelegado de Pasco, llamado D. J. Larrea i Loredo. . Algunos de tus argumentos son pintiparados los mismos que se hallan en aquel papel, i me temo que algun dia el tal subdelegado nos venga contando los cuentos de la Abutarda, i de los Huevos filipinos del chacotero Iriarte, o el del Grajo empavonado del jorobado Esopo. Mas no hai cuidado, porque en tal caso le diremos, que en tiempo de revolucion no se debe andar reparando en niñerías: los conflictos de la patria i de los patriotas son la suprema lei : el señor subdelegado es un sarraceno limeño, i como estamos en tiempo de guerra , podemos apropiarnos sus cosas de la misma suerte que el virei apaña las nuestras : que se vayan las observaciones sobre el carácter de los indios en compensacion del Potrillo i de la Perla, (*) i de algunos realitos que nos han atrapadò los fieles servidores del Sr. D. Fernando, que de Dios goze.

Yo hubiera celebrado un poco de mas claridad en tus aplicaciones, porque has de saber , Cayo amigo, que asi como al buen entendedor pocas palabras, al que no quiere entender es preciso decírselo cantado i rezado. La sal caústica es un exelente condimento para los guizados que se presentan al público: ella hace sus cosquillas al entrar al gaznate, pero esto mismo es un provecho, porque sensibiliza el paladar i abre el apetito, disponiéndole a devorar gran copia de manjares: si por el contrario, se presentan guizos elegantes sin aquel estimulante, que exita a seguir comiendo , son pocos los que se aprovechan de la ciencia del cocinero, i este viene a

(*) Buques insurreccionados por los españoles.El Editor.

perder casi todo su trabajo. Ahora dime: i tu cocinas para ganosos o para desganados ? Segun lo que tu mismo dices , la jente anda con achaques de empacho, i en este caso pierdes tu trabajo i tus guizotes tan formales. Ocurramos pues a nuestra sal, i pongamos en movimiento el apetito. Mira, como hubiera yo condimentado tu guizote: no habrá huaso ni demonio que se vaya al otro mundu sin entenderme.

Habeis de saber, paisanos mios, que un tal Montesquieu de gloriosa memoria, i otros varios tan glóriosos como este, dieron en la majaderia de decir, que los hombres no eran unos mismos en todas partes; porque aqui. el frio, allí el calor, allá la humedad, acullá la sequedad, i mas allá los disparates, hacian que unes fuesen asi i otros asá. De aquí vienen a sacar estos demonios en figura de filósofos, que los que viven en su tierra son sábios i hombres buenos por naturaleza i gracia, porque su clima es a propósito para dar hombres asi, i los que viven en otra parte son ignorantes i viciosos, porque su temperamento asi lo requiere. Estos hombres hicieron a sus semejantes de la misma naturaleza de las calabazas, o de los espárragos, que en unas partes se dan mejor que en otras. Los burros mismos salieron mejor despachados de las manos de estos disparateros, porque habiéndolos dejado igualmente burros en todas partes, no le dieron lugar al clima para hacerlos mas o menos borricos. Discurrid, si podeis, cual seria la razon que les hizo creer a aquellos señores, que el tal clima, o la patraña, tuviese mas influencia sobre el hombre que sobre el burro. Ellos confesaban que este animal estúpido, ya habite los climas frios, ya los calidos, ya los humedos, ya los secos, siempre tiene la misma estupidez, siempre las mismas pasiones, siempre las mismas cualidades. Solo el hombre fue en su concepto tan débil i tan desgraciado que debia estar expuesto a embrutecerse con el calor, i a mejorar su espíritu con el frio. ¿No os reis de tan grandes desatinos? ¿Podría darse un disparatar mas desentonado? ¿La misma experiencia no os está diciendo, que toda esa influencia tan ponderada es un absurdo el mas grosero, el mas desvergonzado, el mas bribon del mundo?' Claro está que si; pero si por acaso no lo entendeis bien, os lo meteré por los ojos a pesar de vuestra torpeza.

Si fuese el frio quien hace activos i pensadores a los hombres, vosotros en el invierno cortariais un pelo en el aire, i si el calor trajese la pesadez i la torpeza, en el verano seriais unos postes andando : pero yo no veo, ni vosotros vereis tales diferencias. Cuando hace frio os envolveis en el poncho, os arrimais al fuego, os engullis unos mates tras otros, i no hai santos ni demonios que os muevan del brasero. Cuando hace calor, os quitais el poncho, os poneis en mangas de camisa , os tendeis a la birlonga , i dormis unas siestas tan largas como noches, i unas noches tan largas como siestas. Para vosotros el frio i el calor son una misma cosa: vuestras pasiones, que son la desidia i el mate, del mismo modo os esclavizan en invierno que en verano. ¿No es esto así, carísimos paisanos mios? Pues lo mismo sucede en todo el mundo. A la jente desidiosa lo mismo se le dá del frio entre las nieves de Noruega, que del calor entre las abrazadas arenas de la Libia. Yo he visto pueblos laboriosos en medio de la zona torrida, bajo un calor inaguantable, i los he visto mui holgazanes en la zona templada bajo el clima mas benigno; siendo esto solo bastante para

hacerme creer, que no es el clima el que forma el carácter de los hombres, sino otra cosa que nos hiere con mas fuerza. La historia nos convence lo mismo i de un molo incontestable. Ella nos presenta unos pueblos heroicos en una época, i miserables i abatidos en otra: bajo un toismo clima, dentro de unos mismos muros los romanos fueron en un tiempo los hombres mas zelosos de su libertad, i pasados algunos años cayeron en el mayor abatimiento i en la mas degradante servidumbre. Aquellos romanos, que conquistaron todo el mundo con su valor e intrepidez, se vieron muchas veces humillados temblando de un muchacho torpe como Neron, i de otros débiles tiranos, que en otros tiempos no hubieran dominado un dia. Los fenicios, los griegos, los indios, en una palabra, todos los pueblos han tenido sus dias de gloria i sus dias de oprobio. Casi en nada se parecen los hombres de un siglo a los de otro: una jeneracion se diferencia de la que le antecede i de la que le sigue. El clima es invariable, i las costumbres siempre distintas. ¿Qué puede hacer, pues, esta diferencia? ¿Serán las aguas, o los vientos? ¿Serán los brujos, o los diablos ? No Cayo amado. No hai mas clima , mas calor, mas frio, mas agua, mas viento, mas brujos, ni mas diablo que el gobierno. Este, este es el que hace a los pueblos şábios o necios, enérjicos o apáticos, débiles o fuertes, laboriosos u holgazanes, virtuosos o viciosos. De aqui es , que cuando un pueblo ha tenido un gobierno sábio, laborioso i virtuoso, todos los hombres gobernados por él han amado estas virtudes i las han imitado constantemente; pero cuando el gobierno ha sido un burro, o un sacre, los gobernados se aborrican i asacran. Esto es mui fácil de observarse en la historia : durante los buenos gobiernos se manifiestan los pueblos dignos de la atencion del mundo, i pasados aquellos, volvieron estos a la oscuridad i al olvido. ¿No habeis oido decir a vuestros curas: cuando caput dolet, coetera membra dolent ? Pues esta es la razon porque asi suceda. Ese latin dice, que cuando la cabeza anda mal, el resto del cuerpo no puede andar mui bien. El gobierno es la cabeza del pueblo, es aquella parte que dirije a todos los miembros, que somos los que obedecemos. Si la cabeza no nos sabe dirijir, claro está que dará con los pobres miembros en un precipicio de los muchos que se presentan a cada paso. Si la cabeza es una cabeza de loco, o de tonto, es preciso un gran milagro para que los miembros no hagan locuras o tonterías. En una palabra , si la cabeza está durmiendo a todas horas, los miembros no pueden estar en un contínuo movimiento; i este sueño es el verdadero calor, que hace flojos i abatidos a los hombres, asi como la vijilancia del gobierno es el verdadero frio, que hace ajitar a los súbdi

tos.

Ya ves, querido Cayo, como me hubiera yo insinuado con mis lectores para que tomasen de pe a pa la leccioncilla, i no podrás tu negar, que aunque tu estilo podia lucir mejor que el de esta carta en una academia , el mio hará mas impresion en aquellos para quienes se escribe. Por esto te ruego, que si crees que la elocuencia es el arte de hacerse entender , i de persuadir lo que se quiere, no te olvides nunca de que es preciso acomodarse al jenio i al gusto de aquellos que quieres que lean. Ten un poco de consideracion con tus lectores, i no quieras dar a los que supones ignorantes las mismas ideas i la misma comprension que tiene un sábio, o a lo menos un

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