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hombre ilustrado. Acomodate a sus pequeñeces, i lograrás hacerlos grandes, o medianos. No dejes tampoco a tus discípulos sacar la consecuencia, que debe deducirse de tus principios, porque si alguno se toma el trabajo de pensar en lo que tu quieres, los mas no gustan de entrar en estos cuidados, i acabando de leer el papel, o de oir el sermon, vuelven la vista hácia otro lado, i se llevan con sus ojos todas sus potencias. Para evitar este inconveniente, despues de haber desmentido la opinion de los Montesquieus, i de haber sentado la de que el gobierno es quien solo puede influir en las costumbres que forman el carácter de los hombres, debiais haber descendido a nuestros negocios particulares, i exponiendo nuestros vicios te podias haber ocupado un rato en describirnos el remedio. Sin esto, todo lo demas es una baratija , unà charla estéril, uną miserable teoría, que nada nos da , i nos quita el tiempo que podiamos emplear en una docena de mates. Mas ya que tu no has querido hacerlo asi , déjame que yo te diga como lo hubiera desempeñado.

En primer lugar habria dibujado con un carbon bien negro el cuadro de nuestras costumbres, la indolencia, la socarroneria , el orgullo, el interes, la envidia, la adulacion, el abatimiento, la bambolla, i todo esto, sobre un gran campo de ignorancia i presuncion, nos daría una pintura fiel de nuestros vicios. El patriotismo debia aparecer despues en el cuadro todo entumido i como avergonzado, sin atreverse a acercarse a ningun lado: de todas partes lo desechan, i él no encuentra sino enemigos en cuantos le rodean. Yo me hubiera empeñado por divertir a mis lectores haciéndoles ver la lucha del pobre patriotismo con tantos enemigos: si se acerca a la

indolencia i quiere darle actividad, se vence con sus mismos esfuerzos i luego cae en el abatimiento: allí le acomete la adulacion con palabras mui dulces i lisonjeras; el orgullo le amenaza con un tono imponente; la envidia le muerde con crueldad, la socarroneria le exaspera, el interes le propone mil viles ventajas, la ignorancia le envuelve en sus tinieblas, i la presuncion le ofusca los sentidos. Asi debia aparecer el patriotismo mui flaco i maltratado, sostenido sobre unas robustas muletas, lleno de parches i bragueros; asi como un valiente soldado que ha sostenido solo una guerra contra muchos enemigos.

Despues de esto pedia el retrato infernal una explicacion , que podia hacerse sobre poco mas o menos asi. De todos los pueblos que han hecho voto del patriotismo, ninguno ha adelantado menos que el nuestro; porque esta virtud social no puede amasarse bien con los feisimos vicios que forman nuestro carácter. Queremos que el patriotismo fomente nuestras pasiones bajas, que nos sirva de impunidad para cometer todos los crímenes, que nos autorize para destruir la misma patria; i este es un desatino mui gordo, i una cosa que no puede suceder, aunque haganjos pacto con el diablo. De esta suerte, sobre ser tan viciosos como somos, nos haremos los hombres mas desgraciados , i donde quiera que vayamos, iremos arrastrando la ignominia i el odio de todos los hombres sensatos. Mas ya veo que exasperados los lectores deben preguntarme:; i qué remedio, señor crítico, para curar estos males? Aquí viene la aplicacion de tu razgo sobre la influencia del clima. Debias responder : el gobierno, señores mios, el gobierno. ¿I qué tiene que hacer el gobierno ? Os lo diré: vamos despacio.

El gobierno debe conocer los vicios de los pueblos, debe estudiarlos i debe aplicarles el remedio. Sea el gobierno activo i los pueblos lo serán a su ejemplo: promueva la ilustracion, mostrándola en sus obras, i en una palabra, sea él el dechado de aquellas virtudes que quiere fomentar. Mire el gobierno a los hombres que manda con aquella circunspeccion que lo hace un maestro zeloso del adelantamiento de sus discípulos: no los trate como un arriero conduce a su destino una recua de borricos. Tenga mucho cuidado de no equivocar sus medidas, i fomente aquellos principios que sirven de cimiento a las grandes virtudes. No es necesario que en un pueblo hayan muchos teólogos, muchos juristas, muchos astrónomos, muchos matemáticos, excelentes todos para hacer un pueblo culto: basta que haya dulzura en las costombres, amor al trabajo i afecto al gobierno. Para esto es preciso quitar ciertos embarazos, que nos impiden llegar a aquel estado. El principal de todos ellos es la preocupacion de que solo son buenos para desempeñar los empleos públicos aquellos hombres que tienen en sus puertas unos grandes promontorios de madera o de piedra, con muchos animales pintados o grabados. Es preciso convenir en que estos animales o sabandijas, no dan a nadie una brizna de talento, ni de disposicion para gobernar. Si entre estos se hallasen las cualidades necesarias, santo i bueno; pero que hayan de mandar estos solos sin mas derecho ni disposicion que la que les dan sus promontorios, malo : asi saldrá ello. No por esto se excluye a nadie, pues el que quiera merecer los destinos, tiene en su arbitrio el aplicarse al estudio i mostrarse apto para desempeñarlos. Ahora : ¿cómo se quiere ganar opinion, ni mover los ánimos de millares de hombres abatidos, sin abrirles el camino del honor i de la

gloria, i sin hacerles ver las ventajas que les resultan de correjir sus vicios ? Las palabras, se ha dicho mil veces, que son moneda falsa : solo las obras son las que merecen crédito.

Sobre todo, Cayo amigo, yo me iba ya pasando mui adelante con esta carta , i en verdad que no acabara tan pronto, si no tuviese que hacer otra cosa que me rinde mas producto.

Concluyo, pues , pidiéndote por Dios i por la vírjen, que nos digas algo en algun número del Semanario sobre la santísima virtud de la prudencia, que prudentemente nos ha de llevar a los infiernos. Esos varones prudentes, ya sabes tu, que son unos apostemas engangrenados, que . quieren convertir el patriotismo en inaccion , torpeza , i madurativo. Estos santos prudentísimos varones llaman patriotas locos a los que muestran algun calor en las cosas de la patria , i todo quieren que sea obra de cien años de discusion i de hablar tonterías sin hacer nada. En verdad, que nuestros enemigos no hacen tanto alarde de su prudencia, i les va mejor así. Esos porteños de Buenos Aires, que en efecto son bien imprudentes, porque cascan fuerte i mui seguido, nos estan dando lecciones mui patentes de lo que importa huir de una virtud tan viciosa como la nuestra; ¡pero si esos diablos son tan jacobinos! traslado a los enemigos de nuestra causa. En fin, es ménester hablar algo de prudencia i de jacobinismo, que son las dos palabras que hoi estan de moda , i que verdaderamente nadie que las dice las entiende. La apatía mas vergonzosa i criminal se llama virtud i prudencia , i la enerjia se llama vicio i jacobinismo. Asi anda el duengue , Cayo amigo , i asi andará siempre, si tu no haces algo por componer estos entuertos.

IS

Pásalo bien , dispensa mis claridades , enseñame a ser un poco oscuro, i manda a tu afectísimo amigo que a pesar de todo lo que ha dicho te ama cordialmente.

Dionisia Terraza i Rejon.

CARTA SEGUNDA DE DIONISIO TERRAZA I REJON A CAYO

HORACIO.

Jueves 25 de Noviembre.

JUELVO, Cayo mio, a tomar la pluma para escribirV te, porque ciertamente tú eres de aquellos que yo busco, pacientes i aguantadores. Es cierto que en despique de la defensa que hice en mi anterior por el subdelegado de marras me hiciste tú salir bien lucido en la Procesion de los lesos; pero conozco que aun fué poca venganza para tanta majaderia como usé contigo en aquella carta; i ciertamente aunque me hubieras regalado con otra u otras mas estrofitas, te lo hubiera dispensado sin violencia. Yo soi hombre puesto en razon, no de aquellos mentecatos que despues de haber hecho un millon de males, no quieren que les digan una cosita la mas llevadera. ¿Qué razon habrá para que uno tire tajos i reveces, sea un amolador a diestro i siniestro, haga cuanto disparate i mal le ocurra, i que otro pobre no pueda ni siquiera quejarse de su suerte? ¡Oh amigo Cayo! Esto es insufrible en el sistema de igualdad de los republicanos como nosotros. ¿Quién ha establecido esa gran diferencia, que se quiere hacer entre los hombres, para que

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