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unos sean siempre personas que hacen i otros nunca pasen de personas que padecen? Pero aun hai mas. ¿Quién ha dicho que la misma persona que padece no puede gozar del nomitativo sin dejar de padecer ? Hasta malos gramáticos son los diablos que tal creen, no solo ignoran el arte de la sociedad sino tambien el de Nebrija. Sepan pues estos bolonios, que a la persona que por activa le toca el peor lugar, por pasiva le corresponde el primero. Asi pues ya puedes conocer, que no me doi por ofendido del despique, sino que antes bien te presento a la vista el - derecho que tienes para llevar tu defensa hasta el cabo, Muerde, raja, tira , sacudete como puedas, que estando yo en aptitud de hacer lo mismo, maldito el cuidado que me dá de cuanto hicieres. Yo soi del partido de la igualdad, como lo he acreditado infinitas veces hablando en medio de las corporaciones del estado, i escribiendo a la faz de todo el mundo; i no dejaré de opinar del mismo modo aunque vea delante de mis ojos todas las bayonetas que hoi hacen extremecer el suelo de la Rusia , o aunque se convirtiera contra mi esa misma igualdad, que con tanto riezgo defiendo. Mas ya que humillo mi soberbia ante tus versos, déjame deleitarme en pago con el objeto querido de mi corazon, con esa igualdad encantadora, que a . pesar de que no puede ser sufrida por los jénios miserables, es el embelezo de las almas justas, i el sólido principio de los estados republicanos.

¿No es un dolor, querido Cayo, que estemos en Chile queriendo hacer una república, i que no sepamos por donde hemos de empezar? Cada cual cree que en un sistema tal se le proporcionan los medios de dominar a su patria, i de hacer una fortuna monstruosa , pues la igualdad abre a todos el camino para llegar al gobierno. ¡Mal

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ditos deseos, malditas ideas, i maldita igualdad! Estos republicanos debian ir a establecer su república dentro de los muros del Serrallo, para no incomodar con su vecindad a los que entienden estas cosas de un modo menos arriezgado , i mas conciliable con la tranquilidad. El hombre que rabia por mandar es tan republicano de corazon como el mismo Soliman, déspota del imperio Otomano. Las ideas de dominacion, de engrandecerse a costa de los pueblos, son tan ajenas de un verdadero espíritu republicano, como es ajeno el vicio de la virtud. La igualdad, que es el alma de las repúblicas no se debetomar en un sentido forzado i siniestro, porque de esto se orijinan infinitos males: la igualdad es de naturaleza noble, justa i santa. Diré lo que siento en este particular.

En el sistema republicano se consideran a todos los hombres con iguales derechos al amparo de la lei. El rico, el pobre, el poderoso, el desvalido, el de contraria opinion, todos sin distincion deben conocer el imperio de la voluntad jeneral que expresan las leyes, i de la misma suerte habla el castigo con los unos que con los otros. Ni el rico, por serlo, puede oprimir justamente al pobre: ni el poderoso tiene en su mano la ruina del desvalido: la lei mira con iguales ojos a todos los que tiene a su alcance, i al paso que contiene el demasiado poder de una parte, alienta la debilidad i el abatimiento de la otra. Solo el que cumple con las obligaciones que le impone la sociedad, es el que no debe temer influjo, poder, ni relaciones: todos los ciudadanos son sus guardas i sus defensores; pero el que quebranta la lei, por mas rico, por mas poderoso, por mas sábio que sea, sufre el castigo establecido en desagravio de la ofensa que hizo a toda la república: este tal es mirado como un hombre indigno de la sociedad, i todos los ciudadanos son sus enemigos, sus acusadores, porque son los agraviados. He aquí la igualdad republicana: he aquí la fuerte ancora de la esperanza de la patria , en que está asegurada la felicidad individual contra todas las tormentas de esta vida trabajosa.

Véase ia diferencia que hai de entender la igualdad del modo que debe ser, a tomarla por un lado pernicioso. Ya vemos, que del modo que queda dicho es útil, es provechosa, es necesaria para el buen orden de los pueblos; sin ella es preciso que una parte de la sociedad sea tiranizada por la otra; con ella se establece todo cuanto bien es capaz de proporcionarnos la patria. Del otro modo, esto es, tomando la igualdad por el desórden, es imposible que alguna vez produzca un efecto regular. Si queremos ser todos iguales, para que nadie tenga poder para refrenar nuestros exesos, tan lejos de igualarnos, no haremos mas que aumentar la diferencia entre los buenos i los malos; porque estos cometerán entonces los delitos mas horrendos, que antes no cometian por el temor de la justicia , i de esta suerte la sociedad no seria mas que una madriguera de ladrones, de asesinos i de forzadores. Si queremos ser todos iguales para que los unos nos aprovechemos del trabajo de los otros , i para que el malo goze de la misma consideracion que el bueno, esa será una igualdad que repugna a la razon, a la naturaleza, a la moral, i a los mismos intereses de los pueblos. Si finalmente queremos ser iguales, para arrebatarnos unos a otros la autoridad i el poder, con el cual alcanzamos a dominar a nuestros semejantes, todos los hombres sensatos del mundo dirán con razon que nuestra decantada igualdad es la misma que tienen los Bajaes de Turquía. Todo esto, tan lejos de ser conforme con los derechos de los hombres libres, es enteramente opuesto a los principios de la sociedad. ;Oh Cayo amigo! ¡Quien podria jeneralizar estas ideas en todas las clases del estado! ¡Que felices seriamos entonces, teniendo asegurada la virtud en el convencimiento de nuestros verdaderos intereses! Pero por desgracia las verdades amargan i disgustan a los mismos que debian agradecerlas, i siendo pocos los que se atreven a declamar contra los vicios, tienen mil obstáculos que vencer para que su voz se oiga aun de aquellos dispuestos a escucharla. o como tú dices, no se hicieron las manzanas para que las diesen los espinos.

A algunos parecerán mal estos mis deseos, Cavo amigo, pero yo no hago mucho caudal del concepto de los Zoilos, i me conformo, como el piadoso Beccaria, con que sean aprobados por todos los filósofos, que se hallan esparcidos por los ángulos de la tierra. El buen italiano no era tonto por cierto: él se contentaba con alcanzar cuanto podia: la aprobacion de todos los filósofos, como quien dice una friolera. ¿Pero podia acaso de ningun modo esperar que le aprobasen aquellos necios, que tienen las entendederas como punta de bola? ¿Querria que le aprobasen sus ideas liberales "los tiranos, que no tienen otro pensamiento dia i noche, que el de doblar las cadenas de los miserables pueblos, i alejar de su noticia las nocio nes de lo justo, de lo liberal i de lo equitativo? ¿O querria tal vez que saliesen defendiendo su sistema aquellos entes abatidos, que hicieron desde su cuna un voto solemne de lisonjear las pasiones de los déspotas, aunque por ello perdiesen el honor i la vida ? No hai duda : aquel escritor juicioso se olvidó de que no se hizo la miel para la boca del asno, asi como el olmo no puede dar peras,

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¿I qué diremos, Cayo, de aquellos otros enemigos de la igualdad, que la atacan mas a las claras i con menos escusa que los otros? De aquellos, digo, que juzgan recibir el mayor agravió, cuando se pretende poner a todos los ciudadanos en el mismo nivel en que ellos se hallan? Para estos hombres la igualdad es un veneno corrosivo que les destruye las entrañas, porque su injusta soberbia no sufre humanarse con sus mismos semejantes. Ellos miran al resto del jénero humano como un despreciable número de esclavos, que no son dignos de elevar sus ojos donde los señores ponen sus plantas. Pregunto yo ahora: ¿en qué fundan estos hombres su soberbia ? No puede ser en la naturaleza, que nos ha hecho nacer a todos del mismo modo: tampoco puede ser en la virtud , que no sufre agravios contra la naturaleza: tampoco puede ser en la sabiduria, que nos enseña el amor de nuestra especie: tampoco puede ser en su nobleza, porque el oríjen de esta prenda social debe ser la virtud, o los talentos de los antepasados, i mal puede heredar la nobleza el que no heredó lo que la constituye. ¿En qué pues se fundará esta soberbia, este espíritu de tiranía? Yo no entiendo que sea en otra cosa que en la carencia de aquello en que se juzga apoyar, de manera que si fuere dado a cada cual el conocerse a si mismo, no habria uno que diese en tan grandes desatinos. Se avergonzaria de mostrarse tan pequeño a los ojos de los hombres sensatos, i haria sus esfuerzos para correjir los vicios de su pasion dominante. Yo creo que no puede haber cosa en la sociedad, que sirva de razon para ofender a la sociedad misma. . Las riquezas que adquirió un ciudadano con la

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