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a que se nos redujo, no debian tener otra consecuencia que un embrutecimiento absoluto; pero por fortuna ya podemos discurrir libremente sobre todas nuestras cosas, i mirarlas sin aquel temor servil, que antes embargaba nuestros sentidos. Si: podemos ya los americanos gozar de la libertad intelectual, que nos habian robado los tiranos: somos ya hombres los que ayer éramos autómatas. Aprovechémosnos, pues, de las primeras luces de nuestra aurora para cotejar de mas cerca la densidad i el espanto de las tinieblas que empiezan a disiparse, i entre las cuales hemos perdido la mejor parte de nuestra vida. Debemos establecer un gobierno, que cimentado sobre las bases de las conveniencias particular i universal, nos popga a cubierto de los males ,. que traen a los pueblos la anarquía, i el despotismo; pero antes de pensar en una cosa tan difícil de acertar, es preciso que conozcamos todos los gobiernos; que sepamos su orijen, su naturaleza, i sus virtudes, sus males, i sus bienes. Comenzemos por aquel de que tenemos mas experiencia i mas preocupaciones.

El gobierno, dice Paine, es un mal necesario para los pueblos. Es cierto que es un mal; porque un número mui corto de hombres toman sobre sí el enorme peso de los negocios públicos, que exije unas fuerzas incalculables; porque es preciso exponer la salud de millones de hombres al arbitrio de unos cuantos, que pueden cometer mil errores por falta de tino o de talento; porque finalmente no es fácil encontrar a cada paso con Solónes, con Aristides, ni con Washigntones, que tengan tanta virtud i tanto ódio al despotismo, que lo abominen en si mismo. Es un mal necesario; porque sin él era imposible conservar en la sociedad el órden, la justicia, ni la paz; porque sin él el mas fuerte oprimiria al mas débil; i porque no reconociendo todos los hombres un poder superior al poder individual, cada cual obraria segun el estímulo de sus pasiones, i cometeria los exesos mas execrables, cuanto ellos fuesen mas impunes. De esta suerte los pueblos se hallan amenazados por una parte del despotismo, i por otra de la anarquía , ambos males de igual poder para producir la infelicidad de los hombres. Del medio de la anarquía suelen salir los tiranos, asi como tambien cansados ya los esclavos de sufrir los males del despotismo, a veces caen en la primera situacion.

La mayor parte de los reyes salieron del seno de la anarquía, que devoraba los pueblos : otros se hicieron tales abusando de la confianza i de la inocencia de sus conciudadanos; i otros tambien fueron constituidos en esta dignidad por la barbarie que reinaba antes que ellos en algunas poblaciones. Por regla jeneral se puede sentar, que el orijen de las monarquías, es el desórden que han padecido los pueblos. Parece, a lo menos, el mayor imposible, que cuando los hombres vayan en pos de su felicidad, elijan de buena fé uno, que los gobierne sin responsabilidad, i los conduzca a su ruina con las mismas fuerzas que ellos le dispensan. Un rei no es otra cosa que un hombre rodeado por todas partes de fuerza i de poder, que desprecia a todos sus semejantes, abatidos delante de su trono; que puede quitar la vida , la honra, i la hacienda a sus vasallos con el mismo derecho, i con la misma responsabilidad, que un lobo destruye los rebaños. Un rei con el imperio de las armas no piensa sino en violencias; en quebrantar las leyes del Estado, en que domina, i en hacerse cada dia mas despótico. Para esto aleja de sí a los ciudadanos virtuosos, i llama a su corte a aquellos miserables, que para labrar su fortuna, no reparan en destruir las de muchos beneméritos. Es, en fin, un rei el mayor enemigo que puede echarse encima la sociedad, porque como él conoce, que para dominar a su arbitrio largo tiempo, es necesario separar a los vasallos de todo cuanto tenga relacion con el gobierno, emplea todo su poder en afeminar a los pueblos, hacerlos viciosos, i que tomen aversion a los negocios públicos. Entonces es cuando se hacen los reyes descendientes de la divinidad, i estableciendo los rítos con que deben ser adorados como unos semi-dioses, persuaden ser enviados por el Ser Eterno a rejir a los mortales; mas nadie osa entonces preguntarles con Rosseau : ¿dónde están las patentes que acreditan esa procedencia maravillosa ?

Dicen algunos, que las monarquías son instituidas por Dios, i para esto se valen de una aplicacion violenta de los textos de la sagrada escritura. El autor del Sentido Comun rebate poderosamente este error con una conviccion, que me ha parecido digna de imitarse. Los judios, dice, pasaron cerca de tres mil años sin tener un rei en su nacion. Su gobierno era una especie de república, que gobernaba un juez acompañado de los ancianos de las Tribus. Solo el Dios de los ejércitos era llamado rei en aquel pueblo teocrático , i era un pecado dar este título a algun hombre. El pueblo de Israel despues de haber vencido a los Madianitas bajo el mando de Jedeón, le ofrecio a este hacerlo su principe, dejando en su familia el reino hereditario, mas este jeneral, te. miendo la ira del Señor, le contestó: No seré vuestro principe, ni tampoco lo será mi hijo, sino que será el Señor el que mandará sobre vosotros. (*) Despues de esto, en tiempo del profeta Samuel, el último de los jueces, volvieron los judios a querer ser mandados por rei , i lo pidieron con tanta tenacidad, que habiéndoles el mismo Dios hecho ver por boca de su profeta el error que cometian, cerraron los oidos a toda reflexion, i dijeron que querian tener reyes como los pagános sus vecinos. Entonces el Señor por última vez les hizo entender , que aquel rei que pedian no seria otra cosa que un tirano. “Este rei, les dice, tomará vuestros hijos, i los pondrá en sus carros, i los hará sus guardias i cocheros, i los hará sus tribúnos i centuriones, i labradores de sus campos, i segadores de sus mieses, i sus armeros i carroceros. Hará tambien a vuestras hijas sus perfumeras, sus cocineras i panaderas. Tomará asi mismo lo mejor de vuestros campos, i viñas, i olivares, i lo dará a sus siervos. I diezmará vuestras mieses, i los esquilmos de las viñas, para darlos a sus eunúcos i criados. Tomará tambien vuestros siervos i siervas, i mozos mas robustos, i vuestros asnos, i los aplicará a su labor. Diezmará así mismo vuestros rebaños, i vosotros sereis sus siervos. I clamareis aquel dia a causa de vuestro rei, que os habeis elejido, i no os oirá el Señor en aquel dia , porque pedisteis tener un rei." ()

En vista de estas palabras de Samuel, dice Paine, es preciso convenir en una de dos cosas, en que Dios es enemigo de los reyes, o en que es falsa la escritura. Si creer lo último es una impiedad, debemos aceptar lo primero como uno de los misterios de nuestra santa relijion. ¿Cómo, pues, los católicos hemos sido tan ig

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norantes, que creyésemos a los reyes establecidos por la voluntad de Dios? Si es acaso por aquel texto en que Dios dice, por mi reinan los reyes, no puede ser mas violenta su aplicacion, queriendo hacerle servir de apoyo a la tiranía i al despotismo. Es cierto que los reyes reinan por Dios; porque si él no quisiese que reinasen, los destruyera en un momento; pero tambien es cierto que por Dios tienta el diablo a los justos, asi como las pestes destruyen a los pueblos, i asi como las vívoras matan a los hombres; porque si Dios quisiese quitarle al diablo su poder, a la peste su malignidad, i a la vívora su veneno, ninguna de estas cosas haria los daños que nos hace. Sobre todo, cuando el Señor no quizo dar reyes a su pueblo escojido, i le hizo la pintura mas negra de esta clase de tiranos, no pudo manifestar mas clara su voluntad contra la monarquía'; pero les dió al fin los reyes que pedian, mas bien como un castigo, que como una felicidad. Asi Saul, i los demas reyes de Israel, reinaron por Dios, o porque Dios toleraba su reinado; pero su establecimiento no fué aprobado por él. El otro texto favorito de los déspotas, dad al Cesar lo que es del Cesar, no quiere decir mas que lo que suena. Si Dios hubiese dicho, dad al Cesar lo que es del pueblo, entonces viniera bien la pretension del despotismo. ¿Pero cuáles son las cosas del Cesar? Aquí entra la arbitrariedad de los necios, que han querido saber tanto como Dios, i para esto han pretendido hacernos creer, que puede haber contradiccion en las palabras de la sabiduría. Si Zebee i Salmaná eran reyes que reinaban por Dios, ¿cómo permitió a Jedeón, que era un republicano, matar a unos hombres tan sagrados como aquel Cesar, de quien nos habla el texto? Porque esta muerte era lo que les correspon

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