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de nuestro corazoni espíritu, desconfiamos de todas las cosas nuevas. Es grande i funesto el poder del hábito i de las preocupaciones. Se deben ir destruyendo artificiosamente. Si no se puede con violencia separar a los hombres de sus extravagancias i locuras antiguas, i oponerse al torrente de la opinion pública, se necesita de un arte grande para quitar los abusos, de modo que las pasiones no se irriten. Es necesario estudiar estas pasiones, i dar mas actividad a aquellas, que son mas favorables a la ejecucion de los proyectos rejeneradores. Aquello mismo que presenta mas obstáculos a las reformas, debe destruirse sin atacarlo directamente; de lo contrario triunfará de las leyes. Los obstáculos crecen en proporcion de las personas que hayan interesadas en los abusos antiguos. Ellas usarán de la astucia, i se valdrán de los errores populares i aun de la violencia, si pueden. Por tanto es preciso que la nueva constitucion tenga custodios i conservadores, que tengan interes en conservarla, i sufi— ciente fuerza para defenderla. Una lei, que ha de producir una gran innovacion, debe ser protejida por una majistratura nueva. La gran carta del rei Juan, la cual es la base del gobierno ingles, debe su reputacion a las dos cámaras, que la han mantenido en vigor. La Suecia presenta un ejemplo para siempre admirable de todo lo que puede hacer un lejislador de talento i prudencia. El nos descubre que estan en sus manos los corazones de sus compatriotas, i que puede formar hombres nuevos. Antes de que Gustavo Vasa ascendiese al trono, los Suecos se parecian a los Godos antiguos, que arruinaron el imperio romano. Sus leyes eran informes i groseras. Atormentados por la codicia del clero, por la inquietud de la nobleza, por la brutalidad de la plebe, i por el ocio de todos, sin potencia pública, i casi sin majistrados, ellos querian ser libres sin saber lo que era libertad, ni el modo de conservarla. La Dinamarca aprovechandose del estado en que estaba la Suecia, para subyugarla, la envolvió en sangre, i la sujetó a la tiranía de Cristerno. En tan tristes circunstancias, del medio de sus ruinas se levantó el famoso Gustavo, que por su alto jénio i valor rompió las cadenas de sus compatriotas. Él hizo cosas mui grandes en su pais con una sábia pero constante lentitud, i con precauciones aun mas sabias. Él despertó en los corazones sentimientos de indignacion, de audacia i de jenerosidad. Él supo hacerse amari obedecer; él destruyó la antigua tiranía, i logró hacerse necesario al pueblo. Él preparó los ánimos para las reformas i dictó las leyes cuando todos las deseaban. Este hombre raro hizo tranquilamente, i sin derramar sangre, lo que es como imposible hacerse de este modo: llegó a variar la relijion i el gobierno, sin que la Suecia sufriese aquellas sacudidas i convulsiones violentas a que se han visto expuestos otros estados por las innovaciones acerca del culto, i por las tentativas de establecer la administracion pública sobre nuevos principios. Él en fin descubrió tal valor, tanta prudencia, tan grande alma, que los suecos miraron como una gran dicha que él ocupase el trono; él supo hacer desear lo que el mismo queria, i su fortuna se estableció naturalmente. Su conducta no se propone por modelo en todos sus puntos, pero nos descubre el poder májico de la prudencia política. Yo creo que el objeto de la lejislacion es formar una república eterna, i para esto es indispensable hacer a los ciudadanos felices por la justicia, i soldados zelosos capaces de defender su felicidad. Nada exije mas profundo saber que la organizacion de las majistraturas. Los majistrados son hombres; no se espere pues de ellos una fortaleza i una sabiduria propias solo de las intelijencias superiores. Por tanto debe la lei abreviar el tiempo de las majistraturas en proporcion del mayor o menor poder que se les confia. En esta parte fueron admirables los romanos. El dictador, en cuyas manos estaba la suerte de la república, solo reinaba seis meses, i era su majistratura un recurso en solo los casos extraordinarios; asi no tenia tiempo de formar grandes esperanzas, ni de hacerse peligroso a las leyes i a la libertad. La autoridad del censor no era peligrosa, porque era temida del pueblo, asi duraba cinco años. Como los cónsules, pretores i tribunos, podian hacerse creaturas i muchos partidarios, su empleo era anual. En una palabra, no temereis la ambicion de los majistrados, si tal es vuestra constitucion, que en fuerza de ella tengan siempre ante los ojos, que concluido su cargo han de volver a la clase comun de los demas ciudadanos, i han de ser obligados a dar cuenta de su conducta pública.

Lémanema.

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OBSERVACIONES SOBRE LOS PRINCIPIOS ANTERIORES DE MABLY.

Mártes 11 de Enero.

El titulo de ministerial que lleva este papel, ha detenido muchas veces mi pluma inspirándome el recelo de que mis particulares opiniones pasen i se estimen por dictámenes de la autoridad ejecutiva. Por tanto conviene advertir de una vez que este periódico solo tiene de ministerial los artículos de oficio que en el se inSertan. Difícil es determiuar la duracion de los empleos públicos. Mably se declara por la frecuencia de las elecciones, pero una triste experiencia ha manifestado en casi todos los pueblos que ella es perjudicial. De esto nos convenceremos si reflexionamos sobre los electores i sobre los electos para las funciones públicas. Muchos pueblos abdicaron la facultad preciosa de elejir sus gobernantes por las turbaciones i males que las elecciones les traian, i esto hicieron unos pueblos zelozos de su libertad i que la habian conquistado con indecibles trabajos i sangre. La inquietud pública no fué el mal único de las frecuentes elecciones, sino la dominacion succesiva de una faccion sobre otra faccion; una se elevaba sobre las ruinas de la otra, se apropiaba exclusivamente todos los cargos útiles, i decretaba contra su rival proscripciones i expatriaciones. Todos saben la triste historia de las repúblicas modernas de la Italia, tiranizadas succesivamente ya por una ya por otra familia, i Maquiavelo las llama familias funestas a la libertad, i dice que estas nunca faltan en las repúblicas. Todos saben tambien que la In

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glaterra, despues de la muerte trájica del rei Cárlos, pasó alternativamente de una tiranía a otra bajo los jefes militares, hasta que adoptó su actual sistema de gobieno. Difícil es convinar los principios metafísicos i políticos, o dar al pueblo todo lo que le corresponde por el derecho natural i por la naturaleza de la sociedad, sin exponer la salud del estado. La metafísica considera al hombre en estado de perfeccion, prescindiendo de sus imperfecciones, i a los pueblos prescindiendo de su ignorancia, i de su facilidad de ser seducidos. De aquí es, que es tan peligroso dejar en sus manos la nominacion de los hombres públicos en las coyunturas árduas. I se ve desgraciadamente que en tales casos ponen a la frente de los negocios a hombres sin luces, sin discernimiento, ni prudencia, que toman con audacia el timon del estado, porque no conocen los peligros que los rodean, ni las incertidumbres de la situacion presente de las cosas. La frecuencia de las elecciones suele traer muchos males por parte de los nuevos electos. Cuanto gana el estado por la remocion de los funcionarios ineptos, tanto pierde por la de los hombres útiles. Cada cargo tiene su ciencia, su experiencia, i su saber particular, que o se adquiere, o se perfecciona en el manejo de los negocios i en las funciones propias del empleo. La variacion suele traer nuevos planes, principios i proyectos, que se experimentan a costa del público. De aqui es, que en todas las monarquías se observan constantemente nuevos ministros, nuevos planes de administracion. Creen degradarse siguiendo las miras i aun las obras principales de su predecesores. A esta causa se atribuyen comunmente los pocos progresos i mejoras de Lima i de otras capita

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