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guarla los restantes; si en alguna parte se introduce algun abuso, será correjido por los miembros sanos. Este gran cuerpo puede perecer en una parte sin morir en las otras. La confederacion puede disolverse, i permanecer aun soberanos los miembros de la confederacion.” Mucho falta para que la hermosa teoría de Montes— quieu se haya realizado en todas sus partes; pero pues no hai sistema político que no tenga inconvenientes, no se corrompa i perezca algun dia, basta que el sistema federal oponga al enemigo exterior una gran resistencia, i un cuerpo convinado de fuerzas, i que conserve el órden interior, i haga figurar a los pueblos como grandes potencias por cierto periodo de tiempo, para que merezca conocerse, i sea digno de alabanza. Tres son los cuerpos federativos mas célebres de que tenemos noticia, el Cuerpo jermánico, la república de Holanda, i la de Norte América. Por lo dicho anteriormente se formará alguna idea del primero: añadiremos que por el tratado de Westphalia quedaron sancionados los artículos siguientes. “Los electores, príncipes, i estados del imperio tienen sufrajio en todas las deliberaciones: sin ellos no se harán nuevas leyes, ni se interpretarán, ni variarán las antiguas. Su consentimiento será necesario para declarar la guerra, hacer la paz, contratar alianzas, establecer impuestos, levantar tropas, edificar fortalezas en nombre del público, sobre las tierras de los estados. Las ciudades libres tendrán voz decisiva en las dietas o asambleas particulares i jenerales, gozando de todos sus derechos antiguos etc.” Todo se reune para hacernos sumamente interesante la historia de la república federativa de Holanda, de que daré alguna idea, siguiendo a M. L. Croix. Aquel pueblo irritado del despotismo español, i de la infraccion que le hacia de sus privilejios, combate animosamente contra un monarca que era entonces el mas poderoso de la Europa; prefiere la muerte a la opresion; vence i lo humilla en medio de un suelo dominado por el mar, los furores de la tiranía, i los del occeano; usa del primer derecho de los hombres reunidos en sociedad, el derecho de elejirse un jefe con la condicion de que lo defienda, i proteja su libertad, concediéndole con esta condicion todos los honores i prerogativas propias de la dignidad de un monarca con el nombre de Stadhouder. Despues que la Holanda cayó bajo la dominacion de la casa de Austria por el matrimonio de la princesa de Borgoña con Maximiliano I., Felipe I. i Cárlos V. la gobernaron con bondad i con gloria, pero Felipe II. rei de España, confundiendo los derechos con las usurpacionés, i guiado por ideas tenebrosas, i por una soberbia intolerable, quiso reinar en Europa como habria reinado en la Asia. En consecuencia de un espíritu altanero que jamas cuenta con los privilejios de las naciones, intentó abrogar todas las leyes, imponer contribuciones arbitrarias, i establecer la inquisicion, apesar de lo que habian esperimentado en Nápoles i en Milan. Tales innovaciones sublevaron a Flandes. Los principales señores del pais se reunieron en Bruxelas para reclamar sus derechos i representarlos al gobernador de los paises Bajos. Esta asamblea fué considerada en Madrid como una conspiracion; ella no llevaba el carácter de rebelion; a menos que no sea lícito a los vasallos reunirse para conferenciar acerca de lo que padecen, i para pedir que se detengan los desórdenes. La respuesta que dió Felipe a las peticiones que le hicieron los diputados de los Paises bajos, i que tenian por objeto principal la remocion del cardenal de Granvelle, fué enviarles al duque de Alba con tropas españolas e italianas, i con órden de empeñar igualmente los verdugos i los soldados en la pacificacion i gobierno de aquellos paises. Orden semejante jamas se ejecutó mas terriblemente: las primeras cabezas que cayeron fueron las de los condes de Egmont, i de Horn, pero salvó la suya el príncipe de Orange retirándose a Alemania. Este hombre en el corazon del imperio trazó con seguridad el plan de revolucion que meditaba. Habiendo ganado la estimacion i confianza de los príncipes protestantes, le prodigaron alabanzas, consejos, tropas i tesoros. Las fuerzas de España eran mui superiores, i el príncipe de Orange vencido i repelido por el duque de Alba, partió para Francia a buscar auxilios; el halla en el almirante Coligny el socorro precioso de un buen consejo, i un plan de ataque de fácil ejecucion. Coligny le hizo notar que los españoles no tenian marina en los Paises Bajos, i que podian ser atacados ventajosamente por mar; esta idea pareció tan luminosa al príncipe de Orange, que olvidó sus infortunios, concibió lisonjeras esperanzas, i tomó por divisa una ave sobre las ondas con estas palabras: tranquila en medio de la tempestad. Sus bajeles sorprenden a Brille i se apodera de la ciudad. Este suceso reanima los espíritus; las provincias que se habian humillado bajo el yugo de la tiranía, se abandonan a la dulce idea de recobrar su libertad; ellas elijieron por gobernador al príncipe de Orange. Él aprovechándose del odio con que miraban a los españoles, hizo que celebrasen entre ellas un tratado de union que llevó el nombre de Pacificacion de Gand. La ambicion i envidia de los señores de Flandes i de Brabante hizo que no fuese universal la revolución; ella quedó reducida a las siete provincias conocidas con el nombre jeneral de la Holanda, que celebraron en 1579 la famosa union de Utrecht, i que es la primera lei fundamental de la república. Por ella Guillermo príncipe de Orange, fué declarado jefe con los títulos de capitan, al mirante, jeneral i stadhouder. Felipe II. creyó tener derecho para proscribir la cabeza de un príncipe, a quien consideraba como a un cabecilla; i lo que no pudo lograr el oro del tirano, lo hizo la supersticion. Baltazar Gerard lo asesinó a la vista de su esposa, que habia perdido a su primer marido i a su padre el almirante Coligny en la horrible proscripcion de S. Barthelemi. El agradecimiento de la nueva república a la memoria de Guillermo, elevó a la dignidad de su difunto padre a su hijo Mauricio, aunque solo contaba diez i siete años de edad. Él justificó la eleccion; jeneral de mari tierra, adquirió en numerosos combates contra las armas españolas la reputacion de primer jeneral de su tiempo. La vida de Mauricio de Nassau, príncipe de Orange, fué una cadena de combates, sitios i victorias. Embriagado con sus sucesos i fama, deseó desgraciadamente otra corona diferente de la de laurel; no satisfacía su ambicion el renombre del mayor jeneral de Europa; proyectó deslucir la obra de su padre, elevando un trono en el seno de la libertad. Para lograr este designio le era necesaria la cooperacion de Barnevelt, pero este republicano

aunque amaba a Mauricio, amaba mas a su patria, i re

probó de tal suerte un proyecto contrario a la libertad de sus conciudadanos, que Mauricio solo recibió de su declaracion confusion i verguenza, la que se mudó lueg en odio sanguinario. Por entónces la república, lejos de ocuparse únicamente en consolidar su libertad i su poder, estaba ajitada por vanas disputas acerca de la influencia de la divinidad en las acciones de los hombres. Dos sectarios se dividian el imperio de los espíritus, que se habian acalorado tanto, que era ya necesario ser de alguno de los dos partidos. Barnevelt se declaró por el mas tolerante, i esto bastó para que Mauricio se determinase a abrazar el otro, i llevó a tal exeso el abuso de su autoridad, i su ascendiente sobre los fanáticos, que hizo perecer en un cadalso al republicano mas virtuoso que se ha conocido. Mauricio murió mas desgraciadamente: el remordimiento, la amargura, i la desesperacion lo arrastraron al sepúlcro.

La república concedió el estadhouderato a su hermano Federico, que con iguales talentos para la guerra, i una ambicion mas oculta, contribuyó a hacer a su patria una de las grandes potencias de Europa. Bajo su stadhouderato la Holanda, ántes tan abatida que solicitó inútilmente a todas las potencias para que la gobernasen con la condicion de librarla del yugo i venganza española, obligó a la España a reconocer la independencia de los que llamaban rebeldes.

(Del mismo. )

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