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3. dice que mientras las tropas respiran entusiasmo i ardor heroico, i su presencia estremece al enemigo, i mientras el gobierno restablece la confianza i el afecto jeneral con la justicia, equidad i moderacion, se nota que el fuego patriótico se entibia en algunas partes, i parece que se apaga en otras. ¡Buenos estamos! Ahora que la revolucion casi universal del mundo va a hacer su crisis, i ha de tener pasmosos resultados, felices para los que los reciban i presencien con dignidad, vergonzosos i humillantes para los cobardes e indolentes, aparecemos tibios, acoquinados i confusos. Despues de tantas turbaciones i calamidades vendrá la paz, i si esta se establece en España, no puede ser para que se encruelezca la guerra en las Américas. La América tiene tesoros, pero solo los tiene en profunda paz. No pueden quedar las cosas como estaban ántes; eso fuera cosa mui ridícula. Si se ajitó el occeano, i sus olas amenazaron a los cielos, Neptuno con un golpe de su tridente puede restituir la calma, i con voz terrible imponer silencio a la tempestad. Despues de todo, las tempestades se conjuran, i nada hai mas fácil que conjurar la presente. Todo se logra con la sabiduría cuando le precede la constancia. Reparemos lo que está mas cerca de nosotros, i lo que está mas distante. Tenemos cerca a un enemigo débil que desconfiando de sus fuerzas, apela a tramoyas groseras i ridículas. La suerte de lo que está mas léjos de nosotros, es mui incierta; depende de convinaciones políticas que solo podemos conjeturar, i las convinaciones dan nacimiento a nuevas revoluciones. La Europa es el gran teatro de ellas, i como la revolucion de la Francia fue el oríjen de tantos sucesos, no han de ser menores los que sigan a la diminucion de su poder, si es cierto que se ha disminuido.

(Del mismo. )

TERCERA CARTA DE DIONISIO TERRAZA I REJON A CAYO

HORACIo.

Sábado 5 de Febrero.

I amigo i dueño: sé que las desgracias del ejér— cito de Belgrano en el Perú te han hecho tal impresion, que te has puesto flaco, macilento, i aun impertinente, i como la amistad que te profeso no me per. mite ser insensible, procuro darte el alivio que necesitas, i que verás en esta receta. Mucho siento verte tan postrado, i mucho mas que esto suceda a un hombre que aspira al renombre de filósofo: ni siento menos el daño que nos trae a todos tu maldita enfermedad que es mil veces mas contajiosa i mortífera que la fiebre amarilla, el vómito prieto, la viruela, i cualquiera otra de esta clase. Debes, pues, por caridad separarte de la comunicacion de tus conciudadanos al mismo tiempo que te pongas en cura, porque sino, en mui breve término será imposible aguantar la pestilencia del contajio. Ya he visto que algunos amigos nuestros empiezan a manifestarse con los síntomas de la epidémia melancólica, que vas

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propagando increiblemente, i como nuestros humores se hallan dispuestos en la presente estacion para recibir todo el mal que puede venir del abatimiento de la bílis, me temo muchísimo, que en pocos dias se hará jeneral la manía melancólica que te tiraniza. Tu complexion es bastante débil, Cayo amigo, i tu cura debe empezar por fortalezerte el cerebro. La imajinacion demasiado viva te presenta unos fantasmas tan horribles, que te sobrecojen, te amilanan i te hacen cometer mil impertinencias. Tan pronto crees ver a Pezuela en medio de sus cañones, vomitando metralla, granadas, i bombas, como se te presenta el verdugo con todos sus instrumentos de muerte amenazando tu triste gaznate. El congreso de Praga se te pone a la vista como si fuese un dragon devorador de las Américas: todo es ruina, desolacion, muerte i miseria ante tus ojos: en nada piensas sino en buscar medios de esconderte de los furibundos enojados ministros de la Rejencia, de Sanchez, de Abascal, de Pezuela, Vigodet, i de que se yo cuantos mas. A la verdad no puede darse una situacion mas triste que la tuya; i es preciso confesar que con mucha razon andas cabisbajo i pensativo. ¿Es acaso poco mal estarse un hombre ensayando a morir todos los momentos de su vida? (") Valiera mas que le despenaran cuanto antes, i le quitasen de encima el insoportable peso del miedo, que es el oríjen de los mayores males. Tanto es esto, Cayo amigo, que te has puesto inconocible: ya no solo te hallas abandonado de aquellos sentimientos heroicos del republicanismo, sino que aun has perdido el uso de la crítica para raciocinar con acierto. Voi

(*) Alude a la Orden de la Buena Muerte a que pertenecia Henriquez. El Editor.

a demostrartelo, para que veas que no estoi equivocado. . Tú no eres ahora como el mayor número de los hombres, que buscan ansiosamente aquellas cosas que desean. Si los demas solicitan noticias favorables, tú las desprecias, i solo crees a puño cerrado lo que nos es mas adverso. La prueba de esto está manifiesta en aquel Semanario en donde, pudiendo haber publicado las noticias mas tristes para Montevideo, que constaban de la comunicacion oficial de Vigodet al virei de Lima, fuiste a embocarnos la especie falsa precisamente de una carta particular, en que se decia que habia en aquella plaza 6000 hombres de guarnicion. Los oficios de Vigodet son melancólicos: en ellos pinta el gran respeto que le causan las tropas de Buenos Aires, hace el mayor elojio del entusiasmo, valor i disciplina de sus enemigos sitiadores, i pondera con asombro la fortaleza, la actividad i los recursos del pueblo glorioso del Rio de la Plata; pero para tí tiene mas fuerza una carta de un hombre desconocido, que un documento oficial que tienes a la vista. Si esto no es haber perdido la chaveta, o habérsela destemplado con el miedo, digo que yo soi el mayor bolonio de todos los bolonios. Digo lo mismo por las noticias de Méjico i Caracas, que como son favorables, no haces mas que apuntarlas con una frialdad suma, i nos llenas los Monitores con noticiones de la evacuacion de España, derrotas de Soult i de Bonaparte, i con otras cuantas baratijas que nos hacen reventar la hiel. ¿Esta es la filosofía? ¿Esta es crítica? ¿Esto es tener buena la cabeza? No, Cayo carísimo, es preciso confesar, que lo haces mejor en las letrillas satíricas del Semanario, que en los razgos políticos del Monitor. A lo menos yo soi de sentir que haces mucho daño a la causa de Chile con dar tanto pasto a tu manía melancólica, i deseara, como soi Rejon, que supieras ocultar un poco el terror pánico que vas tomando a las armas de Pezuela i a las derrotas de Soult. Ya sabes que el miedo abulta i acerca los objetos tristes mucho mas que si se viesen con el telescopio de Herschel: procura pues desprenderte un poco de tu melancolía, i escucha los remdios que te doi. Considera en primer lugar, Cayo mio, que nuestr

causa fue mui árdua desde sus principios: que desde el primer dia de nuestra revolucion debimos prepararnos para vencer o morir, pues hasta hoi no se han conocido en el mundo otros términos a las grandes empresas que se tientan contra los tiranos. Si se vence con la constancia, con la fortaleza, con el entusiasmo, la obra tiene un fin glorioso, i es alabada por todos los hombres buenos i malos, grandes i chicos. Si se pierde por la cobardia, por la pusilanimidad, por el bajo miedo, no queda animal viviente que no desprecie a los autores de las innovaciones, i el cuchillo, la horca, el verdugo, los calabozos, los destierros i todas las demas cosas funestas son el resultado preciso e indispensable. Para convencerse de esta verdad no se necesita estudiar mucho, ni calentarse la cabeza con rejistrar los fastos remotos de la historia: basta extender la vista sobre la revolucion de nuestra América. En Méjico, en Caracas, en Quito, en el Perú estamos hartos de ver ahorcados i afusilados a los cobardes que prefirieron entregarse a sus enemigos a la gloria de morir peleando. En los mismos paises hemos visto que los hombres libres, desengañados de su primer error, i agoviados con el peso de una tiranía nueva i mas refinada, cuanto mas cerca de una conquista, se

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