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propagando increiblemente, i como nuestros humores se hallan dispuestos en la presente estacion para recibir todo el mal que puede venir del abatimiento de la bílis, me temo muchísimo, que en pocos dias se hará jeneral la manía melancólica que te tiraniza.

Tu complexion es bastante débil, Cayo amigo, i tu cura debe empezar por fortalezerte el cerebro. La imajinacion demasiado viva te presenta unos fantasmas tan horribles, que te sobrecojen, te amilanan i te hacen cometer mil impertinencias. Tan pronto 'crees ver a Pezuela en medio de sus cañones , vomitando metralla, granadas, i bombas, como se te presenta el verdugo con todos sus instrumentos de muerte amenazando tu triste gaznate. El congreso de Praga se te pone a la vista como si fuese un dragon devorador de las Américas : todo es ruina, desolacion, muerte i miseria ante tus ojos : en nada piensas sino en buscar medios de esconderte de los furibundos enojados ministros de la Rejencia, de Sanchez, de Abascal, de Pezuela, Vigodet, i de que se yo cuantos mas. A la verdad no puede darse una situacion mas triste que la tuya; i es preciso confesar que con mucha razon andas cabisbajo i pensativo. ¿Es acaso poco mal estarse un hombre ensayando a morir todos los momentos de su vida ? (*) Valiera mas que le despenaran cuanto antes, i le quitasen de encima el insoportable peso del miedo, que es el oríjen de los mayores males. Tanto es esto, Cayo amigo, que te has puesto inconocible : ya no solo te hallas abandonado de aquellos sentimientos heroicos del republicanismo, sino que aun has perdido el uso de la crítica para raciocinar con acierto. Voi

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Alude a la Orden de la Buena Muerte a que pertenecia Henriquez.

El Editor.

a demostrartelo, para que veas que no estoi equivocado..

Tú no eres ahora como el mayor número de los hombres, que buscan ansiosamente aquellas cosas que desean. Si los demas solicitan noticias favorables, tú las desprecias, i solo crees a puño cerrado lo que nos es mas adverco. La prueba de esto está manifiesta en aquel Semanario en donde, pudiendo haber publicado las noticias mas tristes para Montevideo, que constaban de la comunicacion oficial de Vigodet al virei de Lima, fuiste a embocarnos la especie falsa precisamente de una carta particular, en que se decia que habia en aquella plaza 6000 hombres de guarnicion. Los oficios de Vigodet son melancólicos: en ellos pinta el gran respeto que le causan las tropas de Buenos Aires , hace el mayor elojio del entusiasmo, valor i disciplina de sus enemigos sitiadores, i pondera con asombro la fortaleza, la actividad i los recursos del pueblo glorioso del Rio de la Plata ; pero para tí tiene mas fuerza una carta de un hombre desconocido, que un documento oficial que tienes a la vista. Si esto no es haber perdido la chaveta , o habérsela destemplado con el miedo, digo que yo soi el mayor bolonio de todos los bolonios. Digo lo mismo por las noticias de Méjico i Caracas, que como son favorables, no haces mas que apuntarlas con una frialdad suma, i nos llenas los Monitores con noticiones de la evacuacion de España, derrotas de Soult i de Bonaparte, i con otras cuantas baratijas que nos hacen reventar la hiel. ¿Esta es la filosofía? ¿Esta es crítica? ¿Esto es tener buena la cabeza ? ' .

No , Cayo carísimo, es preciso confesar, que lo haces mejor en las letrillas satíricas del Semanario, que en los razgos políticos del Monitor. A lo menos yo soi de sentir que haces mucho daño a la causa de Chile con dar tanto pasto a tu manía melancólica, i deseara, como soi Rejon, que supieras ocultar un poco el terror pánico que vas tomando a las armas de Pezuela i a las derrotas de Soult. Ya sabes que el miedo abulta i acerca los objetos tristes mucho mas que si se viesen con el telescopio de Herschel: procura pues desprenderte un poco de tu melancolía , i escucha los remdios que te doi,

. Considera en primer lugar, Cayo mio, que nuestra causa fue mui árdua desde sus principios: que desde el primer dia de nuestra revolucion debimos prepararnos para vencer o morir , pues hasta hoi no se han conocido en el mundo otros términos a las grandes empresas que se tientan contra los tiranos. Si se vence con la constancia, con la fortaleza, con el entusiasmo, la obra tiene un fin glorioso, i es alabada por todos los hombres buenos i malos, grandes i chicos. Si se pierde por la cobardia, por la pusilanimidad, por el bajo miedo, no queda animal viviente que no desprecie a los autores de las innovaciones, i el cuchillo, la horca, el verdugo, los calabozos, los destierros i todas las demas cosas funestas son el resultado preciso e indispensable. Para convencerse de esta verdad no se necesita estudiar mucho, ni calentarse la cabeza con rejistrar los fastos remotos de la historia: basta extender la vista sobre la revolucion de nuestra América. En Méjico, en Caracas, en Quito, en el Perú estamos hartos de ver ahorcados i afusilados a los cobardes que prefirieron entregarse a sus enemigos a la gloria de morir peleando. En los mismos paises hemos visto que los hombres libres, desengañados de su primer error, i agoviados con el peso de una tiranía nueva i mas refinada, cuanto mas cerca de una conquista , se han despechado , i arrostrando furiosamente la muerte, han logrado abatir a los déspotas con doble trabajo del que hubieran tenido al principio. Todo esto lo sabes tú tan bien como yo, pero no quieres aprovecharte de ello. Tu debes saber que si Sanchez, o Pezuela te logran en sus manos, ya sea rendido como un cordero, ya sea despues de una honrosa capitulacion, te han de hacer representar la trajedia del asesino del príncipe de Orange. ¿De qué te servirán entonces las noticias funestas con que te diviertes ahora? ¿De qué consuelo te habrás hecho con el miedo tan anticipado que te tomas? Los enemigos no entienden de las disculpas jenerales de no que, pensé que, entendí que: ellos solo conocen lo que es miedo, i lo que es buena voluntad, i como deben creer que lo segundo no puedes tenerles en mucha abundancia, es mui seguro que te hagan echar un par de cabriolas en el aire, Yo, a lo menos, creo que no escaparia de acompañarte, i por esto no me gusta tratar de composturas, ni de capitulaciones.

Es preciso hacer un ánimo resuelto a morir o vencer, i mirar con desprecio e indignacion los pasos falsos que presenta el miedo como baluarte de las desgracias. Si queremos parecer dignos de conseguir la libertad, debemos tomar el rumbo opuesto que llevan los esclavos: hacer el ánimo a morir, primero que ceder un punto de la empresa heroica en que hemos entrado: decidirse a no vivir no siendo libres, i sepultarse entre las ruinas de la patria antes que verla echa presa de un tirano. Pero si en vez de pensar asi , solo tratamos cada uno de huir el cuerpo al comprometimiento, estudiando modos de conservar la vida en cualquier caso, es necesario conocer que no eramos nosotros los hombres que requerian las circunstancias, i que hubiéramos hecho mejor el papel de una monja o de una beata que el de un revolucionario, para quien no debe haber riezgo ni peligro. · Hasta ahora jamas hemos tenido un contratiempo, siendo asi que por la misma naturaleza de las cosas debimos haber esperimentado a cada paso nuevos contrastes de la suerte, que jamas es constantemente favorable. El proyecto grandioso de dar libertad a unos paises que habian jemido tres siglos en la esclavitud mas apurada, presentaba desde luego un millon de inconvenientes, entre los cuales la opinion era el mayor. Debiamos conocer desde entonces que habiamos de tener en contra enemigos poderosos; que habiamos de sufrir algunas desgracias, i que si la suerte nos era del todo adversa , no nos quedaba otro recurso que la muerte de los hombres grandes. Nosotros conocimos que la España nos queria mirar todavia como a unos miserables colonos, que debian vivir bajo el yugo de su metrópoli: vimos que las naciones cultas del globo se escandalizaban de la tiranía de nuestros amos, i del sufrimiento cobarde que manifestamos nosotros: quisimos sacudirnos del despotismo, i tomamos el ejemplo de los Suizos, de los Holandeses , de los Americanos del norte, i en una palabra, de todos aquellos pueblos que hoi hermosean las pájinas de la historia con las acciones magníficas que dieron por testimonio de su amor a la libertad. Pero cuando tomamos ejemplo de aquellos héroes para sacudir el vergonzoso yugo de nuestros tiranos, debiamos tambien haber tomado el de sus virtudes, su constancia, su valor, su desprendimiento del interes personal, i todo lo demas que nos falta. Sin esto , ¿qué hazaña hemos creido hacer? ¿Cómo pensamos lograr nuestros fines ? Temblando a to

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