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Proclama del Sr. D. Ignacio Cienfuegos Vocal plenipotenciario del supremo gobierno del estado chileno a la ciudad, i provincia de Concepcion, i al ejército restaurador. (")

JENERosos conciudadanos de Concepcion, e invictos soldados del ejército restaurador. La patria se halla gravemente aflijida. Bien lo sabeis. El orgulloso Sanchez, para llenar las ambiciosas ideas del execrable déspota Abascal, no cesa de tomar todas las medidas i providencias mui activas para privarnos de los inviolables i sagrados derechos de nuestra libertad. No os dejeis seducir. Conoced la sublime dignidad de vuestro soberano destino sobre la tierra, i en la eternidad. Este es el mas precioso tesoro que a toda costa debeis defender. Somos libres, e iguales, sin mas dependencia que aquella que justamente exije el Ser Soberano que nos ha criado i conserva, el padre carnal que nos ha enjendrado, i el espiritual que nos ha rejenerado, i conduce al venturoso eterno destino. Fuera de estas potestades no hai alguna otra sobre la tierra ni en los cielos, que emane inmediatamente de Dios, i a quien los hombres debamos necesariamente tributar sumision, i obediencia. Este es el dictámen de la razon natural, i esto lo confirma la escritura santa. O tirano Abascal ! ¡O insensato Sanchez! ¿Cómo intentais atropellar i abolir esta sacrosanta i eterna lei del Altísimo? ¿Por qué solicitais hacer esclavos a los que la naturaleza i la gracia han hecho libres? Sois unos injustos agresores de los mas sagrados derechos del hombre. Sois unos insolentes usurpadores de los inviolables poderios del Ser Soberano. Esos campos talados, esas provincias desoladas, i tanta sangre que por vuestra causa se ha derramado, con mudas voces claman contra vosotros al gran Dios de las venganzas. Pretendeis ocultar vuestras inicuas i ambiciosas solicitudes con el pretexto de fidelidad a Ferdando VII. i nos tratais de insurjentes. Ah infames hipócritas, i viles egoistas ! Vuestros intereses i conveniencias particulares son el Fernando que adorais, i el móvil de vuestra pretendida fidelidad. Si es innegable que Fernando, como los demas reyes, ha recibido de los pueblos la autoridad i poderio que ejercia, ¿con que razon nos acusais de insurjentes, cuando por estar civilmente muerto o desterrado, ya no puede cumplir con las obligaciones de su cargo? Aun supuesto el caso que libremente le hayamos jurado, en las actuales circunstancias estamos libres de aquel sagrado reato, i aun cuando Fernando volviera a su trono, tampoco tenemos la obligacion de obedecerle, pues sin nuestra anuencia se ha variado la constitucion española. Pero aun digo mas: sin el concurso de las predichas circunstan cias debemos separarnos de la España, por estar viciada en materias de fé, i no haber lei ni juramento que pueda obligar al hombre con evidente detrimento de los inviolables i sagrados derechos de la relijion. Tened pues la satisfaccion, o nobles ciudadanos i jenerosos soldados, que la libertad de vuestra patria es la causa mas sagrada, i tiene los mas estrechos resortes con nuestra divina relijion. Penetrados de estos justos sentimientos, no dudemos hacer los mayores sacrificios por sostenerla. De ella depende nuestra quietud temporal, i nuestra felicidad eterna. Seamos libres, i no viles esclavos. Seamos cristianos, i no infames apóstatas. Escarmentad a este vil enemigo e injusto agresor de nuestra libertad. Unios en sentimientos bajo la conducta de nuestro valiente jeneral O'Higgins, i extinguidas las divisiones intestinas, dad al mundo entero la mas brillante prueba de vuestro valor, relijiosidad i patriotismo. Estos son los justos deseos de vuestro supremo gobierno, que con ansia suspira por vuestra paz i tranquilidad. Penetrado íntimamente del dolor de vuestros males i desventuras, no omite ni omitirá sacrificio alguno por vuestro alivio. Con este objeto me ha remitido en calidad de vocal plenipotenciario. Deseo por mi honor, por mi conciencia, i por vuestra felicidad llenar plenamente tan alta comision. Espero de vuestra nobleza i jenerosidad cooperareis en cuanto sea posible al mas exacto cumplimiento de mis benéficas intenciones. No repararé en trabajos i fatigas por el logro de vuestro bien. Vuestro alivio sera mi mayor consuelo: vuestra quietud será mi dulce descanso, i vuestra felicidad será mi glorioso triunfo. Concepcion 30 de Enero de 1814.

(*) El Sr. Cienfuegos, natural de Talca, uno de los fundadores de la independencia de Chile, puede considerarse tambien como uno de los primeros hombres de la revolucion a que perteneció desde su principio hasta la consolidacion del gobierno independiente. Su consagracion al servicio de la patria en los diferentes i elevados cargos que sirvió durante su vida, su conocida capacidad i una virtud intachable i despreocupada le merecieron siempre de todos los chile

nos la admiracion i el respeto. El Sr. Cienfuegos murió nombrado obispo de Retimo dejándonos la memoria de sus grandes virtudes.—El Editor.

José Ignacio Cienfuegos.=José Vicente de Aguirre= Secretario.

Ya ves, mi Cayo, como hai hombres que no tienen miedo a los tiranos aun en el mayor apuro. Toma, pues, su ejemplo para ser concecuente a los principios que has proclamado, que son los únicos justos i que te han de sacar de los peligros. No temas la venganza cruel de los Pezuelas, de los Sanchez, ni de los otros monstruos sanguinarios, enemigos de América, i por consiguiente, de la justicia, de la virtud, i de su misma especie. Ellos ejercerán su cruel ministerio sobre nosotros en el solo caso de que caigamos en sus manos, pero no sera asi, mientras con las armas les impongamos respeto. Tengamos la resolucion de Sagunto i de Numancia: hagamos el ánimo a morir libres, i lo seremos a pesar de la oposicion de nuestros miserables tiranuelos. Pero si el temor nos sobrecoje, si caimos en el abatimiento vergonzoso de la esclavitud, bastarán cuatro esclavos ridículos de ese soñado fantasma de Fernando para hacer ilusorios los mas lisonjeros proyectos de la libertad: ellos nos humillarian, i los americanos seriamos el oprobio del mundo. El empeño de los hombres debe ser proporcionado a las empresas. Ya ves que un infeliz se arroja en una tabla al mar borrascoso i a la furia de los elementos, por conseguir una ventaja miserable en sus bienes de fortuna: este desprecia la vida hasta el extremo de exponerse a perderla por conseguir un interes que no le dura mucho tiempo. Nosotros, que vamos a buscar la mayor i mas sólida felicidad que hai en la tierra: que si logramos nuestro fin, nada nos queda que desear, no debemos conocer un peligro proporcionado a nuestra ganancia. En vida, las comodidades, todo cuanto somos i cuanto podemos ser, todo es nada, si se pierde por conseguir la libertad de la patria. Piénsalo bien, Cayo mio, que yo aseguro que despues de bien pensado, te has de arrepentir de haberte acobardado tanto. Determínate a morir como un héroe, antes que vivir como un desdichado esclavo de los españoles, i antes que morir como aquellos viles americanos que volvieron a probar el despotismo despues de haber querido hacerse libres.

Vuelve la vista hácia el Perú, amigo Cayo, i mira los horrores que comete ese monstruo infernal, ese Pezuela, cuyo nombre santifica los abominables de Cortés, de Alvarado, de Pizarro, de Almagro i de Valdivia. ¡Oh españoles confundios, ya que no podeis mentir a nuestros ojos. Vosotros negais neciamente las atrocidades que cometieron vuestros padres en la conquista de América; os devanais los sesos inventando quimeras para negar la autoridad debida al testimonio del piadoso obispo de Chiapa; pero vosotros mismos acreditais, que no desmereceis el oríjen de unos padres tan bárbaros i crueles. Callen desde hoi esas ponderadas crueldades de los franceses: callen los dicterios contra los soberbios mahometanos, i todo calle para oir los hechos execrables de los españoles en América. Pezuela no será el único Neron de la Península, pero tampoco será el menos. Este demonio encarnado, que no hai nombre que mejor le venga, ha jurado solemnemente acabar con el Perú: él ahorca de los árboles a los oficiales americanos, sin darles el tiempo necesario para confesarse: él castiga a los pueblos sin distincion, i se gloría de acabar en breve tiempo con los amigos de la libertad. Infeliz tu deliras, porque la América será libre a pesar de tu furor. Si aun se conservan hoi la memoria i el odio de las atrocidades de tus abuelos, ¿cómo quieres que se olviden tus actuales tiranías? De las cenizas de las víctimas que estás sacrificando, saldrán ejércitos que te vencerán, i mientras mas cruel te muestres, tanto mas segura será tu ruina. Vil e indigno será aquel americano que no prodigue su sangre, que no sacrifique su vida en venganza de sus compañeros. Si, vil e indigno será aquel

que pueda mirar con frente serena a los asesinos de sus

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