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tra memoria, porque os acordais de mi, cuando me estuviera mejor vuestro olvido. Os suplico, finalmente, que me dejeis en paz metido en mi retiro, i que sí os quereis divertir con turbulencias, no os tomeis la pension inútil de mezclarme en ellas contra mi voluntad i mis ideas. En el corto tiempo que contamos desde la creacion de la Junta hasta hoi, tenemos ya tantas revoluciones, que es difícil numerarlas, sin hacer de antemano un exámen a la memoria; pero no es lo peor que sean ellas tantas, sino que todas hayan sido tan malas i de tan fatales consecuencias. Discurramos por ellas un breve rato, i veremos, como enlazándose las unas con las otras, han hecho una cadena de desgracias, cuyo último eslabon nos sirve actualmente del mayor martirio. Despues del movimiento de 18 de Setiembre de 810, de que resultó hecha la primera Junta; despues de la fatal disension de los partidos de Rosas i contrarios; despues de las ridículas desavenencias de estos i otros nuevos partidos, que se suscitaron por las elecciones de diputados, que se solicitaban como si fuesen unas grandes conveniencias; despues de los disturbios del congreso, en donde se desplegaron la animosidad, el interes, el espíritu de partido, i todas las furias del infierno; despues de estos i otros muchos sucesos desagradables, se hizo la revolucion del 4 de Setiembre de 811, en que por la primera vez rompió la fuerza los límites del decoro i se empleó en aflijir a los ciudadanos desarmados. Se hicieron al go— bierno proposiciones amenazantes, llenas de violencia i de una autoridad usurpada. La tropa se erijió en poder absoluto, dispuso a su arbitrio lo que quizo, dictó leyes, varió los funcionarios, i tomó un aire de omnipoten

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cia que amenazaba la duracion de cuanto no fuese de su gusto. Desde aquel momento los hombres pensadores debieron haber temido el cúmulo de males que despues nos han oprimido tan de veras. A los dos meses de este atentado se cometió otro de mayor consideracion. La tropa habia gustado ya de hacer i deshacer gobiernos a cada paso; pero no estando contenta aun con el ascendiente que se habia tomado sobre el pueblo, quizo dar la prueba real de que ya no nos dejaria un momento de tranquilidad. Vino el batallon de granaderos a la plaza con dos cañones a hacer alarde del descaro i arrogancia militar; arrojó del gobierno a los que habia colocado dos meses antes; amenazó al congreso, i llenó de aflixion i pesadumbre a todo el pueblo de Chile. Todo ciudadano virtuoso se encerró en su casa, o huyó al campo para no ver la opresion de su patria, i solo se miraba al rededor de los tiranos aquella clase de jentes, que vive del daño público i está demas en todas partes. Pero como entonces no pudo completarse la obra proyectada, cuyo principal fin habia sido dar en tierra con el congreso, para poder hacer mal con mas desembarazo, dentro de breves dias se repitió la escena militar; se repitieron los escándalos, i se arrojaron a los diputados de los pueblos como si hubiesen compuesto una cuadrilla de bandidos. Las conjuraciones se suceden uuas a otras; el despotismo se aumenta a cada paso; el vicio se coloca al frente de todos los negocios del estado; la proteccion de los malvados se presenta al público con descaro; la persecusion del hombre de bien, del hombre útil no conoce límites algunos; todas son violencias, todos desórdenes, todo dilapidacion, todo tiranía. Los destierros, las prisiones, las crueidades aumentan el descontento público, i no hai cosa que no amenaze la ruina del estado. El enemigo comun se aprovecha de las circunstancias; nos ataca; encuentra el descontento contra nuestro gobierno musulman; nos hace la guerra mas terrible; i nosotros persistimos en aumentar el partido contrario, por no atrevernos a separar el mal que nos lleva a nuestra ruina. ) Vencemos al fin lo mas árduo, ponemos la defensa i el gobierno en manos fieles i aparentes; pero aun no hemos puesto todos los medios para alcanzar una victoria duradera. Los vicios estan todavia arraigados en nuestros corazones; las pasiones nos encaminan a lo peor, i todo el principio de nuestras desgracias está en el mismo pie que siempre. Duran las rivalidades, duran los odios, duran los vicios, i aun no comenzamos a ser virtuosos. Desgraciados de nosotros, si continuamos mucho tiempo en un estado tan violento i tan arriezgado. Las revoluciones son los achaques mas peligrosos que tiene la salud de la república. Rara vez tienen un resultado favorable, porque casi siempre son animadas por intereses particulares, i porque la multitud camina a ciegas por donde la quiere conducir un imprudente o un malvado; pero lo mas comun es que mui pocas veces dejan sus autores de arrepentirse de lo que hicieron. Los pueblos sufren por cierto tiempo sus agravios, i cuando llegan a tomar la venganza, SOn tan COnstantes en ella, como fueron tardos para abrazarla. Aquellos miserables que tuvieron la desgracia de darse a conocer

(*) Mucha justicia hacemos al patriotismo del Sr. Irizarri, pero no podemos dejar de reconocer en estas líneas el espíritu de partido de que él mismo se sentia animado contra cl gobierno existente en aquella época, i que le hacia exajerar el mal estado de los negocios públicos. No hai duda que habia muchos males que remediar, pero ¿dónde empezariamos una revolucion como aquella, que no tuvieramos que lamentar los mismos desórdenes?—El Editor.

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por sus vicios, no vuelven jamas a la gracia de los hombres de bien, i tienen que ocultarse de la vista de sus conciudadanos, hasta que una conducta mui ejemplar les haya hecho borrar su opinion antigua. La fuerza misma es incapaz de sostener a los que abusan de ella, porque no puede darse jamas el caso de hacer etermo lo que estriba en el error i en la sorpresa. Por esto vemos que aunque todos los tiranos del mundo hayan tenido ejércitos a su devocion, aunque hayan cometido por millares los asesinatos, aunque se hayan lisonjeado por algun tiempo de haber afirmado su imperio, todo se les convierte en humo en un instante, unas veces por un acontecimiento, otras por otro, i siempre por medios imprevistos. Solo dura lo que conviene al pueblo, lo que se hace por su beneficio, i que no tiene la menor mezcla de interes particular. En vano se cansarán los partidarios por colocarse al frente del gobierno, en vano se cansarán los que quieren hacer revoluciones, estando sin opinion de justos, i cargados del odio jeneral; sus esfuerzos mismos los precipitarán en su ruina. Ellos conocen que todo el mundo los detesta, los siguen con ojos cuidadosos, acechan sus mas equívocas operaciones: ellos cuando mas triunfarán cuas tro dias, i caen despues en un estado fatal, que miraban como imposible. Mirad, amigos mios, si con estos conocimientos tendré yo muchas ganas de entrar en proyecto de revolucion, para colocarme sobre todos vosotros. Mirad si querré yo echar sobre mis débiles hombros el pesado fardo de nuestros negocios, para que despues de haberme deslomado, me arrojeis vosotros mismos a puntillones desde el solio a la calle. No soi tan necio que yo mismo sea capaz de solicitar mi desgracia, ni estoi tan mal con mi reposo que quiera cambiarlo por unas ajitaciones, cuya sola idea me consterna i me oprime. Yo jamas he solicitado un empleo, sin embargo de que tengo algunos; porque he creido que el menor de ellos es una carga imsoportable para aquel que quiera ocuparlos dignamente. Por el contrario, algunas veces he pretendido renunciarlos todos, i quedarme en mi casa tranquilo i Socegado; pero no habiéndoseme admitido mis renuncias, i habiéndoseme reconvenido con la razon de que todos hemos de servir a la patria a costa de nuestro sociego, he tenido que sufrir la pension que ellos me traen. Otros hai que piensan de diverso modo: acudid a ellos, que no se desentenderán de entrar por cualquier partido, aunque el gusto que tengan hoi les cueste mañana veinte pesadumbres. o Lo que no os podré menos de decir es que la voz del pueblo no es la voz de cuatro tertulianos que proyectan divertir sus pasiones con una escena de revolucion. El pueblo que yo vi el dia 15 de Noviembre de 811, solo podia llamarse pueblo por una especie de ironía mui picarezca. Asi fué que no hubo una sola persona de razon que no desaprobase cuanta mojiganga se hizo aquel infausto dia. Tambien os digo, que la tropa no debe jamas mezclarse en estas cosas, porque si lo hace, entonces se llevó el diablo la libertad, el órden i todo lo bueno. Los soldados los paga el pueblo para que le sirvan, i no para que se alzen con el santo i la limosna: los oficiales son pagados por el mismo pueblo, para que hagan cumplir con sus obligaciones a los soldados, i de ningun modo para que aflijan a la patria con sus calaveradas i bullicios. En una palabra, todos los empleados públicos deben saber que son unos oficiales del pueblo,

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