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a quien deben respetar, para que habiendo órden en todo, tambien ellos sean respetados. Sino tenemos todos estas ideas del pueblo, sino procuramos sostener con todos nuestros esfuerzos el decoro que la sociedad exije, todos los dias tendremos alarmas i revoluciones ridículas hechas por media docena de majaderos, que ni saben en lo que se meten, ni serán capaces de saberlo en su vida, aunque lleguen a ser mas viejos que Matusalén.

Concluyo pues, respetables amigos mios, con que solo al pueblo soberano le corresponde tomar su voz, i pedir lo que le convenga: a vosotros toca portaros con moderacion i juicio, i a mi me incumbe el haceros presentes todas estas cosas, al mismo tiempo que os suplico me dejeis el alma quieta, i no turbeis mi reposo con andarme gastanto el nombre en proyectos desatinados.

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RENIENDo el gobierno en consideracion que luego -MN que se supo el desembarco de la expedicion de los piratas que invadió el estado, el oficial D. Santiago Bueras desamparando sus negocios i residencia en Aconcagua, pasó al gobiérno a ofrecerse voluntariaménte a defen der la patria: que en la memorable accion de las Yerbas Buenas se portó con un arrojo i valor dignos de elojio, por lo que mereció expresivas recomendaciones del jeneral en jefe: que del mismo modo se distinguió en el ataque de Cauquenes, i finalmente que en la guerrilla de Doñimuelo, que abrió la presente campaña, manifestó su honor i valentía, siendo este el primer ensayo de las armas de la division auxiliar; ha venido en conferirle por premio de todas estas acciones el grado de teniente coronel. (") Talca i Enero 28 de 181 4.

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o ISIS 2.932.989...99999999999999999.333328,922 e Viernes 25 de Febrero.

UNQUE en el curso de los acontecimientos humanos todos los estados de Europa recobren su independencia, nos espera una nueva sucesion de guerras continentales ocasionadas por no estar sentado el estado de las diferentes potencias, i por la oposicion de sus intereses, i nosotros tendremos siempre necesidad de mesclarnos en tales guerras. Si la Francia no, puede asegurar la conquista de la España, tiene la plena libertad de dejarla en aquel estado de paralisis en que la ha puesto. (*) Hemos recojido este decreto en honor de la memoria del ilustre guerrero a que se refiere. D. Santiago Bueras (el Hércules chileno) natural de S. Felipe provincia de Aconcagua, murió gloriosamente en la batalla de Maipú mandando un escuadron de cazadores a caballo en el grado de teniente coronel que le merecieron sus distinguidos servicios en la guerra de la independencia. Asi en aquella jornada, como en todas las que ocurrieron hasta aquella época, Bueras se condujo con tal bizarria i arrojo, que fué considerado jeneralmente por todos sus compañeros como la primera, lanza de la caballeria chilena, i el terror de

nuestros enemigos. Una bala de fusil atravezó el cráneo del hombre denodado a cuya espada nadie se hubiera atrevido.—El Editor.

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Segun lo que hemos expuesto anteriormente, la España está...en actual revolucion, i la amenazan grandes movimientos; su suerte futura es del todo incierta, sin que pueda preverse cual gobierno le tocará, que revoluciones seran su resultado, ni quien ocupará aquel trono, si está siempre destinada a ser una monarquía. ¿Para quien pues trabajan, con qué objeto derraman tanta sangre los monstruos desoladores de la América? Cuan semejante es esta conducta, i cuan semejante será talvez su éxito, al de los sanguinarios jacobinos que cometieron tantas atrocidades, i aparecieron como infernales furias en la Vendé, para que tantos cadáveres sirviesen de escala al trono de un Napoleon La semejanza es mui palpable: las mismas atroces medidas de bárbara crueldad, que jamas sancionará la justicia, ni la política; el mismo desentenderse de la justicia de la causa que se sostiene; los hombres de bien señalados con los nombres de bribones, de bandidos, trastornando el sentido de las palabras i las ideas; el fuego, la espada, los cadalzos, hechos instrumentos de pacificacion; tratar con negra perfidia a los pueblos rendidos bajo la fé de las capitulaciones; los prisioneros de guerra soterrados en hondos calabozos, i asesinados i aun envenenados. La época actual ha reproducido estos i otros horrores. Poca diferencia hay entre Pezuela que cuelga de los arboles a los patriotas, dándoles una hora de término, i que enviajefes militares con la horrible comision de exterminar sin forma de proceso a los que han reclamado sus derechos, sujetando asi al capricho i a la codicia de los hombres viciosos la vida i las fortunas de toda clase de personas, i entre el representante Francastle que dió al jeneral Grignon la instruccion siguiente: “Debeis hacer temblar a los bribones, i no darles cuartel. Nuestras prisiones estan llenas; ¿para que son prisiones? Es necesario incendiarlo todo, i reducir todo el pais a un desierto: no haya compasion ni clemencia. Tales son las intenciones de la Convencion.” Escritores eminentes han dicho, que la última parte del siglo anterior i el principio del siglo presente es la edad del egoismo i de la barbarie. Una especie de confusion, de anarquia social, ha pervertido el sentido i las anteriores definiciones morales de las palabras. Los perversos no se han detenido en examinar si la causa que defienden este o el otro pueblo es justa, sino si conviene o hace resistencia a sus propios intereses, i han aplicado a su voluntad los nombres de rebeldes, de traidores; i los asesinos i ladrones han hecho sufrir a los inocentes que proclamaban sus derechos los suplicios destinados a los mayores criminales. La Europa ha visto i está viendo es— tos horrores a veces con indolencia en unas partes, i en otras con alegria brutal. A la América se ha comunicado aquel contajio horrible de la Europa, de donde hemos recibido i solo podemos esperar crímenes i males, i el ejemplo de los delitos. Si los franceses asesinaban en España a los que sostenian la libertad del pais, i eran llamados insurjentes, rebeldes i cabecillas, estos mismos españoles asesinan i dan los mismos nombres a los americanos que defienden su libertad. Si los jacobinos mas sanguinarios han ocupado los puestos mas distinguidos de la Francia, el gobierno de Cádiz ha conferido los mas brillantes honores a las furias infernales que han desolado la América. Lima recibió con aplauso a los sanguinarios ladrones de Quito i del Alto Perú que llegaron con un botin inmenso, lo mismo que se hizo en Paris, Hamburgo, i Lubeck con los jacobinos que talaron, incendiaron i robaron a la Vendé, la Holanda, la Italia, la España. “ Bien difícil es decir, decia un escritor célebre, que es lo que disgusta mas en la época presente, si la dura injusticia i barbaridad de los mandatarios sanguinarios, o la estúpida indiferencia con que los pueblos ven cometer tantas maldades, correr la sangre de los ciudadanos, asesinar i robar a los inocentes.”¿Esperarán ahora los pueblos de Chile con igual indiferencia que se acerquen los momentos en que vean i no puedan impedir semejantes horrores? ¿Dejarán a sus descendientes la odiosa herencia de un nombre infame i de un eterno desprecio? ¿Se dirá algun dia: estos son los chilenos bravos que quisieron ser libres; pero mientras duró la contienda unos se estuvieron enterrando su dinero, otros tendidos de barriga viendo comer a sus caballos, i permitieron que su ejército pereciese por falta de dinero, víveres i caballería: que poltrones, que mancarrones, que egoistas habian sido los famosos descendientes del inmortal Colocolo? Se dirá: no son los chilenos sino los chilotes los verdaderos descendientes de los bravos Colocolo i Lautaro? Talem avertite casum Los manes de aquellos grandes defensores de la libertad se conmoverian en su tumba contra tanta poltroneria, i tan brutal egoísmo. Caupolican dijo antes de morir a manos de la fria crueldad del infernal español Reinoso: De mis cenizas se levantarán otros Caupolicanes talvez mas afortunados que yo. El jeneroso O'Higgins no cede al antiguo Caupolican en elevacion de ánimo, en amor a la patria, a la libertad i al órden, i en el odio a la tiranía; pero no puede continuar sus operaciones sin los auxilios de los pueblos.

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