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nas de la historia i hallaremos, que lo mismo que en España, ha sucedido en todo el mundo; porque esto es conforme con la naturaleza de las cosas, i porque si algo hubiera que extrañar, seria el que sucediese de otra suerte.

Todo hombre es inclinado naturalmente al despotismo; i al paso que este vicio es abominable cuando se ve en otro, es dulce i lisonjero viéndole en si mismo. Por esto hai leyes en todas las sociedades contra la arbitrariedad i la prepotencia; pero estas leyes no llenan en ninguna parte sus objetos , cuando chocan con una fuerza irresistible. Así pues, el mejor medio de impedir es· te mal, es el de no consentir, que haya en un pueblo un hombre tan poderoso, que se atreva a atacar los derechos de los otros. La mayor audacia se contiene a la vista del peligro, aunque no haga caso de la razon, ni de la justicia; al paso que solo el poder basta para despreciar todos los obstáculos que le oponga la debilidad. ¿Cómo se pretende, pues, que un rei guarde la menor consideracion a las leyes, que no tienen tanta fuerza como los fusiles ? Siempre será en vano cualquiera otra medida que se tome contra el despotismo, que no sea quitar el poder para alcanzarlo. El pueblo que no quiera jemir en la esclavitud, es preciso que sea zeloso por su libertad, i que no confie su suerte en aquel, que tenga poder para hacerle infeliz ; en una palabra, es preciso que huya de los reyes como el cordero huye de los lobos.

El mayor mal que nos hicieron los reyes a los españoles , fué el habernos sumerjido en la ignorancia. Aquel tenebroso tribunal de la inquisicion, triste sepulcro de las letras, i bárbaro verdugo del injenio, que solo es

ocupaba en aterrar a los sábios, i en desacreditar las verdades mas claras de la filosofía ; que bajo el pretexto de zelo relijioso, solo contribuia a corroborar el despotismo de los reyes, a disfrazar sus usurpaciones i violencias, a envilecer mas i mas a los vasallos; que era compuesto de los miembros mas corrompidos, mas ignorantes, i mas viciosos del estado; i que tenian las mayores facultades imajinables para surtir todo el terror que convenia al tirano, mui pronto convirtió al pueblo español en un pueblo de necios e insensatos. No hubiera sido asi, si nuestros mayores hubieran sido consultados sobre la conveniencia i necesidad de un establecimiento tan tiránico. (*) Iguales o mui parecidos medios han empleado en todas partes estos monstruos poderosos, para quitar a los vasallos hasta el derecho de pensar, que a todos nos concedió la naturaleza.

¿Pudiera acaso proyectarse una forma de gobierno en que los pueblos fueran menos considerados, que lo que son en una monarquía? A mi me parece esto el mayor imposible; pues aunque se quiera decir, que hai otro gobierno mas duro, como por ejemplo, el que llaman despótico por antonomasia , el del Gran Señor, yo

(*) No es estraño que los déspotas hayan establecido estos tribunales enemigos de la humanidad i de las ciencias: su interes lo exijia, i con esto ya tenian un motivo, aunque injusto, para hacerlo. Lo que escandaliza a todo buen sentido es ver en Chile todavia en su fuerza i vigor las prohibiciones de la Inquisicion, destruida en España por bárbara i feroz. Será desde luego un signo de mal aguero para los que vean en nuestra revolucion, que nos asombra aun el terror del despotismo, cuando ya nos hemos librado de sus alcances, i mucho mas, qne respetamos los establecimientos de la ignorancia, cuando pretendemos adquirir la sabiduría. ¡Majistrados de la Patria! temed la crítica justa de los filósofos, que tal vez dirán: en Chile aun no saben lo que traen entre manos: alli se habla mucho de institutos, de colejios, de cátedras, bibliotecas, elaboratorios, anfiteatros, jardines botánicos, gabinetes de historia natural, reglamentos sobre todas las cosas; pero aun no piensan en cortar el primer* inconveniente que se opone a la ilustracion universal: la tenebrosa inquisicion influye todavia sobre los talentos de Chile.

El Autor:

no encuentro una diferencia substancial entre este i otro cualquiera de los monarquicos. Si en éste el déspota hace siempre su voluntad, porque no tiene una lei , que le rija; en los otros hacen lo mismo los reyes, quebrantando todas cuantas leyes hayan en su contra. Por lo cual es evidente, que el que llamamos déspota es el que ejerce el despotismo con menos escándalo de la justicia.

En conclusion , ya hemos visto , que por todos respectos la monarquía es una forma de gobieruo, bajo la cual no pueden vivir los hombres felices. En los artículos siguientes trataremos de los demas sistemas gubernativos, cuyos principios nos convenceran mejor, de que cualquiera república ofrece mas ventajas que la mas moderada monarquía , bajo el reinado del mas sábio i virtuoso de los reyes.

(Del mismo.)

SOBRE LOS COBIERNOS REPUBLICANOS.

Sábado 25 de Setiembre.

po hai en el orden civil una voz mas dulce, ni mas * sonora, que la de república. Esta voz nos enseña una idea de justicia, de equidad, i de conveniencia que nos hace amable el significado. Nos figuramos un estado rejido sábiamente por la voluntad jeneral, en donde las leyes mas justas protejen los derechos del hombre, sin atender a sus riquezas, ni a sus relaciones ; en donde los intereses públicos no pueden equivocarse, porque son , ventilados por la multitud; finalmente creemos, que no

hai mas que decir república , . para decir felicidad; pero no contamos con nosotros mismos, con nuestras pasiones, ni con los repetidos ejemplos de la historia, que nos hace ver, que el oríjen del mal de los estados está en el corazon de los hombres. Es cierto, que el gobierno republicano es el mas análogo a los intereses de los pueblos; porque estando el poder repartido entre todos los interesados, no parece tan fácil conducirlos a su ruina contra su voluntad; pero como en una soberanía tan extensa , debe necesariamente padecer algo la celeridad, que exije muchas veces la salud pública, es indispensable que la ilustracion supla este defecto, i que la virtud anime los votos de la multitud. Sin esto una república no puede presentar sino el cuadro mas horrible del desórden i la debilidad.

La astucia de algunos individuos sobre la falta de ilustracion de la masa popular ha sido siempre el escollo en que perecen las repúblicas. El pueblo entusiasmado por la libertad, talvez trabaja por destruirla, sin conocer la naturaleza de los medios, que un astuto ambicioso le hace adoptar por convenientes. En esta situacion solo la virtud es perseguida , i solo el vicio tiene lugar en las asambleas : los bandos fomentan la division, i ésta termina en guerras civiles , que disponen los ánimos à recibir con gusto la esclavitud. Consultemos estas verdades con la historia , que es el mejor libro de la política, para que nos convenzamos íntimamente de ellas.

En Atenas solo el pueblo tuvo la culpa de que Pisistrato se alzase con la soberanía: la ignorancia de los Atenienses no pudo ser correjida por los avisos de Solon,

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aquellos republicanos se dejaron deslumbrar con las apariencias de virtud que prensentaba el tirano.

En Jénova la falta de virtud tenia en continua guerra a unas familias contra otras, i sin embargo de que allí se aborrecia el nombre de monarca , tentaron mil veces los Jenoveses variar la forma de gobierno, para ver si en alguna hallaban la tranquilidad; ellos crearon la dignidad de Podestả, que era un jefe casi soberano; que solo ejercia sus funciones por un año , i debia ser extranjero: despues de algun tiempo se varió este nombre en el de Capitan, i viendo que de nada habia servido la variacion, volvieron al anterior. Las convulsiones eran mas frecuentes cada dia, las rivalidades mas sangrientas, los odios mas irreconciliables; i para ver si se podian serenar, elijieron dos gobernadores, de los cuales el uno poco tiempo despues se convirtió en un tirano. En esta alternativa de gobiernos, poco mas o menos turbulentos, sostenidos por la sangre i por los destierros, se fué disponiendo aquella república a recibir un rei de cualquier modo, i lo verificó entregándose a Henrique IV. Este dejó el mando a los veinte años de haberlo tomado, i volvieron los Podestá, i los Capitanes. Se crearon los Abades o Rectores que eran jefes de los plebeyos; pero no estando contentos aquellos jénios turbulentos con ninguno de estos establecimientos, depositaron el poder en la persona de un Dux, que tampoco fué mejor que los otros anteriores. Jénova fué siempre desgraciada con sus gobiernos, porque jamas conoció las virtudes republicanas.

Venecia, que fué la república de Europa mas poderosa i mas antigua , se gobernó muchos años bajo el mando casi absoluto de los dux, que se elejian en medio de las

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