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Pulares que pudieran orijinarse, si alguna vez intentase un rei hacerse despótico? Algunos opinan que este último caso es natural, pues que el poder ejecutivo ha de tener toda la fuerza armada a su disposicion, i a su devocion, porque él es quien ha de dar los empleos i los cargos; i al contrario, el poder lejislativo solo tiene en su apoyo a la opinion pública, i ésta enmudece en presencia de las armas, a menos que, como sucedió en Francia al principio de la revolucion, las tropas estén ajitadas del mismo entusiasmo que el pueblo, i tengan unos mismos deseos, i unos mismos odios. Pero en la misma Francia, en las varias i terribles revoluciones que siguieron a la primera, las tropas se declararon contra el pueblo, i siempre estuvieron por el poder ejecutivo ya arbitrario i despótico. Es del caso asignar las causas que suelen numerarse de la depresion del influjo popular, o señalar los caminos por donde llegaron los principes, segun se opina, a la autoridad despótica.

Para exponer de un modo conveniente, como los príncipes modernos hicieron enmudecer las constituciones respectivas, antiguos usos i prerogativas de los pueblos, que ponian freno a su autoridad, i daban influencia a los vasallos en la formacion de las leyes, era necesario hacer una extensa disertacion , lo que es incompatible con los límites de este papel. Contentemosnos pues con algunas observaciones jenerales.

Me parece que despues de una madura contemplacion de los sucesos acaecidos en cada reino de Europa en los tiempos pasados i en los mas recientes, puede concluirse, que las principales, i talvez únicas causas de la arbitrariedad, i de haber cesado el influjo del pueblo en la formacion de sus leyes, son: la total supresion i ruina del poder de los grandes, sea cual fuere su nombre: el establecimiento, i crecido número de tropas de linea; i las grandes riquezas que entraron en las cajas de la coropa, ya por los progresos del comercio i la industria, ya por el descubrimiento de la América. En efecto, se conoce a primera vista, que no hai quien pueda oponerse a la voluntad de un hombre que tiene a su voz i disposicion ciento o doscientas mil bayonetas; que por el auxilio de ellas i por el orden de las cosas le sobra dinero para pagarlas; i que en fin, los únicos que podian reclamar i sostener sus reclamaciones, los hombres ricos, i de gran partido en el pueblo acostumbrado a respetarlos, todos estos se hallan humillados, reducidos al silencio i a la imposibilidad de hacer nada reunidos. Esta observacion se presenta a mi ánimo con demasiada fuerza, i es digna de la atencion i meditacion de los políticos i de los lejisladores, si quieren formar sistemas i constituciones no efímeras, sino durables; que no se evaporen como las varias constituciones del pueblo frances, sino permanentes como la del pueblo británico. Esto nos hace ver talvez, a pesar nuestro i de las brillantes teorías filosóficas desmentidas por la experiencia , que la igualdad es ya en casi todo el mundo incompatible con la permanencia de la libertad. Proposicion escandalosa para los que se han formado una idea falsa de la naturaleza de la libertad. Pero ella i todo lo expuesto aparecerá mas claro i convincente, cuando trate de la naturaleza de la libertad civil, de la imposicion de contribuciones, del gobierno militar, de los funestos efectos del influjo militar en los negocios i deliberaciones civiles, i en fin, de las causas que han frustrado las tentativas hechas por los pueblos en varias épocas para lograr la libertad civil. Montesquieu prueba que a no haber sido por la nobleza i el clero, la monarquia española hubiera venido a ser tan despótica como la Turquia. Mas nadie negará, que aquel freno habria sido mas fuerte i eficaz, si la grandeza i el clero alto hubiesen compuesto una parte esencial del cuerpo lejislativo de la nacion. Talvez este habria sido el modo de que el cuerpo lejislativo, o las Cortes, existiesen siempre. Bien que es verdad, que la prepotencia repentina de la corona por las riquezas de América , i algunas otras causas, redujeron a los grandes del reino a la imposibilidad de decir al rei, como en otro tiempo: “Cada uno de nosotros es menos que vos, pero todos juntos somos mas poderosos, o mas que vos.” Se verá por lo dicho hasta aquí, que no es mi deseo el de la restauracion de la anarquía feudal, i que propongo observaciones al libre juicio de cada uno; mi deseo es que se medite cuanto escribo: por lo demas, los juicios son libres, i mi opinion es tan libre como la de los lectores. El no estar acostumbrados a la libertad es lo que hace a muchos intolerantes; i la intolerancia trae el fanatismo, el cual tiene su lugar en todas materias , i siempre es-

Monstrum horrendum , informe, ingens, cui lumen an demptum.

Otros no gustan de cosas tan serias, i ansian por obrillas frívolas, i por sátiras, i a este jénero de escritos tienen por insulsos. No se escribe para ellos. Los sensatos conocen la importancia de estas materias en el actual estado del mundo. Otros abominan cuanto no coincide con sus opiniones : pero yo digo con un sábio : " para servir útilmente a los hombres es nesesario tener valor para desagradarles. Debe apelarse de su razon preocupada a su razon mas ilustrada. Jamás se haria bien, si se temiese hacer ingratos.” -, Las noticias comunicadas por cartas del Brasil de que los combates entre los liberales i los serviles continúan əu España diariamente con mas furor, tanto que el cuerpo lejislativo pierde en esto el tiempo que reclama la defensa del estado i la conservacion de los ejércitos, viénduse précisada la Inglaterra a enviar dos comisarios encargados de pacificar i reunir los ánimos, obliga a proseguir este asunto que parecia concluido. Vemos pues por repetidas pruebas, que el gran apoyo del despotismo son ciertos defectos de los pueblos. El primero es la ignorancia. Poco se logra con que las luces hayan en un pueblo penetrado a la clase media , si las clases superiores i la infima se han quedado en las tinieblas. Se hace entonces una oposicion irresistible, a los consejos de los sábios, i a las reformas de los abusos, i no se preveen las consecuencias. Los errores hallan entonces defensores poderosos, e innumerables satélites. Su vista es mui corta i sus intereses son del momento. ¿Se quiere extirpar un abuso envejecido, contrario a la le natural i a la sąna política, pero que las preocupaciones i la vejez hicieron venerable ? se despierta el fanatismo, se enciende una guerra sagrada, i aun se exterminan los hombres bendiciendo a Dios, La disposicion al fanatismo es tal, que algunos creen que existe siempre en el hombre una cierta porcion de fanatismo. Pero es cierto que esta terrible disposicion desaparece con los progresos de las luces. Donde pues las luces son escasas hai mas propension al fanatismo, i él no solo se opone a los adelantamientos progresivos de la razon, ia las mejoras sociales, sino que es el inspirador i el autor de hechos atroces. Un pueblo ignorante i grosero es fácilmente movido por dos clases de hombres que son pestes de la sociedad : una de estas clases es la de aquellos hipócritas que con la capa del zelo cubren sus odiosas pasiones i sus personales intereses. Estos fueron los que en Francia, en tiempo de Enrique III, fomentaban la Liga i tos horrores de las guerras civiles. La otra clase es la de los que unen a la ignorancia una gran vanidad del saber; pero su sabiduría es peor que la misma ignorancia, porque es el agregado de todas las preocupaciones antiguas, de los delirios de los tiempos de barbarie, i de la hez de los siglos. Estos han quedado en medio de la ilustracion del mundo como monumentos de la antigua barbarie. Estos solo leen unos libros, que como insinuaba un escritor injenioso , debian conservarse en hondos subterráneos, cerrados con rejas de hierro , para arrojarlos a los pueblos vecinos en tiempo de guerra , porque les serán mas funestos que las bombas i las balas. ..

El fanatismo es hijo de la supersticion, i es un grado mas que ella; es la supersticion enfurecida. La supersticion es una persuacion de que agradan al Ser Supremo ciertas acciones i privaciones, que verdaderamente le desagradan. El fanatismo es la persuacion de que agrada a Dios destruir a los hombres, que acerca de ciertos puntos no piensan como nosotros pensamos. Una i otra ha sido una enfermedad terrible que ha atacado a los pueblos en varias épocas. Hablaré de cada una separadamente. El asunto es de gran importancia.

Hai en el animo del hombre, se dice en el periodico Mirror de 1780 un fondo de supersticion, que en todas las naciones, en todas las edades i relijiones, ha producido efectos poderosos i extraordinarios. Bajo este res pecto ningun pueblo puede gloriarse de alguna superio

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