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encarnizarse entre si, i llenarse uno contra otro de un furor sanguinario i brutal. Esto es lo que siempre acaece en las guerras civiles, azote devastador de los pueblos. En ellas un partido ha intentado siempre dominar al otro, i ha creido que le es lícito usar del hierro i el fuego para obligarle a pensar como el piensa. Un partido tiene al otro por rebelde o por contumaz, i la expresion ordinaria es: “Son obstinados, es necesario exterminarlos." ;Exterminarlos! ¿I quien tiene derecho para mandar en el entendimiento, en el modo de ver las cosas, i en la opinion ajena? ¿Acaso los hombres, al formar las autoridades i majistrados, les dieron la facultad de que los matasen si alguna vez les parecia falso lo que ellos juzgaban ser verdad? ¿Yo te he de asesinar, te he de con sumir en los calabozos, porque no te hace fuerza un argumento que te propongo? ¿No es cierto que tu mismo no puedes mandar a tu entendimiento, i que quieras o no quieras , el ha de ver que es falso lo que se le representa como falso ? Pues si tu no puedes mandar a tu entendimiento, ¿será razonable que yo le dé órdenes? ¿I por qué he de presumir yo que tenga mas alcanze que tú, ni que se me presenten las ideas con mas claridad que a tí, de suerte que yo vea mejor lo que esté o no esté comprendido en las ideas ? Con todo, este fanatismo ha sido frecuente en las grandes conmociones de los imperios, i siempre ha sido destructor. Tan cierto es, que lo mismo es atacar los derechos de los hombres, que causar una calamidad. I lo que hai mas triste en el caso, es que los siglos mas ilustrados i cultos nos ofrecen ejemplos de este fanatismo. ¿Quien creria que despues de proclamarse tan altamente en Francia los derechos del hombre, se hubiese hecho infame su revolucion por los exe

sos del fanatismo civil? ¿Acaso los franceses, al formarse en sociedad, pactaron que si sobreviniese una gran revolucion en aquel imperio, todos debian entonces querer i desear una misma cosa ? ¿l era acaso un medio seguro de reunir los ánimos, malar, violar, robar, incendiar? Sin embargo, la Convencion nacional usó con rara prodigalidad de estos arbitrios para pacificar a la Vendée. ¡Conducta horrible que en la época actual ha tenido imitadodores ! ; Asi es como se reproducen las escenas de carniceria i de frenesí, para que los anales del mundo sean el cuadro de nuestras locuras i crímenes ! Despues de la derrota de los de la Vendée en 16 de Octubre de 93, la Convencion decretó que se llevase el fuego i la espada a los últimos puntos del pais. Los insurjentes, decorados con los nombres de bandidos i rebeldes, fueron tratados como bestias feroces, sus poblaciones destruidas, incendiadas sus mieses, quitados sus ganados : todas las personas sospechosas, hombres, mujeres, i niños , se mandó que fuesen guillotinadas, ahogadas, o pasadas por las armas. Ni los principios de los represen· tantes del pueblo, ni la jenerosidad que podia suponerse en los jenerales republicanos, impidieron la ejecucion de tan execrables decretos. El jeneral Turreau dijo a sus tropas en una proclama: “Vamos a entrar al pais de los insurjentes : teneis que quemarlo todo, i pasar a todos por la bayoneta : puede ser que entre ellos hayan algunos pocos patriotas; no obstante, todos deben ser sacrificados.” Los representantes Francastle, i Carrier asistieron a la matanza de los sacerdotes, mujeres i niños en Nantes. Francastle ordenó un dia, que se atasen por la espalda 64 clérigos de Nievre, i otro dia 4500 mujeres, i 1800 niños, i que fuesen ahogados en su presensia por medio de barcos que se echaban a pique. Al General Grignon dijo en un oficio “ debeis hacer temblar a los bandidos, i no darles cuartel. Las prisiones estan llenas. ¿Para que hai prisiones en la Vendée? Es necesario quemar todas las casas i molinos; todo el pais debe transformarse en un desierto. No haya clemencia: tales son las intenciones de la Convencion.” En el valle de San Game mandó abalear un cuerpo de 1200 hombres que habian capitulado con condicion de que se les salvasen las vidas. Carrier exedió en crueldades a todos sus cómplices. Él llamaba a la guillotina un jeu mesquin, que solo cortaba 25,000 cabezas: él inventó los famosos matrimonios republicanos, como él los llamaba , que era atar desnudos centenares de hombres, mujeres i niños, i arrojarlos al rio Loire. Pero horroriza continuar la relacion de tantas abominaciones. Conviene si observar , que aquellas atrocidades, lejos de pacificar la insurreccion de la Vendeé, la extendieron a Jas provincias vecinas, i conservaron siempre vivas las semillas de la guerra civil.

El orijen del fanatismo es antiquísimo; lo hallamos en mui antiguos monumentos, i envuelto en las mismas tinieblas que ocultan el principio de mil fábulas i errores famosos. Muchos libros en que se encuentran razgos admirables, muchas obras llenas de injenio, muchos códigos que contienen exelentes leyes, estan ennegrecidos con ejecuciones fanáticas. Todas las grandes revoluciones acaecidas en las opiniones de los hombres han sido seguidas de hechos atroces inspirados por el fanatismo. De ellas han resultado siempre dos partidos, uno oprimido i otro opresor. El opresor ha tenido de su parte la antiguedad i la educacion; el oprimido ha reclamado en favor suyo los derechos del hombre, i la libertad de la

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opinion , fundándola en la naturaleza del entendimiento humano; pero si este partido oprimido ha llegado a ser dominante, se ha hecho las mas veces opresor , olvidado de todos sus anteriores principios consignados en sus apolojias. Tales apolojias alegan siempre que sus opiniones no son contrarias a la permanencia i buen orden de la sociedad. Él se hace juez en su propia causa, él solo tiene razon, él solo procede con pureza i probidad, i él se constituye a un mismo tiempo i con descaro parte, juez, i verdugo. Aun hai mas, un mismo partido es a un mismo tiempo en un pais opresor, i en otro pais oprimido. Esto está sucediendo actualmente en algunas rejiones de Europa. Esta diferencia de suerte de un mismo partido, que en una parte reina exclusivamente i cree que en él solo hai moralidad, i mira con insultante desprecio a los del partido contrario, aunque confiesa su superioridad en las artes i ciencias; i en otra parte es privado de las mas preciosas prerogativas ci viles, i us opiniones son consideradas como incompatibles con la libertad; nos hace ver, que jamas se violan impunemente los derechos del hombre, i que debe observarse no solo de individuo a individuo, sino de partido a partido i de pueblo a pueblo, aquella divina máxima : “No hagas con otro lo que no quieras que se haga contigo.” Alteri ne feceris quod tibi fieri non vis.

La brevedad de este papel no ha permitido dar a un asunto tan importante como este toda la extension necesaria, contentándome con remitir a los lectores a las exelentes obras que hai escritas sobre la materia en frances, i en ingles. Pero desgraciadamente el estudio de estas lenguas está mui poco cultivado en el pais, i es demasiado notable la desaplicacion de los jóvenes en unos tiempos en

que mas que en otros son tan necesarias la lectura, la ins-
truccion, las ciencias. ¿Querremos decidir a cerca de to-
do sin saber nada ?
Tampoco fué posible dar al discurso el orden conveniente;
el debió llevar su epígrafe, i es el que sigue--

¿Tendrá por infalibles uno i otro emisferio
Los silojismos que haces en bárbara i en ferio?
Que todos somos locos es cosa mui segura :

En paz i union vivamos, i sigue en tu locura. Réstame observar el fanatismo bajo un punto de vista, bajo el cual no sé que haya sido considerado por otro, i es la maligna tendencia e influjo que tiene contra la liz bertad civil, i contra los talentos i las letras.

Cuando un gobierno se ha acostumbrado a ejercer la tiranía sobre los espíritus, en breve toda la policia no es mas que un ejercicio de intolerable opresion. La policía, este interesante ramo de la administracion, que debe velar sobre la seguridad de los pueblos, la observancia de las leyes, i ejercer una censura vijilante sobre las costumbres, viene a hacerse en este caso una inquisicion detǝstable, i un instrumento de tiranía : se ocupa menos de la seguridad pública que de la seguridad particular, i de los intereses i venganzas de los opresores de la liber. tad civil: la sociedad se inunda de espías, de delatores, de almas viles, que disponen a su arbitrio de la suerte de los ciudadanos mas dignos. Se orijina entonces una desconfianza recíproca i funesta entre los ciudadanos i el gobierno; i en el santuario de las familias i de la amistad se buscan víctimas que inmolar a la sospecha. Unà palabra indiscreta suele ocasionar la pérdida de la fortuna i de la libertad. La virtud mas noble, la grandeza de alma, este sentimiento que se enciende contra la opre

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