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cuál es el resultado último de tales falsedades? el que pierdan el crédito los papeles, i que nada se les crea. De aqui es que leemos con tanta desconfianza lo que solo consta por los diarios de Paris. Rara desgracia la de los pueblos! en todas las edades se ha apelado al engaño i a las tramoyas para dirijirlos: en la Grecia, en Roma, las Pitonisas, los oráculos, los libros de las Sibilas sirvieron servilmente a la política. Si no fuera salir del asunto propuesto, i de los límites de este papel, esta era ocasion de mostrar que para una vez que los artificios fueron útiles, diez mil fueron perjudiciales, volviendose en contra de los oráculos i los oscuros libros; i al contrario, hai potencias que no dejan de ser poderosas permitiendo que todo se piense, todo se conjeture, todo se hable, i todo se imprima. La supersticion del fanatismo i el despotismo tienen entre si una íntima relacion i alianza, el uno supone al otro i en todas las cosas muestran un mismo espíritu i carácter. Sea que procedan por error, o por su naturaleza, o por su propio interes, lo cierto es que en órden a la literatura la espada del despotismo ha caido sobre los mismos objetos que el odio infernal i las hogueras del fanatismo; i lo que ha merecido las gracias del uno, ha sido igualmente enzalsado por el otro. Asi la filosofia fue perseguida i calumniada, mientras se honraba a la poesia i la elocuencia, suponiéndose que no filosofasen. ¿Será por que se sirven de los talentos solo para engañar, o porque, como dice un autor estimable, las bellas letras hermosean el edificio, que mina la filosofia? Galileo estaba en cadenas, cuando se preparaban para el Taso los honores del Capitolio i los laureles del primer poeta de su siglo. ¿Cuál era el crimen de Galileo? el añadir nuevas pruebas al sistema de Copernico, i talvez el batir en brecha con el cañon del telescopio antiguos absurdos. La poesia es un arte divino cuando reviste con sus gracias las verdades útiles; cuando truena sobre el crímen; cuando nos inspira sentimientos de virtud, dignidad, i libertad, valiéndose del dulce imperio que ejerce obre nuestros ánimos. Pero todo esto supone libertad, i para convencerse de ello basta comparar las obras poéticas de unos paises con las obras poéticas de otros. Se dice que toda comparacion es odiosa, i por tanto la dejo para que la hagan los lectores. ¿No podrá decirse, que los pueblos supersticiosos son los mas corrompidos pues gustan tanto de obras poéticas en todo jénero, que solo respiran el deleite i la sensualidad? En ellos las obras dramáticas estan llenas de intrigas amorosas, i las odas cantan siempre los triunfos, las ansias, i las amarguras del vicios ¿No podrá tambien decirse, que los cantos de las musas anuncian el estado de la libertad en los pueblos? Asi es: en los paises esclavos la lisonja i la adulacion deslustran las obras de los poetas. Si yo tuviese la instruccion i el tiempo nesesario para recorrer la historia de la literatura, veriais a la superstiticion i al fanatismo mostrando todos los caracteres de la infancia, sin seguir jamas un plan racional, sino una conducta llena de contradicciones e inconsecuencias; dejándose engañar, i estafar de todos; divirtiéndose con fruslerias i puerilidades miserables; enfureciéndose contra los que pretenden quitarles aquellos juguetes, elevar sus pensamientos i hacerles beber los principios en la contemplacion de la naturaleza. En unas partes los pueblos han entrado en furor cuando han creido que estan atacadas sus opiniones especulativas, al mismo tiempo que han visto con placer estúpido corromperse la moral i herirse la pureza de las costumbres con las canciones mas indecentes i los espectáculos mas licenciosos. ¿Es acaso menos interesante la parte práctica i la moral de una opinion, o no reconocen un mismo orijen ? ¿O es acaso porque lo uno es penoso, i lo otro no cuesta nada? Talvez esta es la razon; i por eso algunos pueblos en cuyo centro estuvo el trono i el focus del fanatismo, se hicieron famosos por emponzoñamientos, perfidías, i crímenes vergonzosos i horrendos, que espantan a la naturaleza. ¿Quién no admira la contradiccion que habia entre las opiniones de los griegos i romanos, i entre sus costumbres, leyes imáximas en los tiempos florecientes de sus repúblicas? Las costumbres eran puras, severas i nobles, i sus dioses licenciosos i obcenos. Venus era adorada de las matronas llenas de virtudes i modestia; i el majistrado castigaba en el malhechor los exesos de los inmortales. ¿Era esto porque las costumbres i las leyes son mas fuertes que las opiniones? Si es asi, esta es una gran leccion para la politíca. Hasta aqui llegaba este discurso, cuando un compatriota mui apreciable, tan distinguido por sus sólidos i varios conocimientos i buen gusto, como por su zelo por la ilustracion del pais, me favoreció con la obra inmortal intitulada Principios de la lejislacion universal, de la cual extractaré algunos artículos sobre la presente materia, i siempre que fuere posible, vertiré sus doctrinas en otros discursos. Esta obra es una de las mas profundas i luminosas que ha producido la Europa, i muchos escritores célebres se aprovecharon de ella sin citarla. La propiedad de nuestros pensamientos es una parte importante de nuestra propiedad personal. Ninguna autoridad tiene derecho para turbarnos en el goze de esta propiedad lejítima; i la libertad de pensar es una prerogativa esencial a todo hombre que no haya caido en demencia.

Toda fuerza superior que ponga trabas a la libertad de pensar es igualmente injusta i absurda. Es injusta, porque ataca un derecho sagrado del hombre: es absurda, porque emplea medios inútiles para obtener un fin imposible. La opinion no puede ser mandada, porque depende del modo de ver i combinar las ideas. La fuerza recae solo sobre acciones visibles, i solo domina sobre los signos exteriores del pensamiento. La fuerza puede obligar a un hombre a que pronuncie ciertas palabras; pero ningun poder humano hará, que correspondan estas palabras a los pensamientos del que las pronuncia.

Nadie niega que el gobierno puede hacer hipócritas, obligándonos a hablar contra nuestros sentimientos: puede tambien embrutecer al pueblo, dejándolo arrastrar en la ignorancia como un animal inmundo, para hacer creer los absurdos mas groseros. Pero ¿qué pensaremos de un gobierno que dé a sus súbditos un carácter falso, enseñándole la duplicidad, i que los haga inhábiles para todo, manteniéndolos en una ciega estupidez? Una nacion degradada por la hipocresia i la ignorancia caerá en desprecio, i jamas gozará de una prosperidad durable. Si investigando las causas de la decadencia de los pueblos, se atiende a la degradacion lenta, producida por el defecto de la libertad de pensar, se hallarán las causas frecuentes de la desgracia i debilidad de los estados en la supersticion i en el embrutecimiento de los espíritus.

Un gobierno sabio, lejos de atentar contra la libertad del pensamiento, favorecerá por sus leyes el derecho que tiene cada uno de contribuir, segun sus luces, a la instruccion de sus semejantes. Debemos a la imprenta la comunicacion mas fácil de los conocimientos, i la variacion prodijiosa causada por esta comunicacion, que nos dá una superioridad notable sobre los demas habitantes del globo: deberemos tambien a esta invencion la permanencia de esta superioridad, i la imposibilidad de volver a caer en la barbarie. Limitar i molestar el ejercicio de una invencion tan útil, es restituirnos a los siglos oscuros de nuestros abuelos, i sujetarnos de nuevo a la dominacion de los godos i de los vándalos. La libertad de la prensa i de la lectura es un derecho incontestable fundado sobre el derecho que tenemos a instruirnos.

La libertad de la prensa i de la lectura no está sujeta a inconvenientes; la verdad no puede ser nociva. Si las obras impresas contienen verdades, aunque estas verdades parezcan extrañas i distantes de las opiniones comunes, en lugar de ser dañosas, serán siempre útiles. Si los libros enseñan errores, su lectura rectificará precisamente estos errores, i los hombres se desengañarán, porque muchas veces están imbuidos de los mismos errores, sin conocerlos. La libertad de discutir las materias ante el tribunal del público, i el choque de los discursos i de las opiniones , haran descubrir la verdad, i asegurarse de su evidencia. Si sucediese que algunos autores infelices publicasen obras contrarias a las costumbres, la indignacion del público ilustrado, i la sátira i censura de los literatos prevendrian el peligro, i harian caer aquellas obras en la oscuridad de que salieron.

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