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mayores convulsiones del estado. Casi siempre tuvo la mayor parte en estas elecciones la intriga i las pasiones de las nobles familias venecianas, i por esto casi siempre tambien fueron unos déspotas los dux. Se creaban tribunales accesorios unos tras otros, segun les parecia que los exijian las circunstancias; pero de nada contribuian estos repentinos establecimientos para la tranquilidad de Venecia. Su sistema fué aristodemocrático, hasta que la astucia i el poder del dux Gradénigo quitó al pueblo su influencia , instituyendo el tribunal de los diez en que se apoyó la aristocracia. A pesar de lo terrible de este establecimiento, algunos años despues, viendo que no era bastante este valuarte para defender el despotismo del gobierno, se creó otro cuerpo con el nombre de inquisicion del estado, nombre odioso a la libertad i a la justicia. Los inquisidores de Venecia eran del mismo jénero que los que tuvimos en España; su proceder era igual, i sus consecuencias en nada se diferenciaban. Ya se puede conocer lo que seria de los pobres venecianos en una opresion tan infernal. Sin embargo de esto, aquellos republicanos en el nombre amaban a su patria con el mayor entusiasmo, eran poderosos i tenian concepto en todas las, cortés europeas. Quizás con un gobierno menos turbulento hubieran podido oponerse a los proyectos ambiciosos del emperador de los franceses; pero sea lo que fuese, hoi no es Venecia mas que un pueblo de esclavos miserables.

Florencia fué otra república en que se esperimentaron los mismos males, i por los mismos principios que en Venecia. El pueblo fue siempre contrario a la nobleza , iraun ésta siempre estaba dividida entre sí. Los destierros, los asesinatos, los robos que pública i recíproca

mente cometian unos contra otros, hicieron a los florentinos pensar en reformas. Con este objeto crearon un jefe militar, que con el nombre de Confalonero i la autoridad de loda la república, procurase sosegar los disturbios populares. Despues de ver que esta medida no les habia surtido el efecto que deseaban, derogaron aquel establecimiento i pusieron un ejecutor, que no debia ser ni Florentin, ni Toscano, sino precisamente extranjero. No bastando aun esto para tranquilizarlos, se entregaron al rei de Nápoles, para que los gobernase absolutamente. A los 16 años de esta dominacion absoluta volvieron a erijirse en república, i ésta en medio de todos los contrastes, solo tuvo algunos dias de serenidad bajo el sabio i amable gobierno de los Médicis, que al paso que trabajaban en la grandeza i riqueza de su patria , sabian distraer a los demas nobles i plebeyos de sus antiguos odios i guerras intestinas. Pero esta misma familia , que un tiempo formó las glorias de aquella república, fue despues la que le hizo los mayores agravios. El poder es fatal a los pueblos, cuando se halla en manos ambiciosas, asi como es una desgracia que la virtud se halle otras veces acompañada de la impotencia.

San Marin fué la república mas feliz i mas tranquila de que nos habla la historia. Esta fué siempre de mui corta extension, i de pocas fuerzas para alarmar con su poder a sus vecinos; pero en cambio tenia cuanto necesitaba para hacer respetable su libertad. Siempre pacíficos; siempre honrados, siempre virtuosos, huyeron aquellos habitantes de las divisiones, de los odios, i de los asesinatos tan frecuentes en las otras repúblicas de Italia : su gobierno era democrático, i su historia pudiera reducirse a decir, que en S. Marin se habian refujiado las virtudes republicanas durante el largo espacio de mil trescientos años. - Estos documentos que nos presenta la experiencia de los siglos nos hacen ver, que las repúblicas solo pueden florecer por las virtudes de los ciudadanos, i que es el mayor error pretender el establecimiento de un gobierno republicano en un pueblo vicioso i corrompido. La Francia nos acaba de convencer con el último ejemplar, que tenemos de esta especie. En ninguna parte se presentó el jenio de reforma con un aparato mas grande ni mas terrible; pero al mismo tiempo era injusto i sangninario. La destruccion de la patria se equivocaba a cada paso con el amor a la libertad. La licencia , la irrelijion, el desenfreno, i la torpeza, se queria que supliesen por todas las virtudes. Asi fué, que apenas los franceses habian salido de la opresion de los Borbones a costa de mas de dos millones de víctimas humanas, cayeron otra vez en la misma, o mas dura sujecion bajo el yugo de los Bonapartes, que fueron los únicos mortales que sacaron el provecho de tantos infortunios. El pueblo frances se destruia a sí mismo, sin saber que habia un hombre que se debia aprovechar de los errores que cometia una nacion tan poderosa. No hubiera sido asi seguramente, si los republicanos hubieran tenido mejores costumbres, i mas exactas ideas de los intereses de los pueblos. Con la moderacion conveniente hubieran ellos tal vez conquistado en favor de su república a todas las monarquías vacilantes de Europa; pero el terror, que derramó sobre el globo el espectáculo sangriento de aquel estado, retrajo a todos los sensatos i a todos los filósofos de repetir tan arriezgadas experiencias. : De todos estos ejemplares deduciremos la necesidad

que hai de refrenar por una parte la licencia dañosa de los pueblos, i por otra quitar a los gobiernos la facilidad de ejercer el despotismo. Pero si es cierto, que con esta medida bastaria para alcanzar la seguridad de la república, tambien lo es, que no puede presentarse una cosa mas difícil a la meditacion de los filósofos. En vano seria inventar un nuevo método de manejar los resortes complicados del estado , con una nueva armonía , i con un secreto maravilloso que todo lo dirijiese hácia al bien público: la malicia de unos, i la ignorancia de otros habia de dar necesariamente en tierra con tal establecimiento. Asi yo creo, que el mas firme apoyo de las repúblicas, es la ilustracion i la virtud; i con dolor de mi alma siento, que aquel pueblo en donde no se encuentran estas cualidades, ni puede ser republicano, ni le conviene pensarlo: ese tal solo debe ser menos infeliz cuando se halle rejido por un déspota.

El hombre libre debe ser justo, para no atentar contra la libertad de otro: debe conocer los derechos del estado en jeneral, i de cada individuo en particular : debe aborrecer el vicio, no solo en la persona de un enemigo, o de un extraño, sino tambien en la de un amigo i en si mismo. Pero si en lugar de tener estos conocimientos, i estas virtudes, se quiere que la república proporcione un vasto campo a las pasiones bajas, al egoismo, al partido, al engrandecimiento de una casa, o de una familia, es preciso prepararse para ver todos los crímenes, todos los exesos, todas las violencias, i todos los males que trae consigo la disolucion del interes jeneral. Entonces la patria no es otra cosa que un verdugo desapiadado, i sus resultados son la miseria , la desolacion i la esclavitud.

"Este es el asunto mas importante para los pueblos, que procuran ser libres, i como no debe quedar reducido a la esfera de las teorías, es necesario que lo ventilemos bastantemente, para que huyamos de sus peligros, i conociendo sus verdaderas ventajas, las abrazemūs con resolucion i entusiasmo. No sea, chilenos, que saliendo del horroroso abismo de la arbitrariedad de un rei. caigamos miserablemente en otra mas terrible, en que sean innumerables los tiranos.

Si una monarquía no presenta mas objeto en su administracion que el despotismo del rei por una parte, i el abatimiento vergozoso de los vasallos por otra; i si en esta forma de gobierno se puede conciliar de algun modo la tranquilidad i la paz con la opresion i la miseria, en una república es absolutamente imposible conservar el orden sino por el orden mismo. La razon de esto es mui llana. En la monarquía no hai mas que una fuerza , una voluntad, una pasion dominante i poderosa: todo cede al imperio de los caprichos de un hombre, que hace temblar con su presencia a los buenos i a los malos; todas las pasiones toman en aquel estado la forma que conviene a los intereses del déspota; i solo el camino de la adulacion es el que conduce a los ambiciosos al destino que apetecen. En la3 repúblicas no hai otro poder, que el que compone el pueblo vasallo, i soberano al mismo tiempo: en ellas no hai que temer otro despotismo que el de ellas mismas, ni hai que esperar otras felicidades que las que ellas mismas se proporcionen; pero cada miembro de los infinitos que componen el poder jeneral tiene quizás sus pasiones particulares, diversos intereses , diferentes costumbres, i opuestas inclinaciones. Una lucha continua de tantos enemi

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