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gos es preciso que destruya el cuerpo político,' si no se trata de que todos reconozcan ciertos principios de justicia, que deben refluir en beneficio de la conveniencia individual.

En las repúblicas se advierten a primera vista tres poderes independientes, en que se pretende sostener el órden público. La lei , que arregla los negocios interiores i exteriores del estado; la ejecucion de esa lei; i la administracion de la misma en los negocios domésticos o civiles, son las tres partes del gobierno republicano, i ' los tres poderes, que deben balancear la propension de unos al despotismo, i de otros a la anarquía. Al primero de estos poderes toca dar las reglas para la organizacion del gobierno; para determinar sus facultades; para hacer inviolable la voluntad jeneral; para juzgar las contiendas de los ciudadanos, i para que los jueces cumplan con su ministerio. Este, que es el mayor de los objetos de las repúblicas, debiera siempre residir en el pueblo, como árbitro soberano de su suerte, i como el mejor celador de sus derechos i de su conservacion. La ejecucion de estas leyes solo se debia cometer a aquellos individuos, que por su conocida virtud i patriotismo alejasen toda sospecha de abuso en sus facultades. Asi mismo la administracion de la justicia no debia encomendarse a otros hombres, que a aquellos que mereciesen el concepto público por su ilustracion i probidad. Sin mas que esto el gobierno republicano seria el único que se vería sobre la tierra; porque todos los hombres se convencerian de su conveniencia. Mas debiendo ser todo esto asi por su naturaleza ¿cómo es que lo vemos tan distinto en la ejecucion? ¿Cómo es que casi siempre se colocan en los empleos mas importantes i peligrosos a los

en

hombres menos aparentes? ¿Cómo es que el gobierno i la justicia se hallan de ordinario en manos ineptas , corrompidas, venales, i viciosas? ¿Cómo es finalmente que hasta en la misma lejislacion se introduce la intriga, el interes particular i las miras ambiciosas ? Todo esto nace del abuso, de la falta de virtud, i de la ignorancia de los pueblos.

El gobierno cuyo objeto solo es ordenar los negocios públicos, no se mira ordinariamente sino como un medio de alcanzar los fines particulares. Para esto se emplea toda suerte de intrigas i de bajezas, i se forman los partidos que abren el camino para llegar al mando, de que saca el ambicioso todos los medios de poner en ejecucion sus planes miserables. La fuerza del estado, que solo debia servir para asegurarle de sus enemigos interiores i exteriores, entonces solo se emplea en protejer la usurpacion, el desórden, i las violencias. Los fondos públicos, compuestos de una parte de las propiedades de los ciudadanos, i que solo se debian emplear en los objetos del beneficio público, en aquel caso no se destinan a otra cosa que al lujo, al vicio, i a los caprichos de un déspota inmoral i poderoso. La libertad entonces solo es para los viles aduladores del tirano, que quieren aprovecharse de sus desperdicios. La enerjía del pueblo se manifiesta en los semblantes tristes i angustiados; pero la debilidad se conoce en que todo el tiempo que debian emplear en sacudirse del yugo indigno que les abruma, lo consumen inútilmente en murmurar en los rincones de sus casas. Asi los unos se convienen con la esclavitud, i los otros se hacen sordos a los estimulos de la conciencia.

Para evitar estos desastres es necesario que la socie

dad tenga otras ideas de si misma. Es preciso que no creamos que el gobierno puede ser el patrimonio de una casa o de una familia, ni un bien mostrenco, que solo espera un dueño que se lo apropie. Debemos advertir, que todos los hombres que componemos el pueblo, tenemos igual' derecho a nuestra conservacion, a nuestra felicidad, i a nuestra fortuna : que si no respetamos estos derechos en nuestros semejantes, por el mismo hecho autorizamos al que nos quiera corresponder del mismo modo; i que si hai leyes i majistrados en los pueblos, solo es para conservar el órden, la seguridad, i la libertad de todos en jeneral, i cada uno en particular. Si alguno atacase estos objetos, debe mirarse como el mayor enemigo de la república, i por tanto todo ciudadano debiera contribuir al castigo, para que sirviese de escarmiento. El que ama el orden i la justicia, debe venerar la lei , i la lei no puede ser venerada, si no se ejecuta. Entonces todos los que contribuyen a la impunidad de los crímenes, concurren a agraviar al pueblo en el desprecio de las leyes. ¡Cuántos ejemplos de estos se pudieran citar en nuestros dias, en pueblos que aspiran a erijirse en repúblicas ! Seguramente llevan mui malos principios para componer una sociedad, en donde reine la paz i la juzticia. • No quiero que se miren los deberes del ciudadano por el lado del heroismo, ni pretendo que todos los republicanos tengan la delicadeza i grandeza de alma de aquellos jenios superiores , que nacieron para honor del jénero humano. Esto seria pedir un imposible.

Yo solo aspiro a que se ame el órden i la justicia por propia conveniencia, i que se dejen de cometer los abusos por los mismos males que ocasionan. El espíritu de partido no trae a los pueblos otras consecuencias que el desórden , la devastacion i la esclavitud; pero estos males no excluyen a los mismos partidarios , i por tanto todos deben evitarlos por no envolverse en la desgracia. Los partidos siempre comenzaron por las familias, se aumentaron por las relaciones de amistad i dependencia, i acabaron entre padres e hijos, i entre los hermanos mismos. Las ambicion jamas admitió un compañero, ni un igual: siempre fue sola, i siempre se elevó sobre las cabezas de cuantos le rodearon. Los mismos ambiciosos tuvieron siempre que arrepentirse de serlo, porque todo lo violento no puede ser durable. Los medios de que se valieron para llegar a ponerse sobre la lei i la justicia , nunca pueden presentarse lejítimos a los ojos de los pueblos: estos viven escandalizados i resentidos: el mas jeneroso i el mas vengativo obran de acuerdo para sacudirse del yugo ignominioso; tal vez aquel de quien menos se esperaba, es el ejecutor de la venganza. Todo el poder, toda la astucia del tirano no puede impedir que su, memoria sirva de escándalo, de oprobio, e indignacion a todas las edades, i a todos los hombres. Una vida llena de zozobras i de remordimientos, un fin trajico, i una memoria despreciable, he aquí las consecuencias de la ambicion. Piensen en esto los republicanos, i huirán de los partidos i de los proyectos ambiciosos: serán justos, jenerosos, i enemigos de la division. Estas mismas virtudes serán el fundamenfo de todas las demas, i en breve tiempo saldrán los héroes de donde antes solo podian salir tiranos miserables i hombres corrompidos.

De todas estas verdades, que hemos conocido por nuestra propia experiencia , resulta otra verdad de no menor importancia. Esta es, que solo la ilustracion pos

puede poner a cubierto de los males que dejamos referidos. Es necesario familiarizar en todas las clases del estado las ideas liberales, que sirven de fundamento al sistema de las repúblicas. Todo hombre debe conocer sus derechos para saberlos defender i conservar, i para obligarlo a tomar parte en todos los sucesos adversos o prósperos de la patria. Sin esto es mui frecuente la indiferencia de los pueblos, que como si nada les importase el bien ni el mal, dejan pasar sobre sus cabezas todas las desgracias, que evitarian, si conociesen su poder i sus obligaciones. La ignorancia de los pueblos solo es conveniente al interes de los tiranos; i por esto se empeñan en apartar de sus dominios todo lo que puede conducir a la ilustracion de sus esclavos; pero en las repúblicas, en donde no hai mas soberano quo el pueblo, i en donde solo éste debe juzgar de la felicidad o del peligro a que pueden conducirlo, es indispensable que conozca cuanto malo i bueno puede haber en las artes de los políticos.

En la administracion de las repúblicas no se debe dejar nada a la buena fé de los encargados de ella. La lei debe prevenirlo todo, i el pueblo debe velar sobre la conducta de los mandatarios, para impedir el abuso, que puede hacerse del poder. El hombre que sabe, que está mandando sobre un pueblo zelozo i advertido, conoce la necesidad de comportarse con moderacion i con justicia; asi como aquel, que nada temió del abandono i de la ignorancia de sus conciudadanos, pudo realizar sus proyectos 'ambiciosos sin oposicion i sin trabajo. El que es verdaderamente justo, no se siente de que observen sus acciones, pues solo aspira al servicio de la patria, i porque sabe que nada le notarán indigno de su cargo; pero

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